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Pucha, por Chibolera

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Ay chola, así como a algunos en las épocas prenavideñas se les da por el suicidio, a mí me vienen unas arrechuras absolutamente vulgares y no tengo manera de librarme más que con lo que ellas demandan, yo sé que tú me entiendes. Súmale a eso el que miles de amigas hayan entrado en esa onda de meterse con mocosos, hija, no sabes. Maridé de Osma, que ya debe tener setenta porque fue de las que salió a protestar contra la cancelación del concierto de Santana y ya en esa época parecía mi tía, bueno, anda con un chico de no más de veinticinco, cholita, un bombón. Se pasea con él por donde va y no tiene la menor vergüenza de salir en las fotos de Hola, Cosas y Ellos & Ellas junto a ese dios griego, que resalta su belleza al lado de la baronesa Potocka y de Cocoa Becerra, que a su costado parecen dos guardias sacrificados de la tumba del Señor de Sipán. Y nada digo de Maritú Tudela, te puedes morir. En el verano en Misterio cada vez que se aparecía su sobrino Borja –que es como para llevártelo una semana a una isla griega y devolverlo hecho chalona– pucha, a la vieja las costuras del último hilo ruso se le comenzaban a jetear, qué patético. Pero al poco tiempo, juá, comenzó a aparecer por aquí y por allá con el tal Borja y vieras cómo a la bruja le comenzaron a brillar los ojos. Entonces hija, como yo jamás seré menos que esas huachafas que son puro apellido pero en el fondo tienen alma de cafichas de media mampara, me puse a buscar en Internet esas páginas en las que te arman parejas. Encontré una bien caleta y puse mis datos: “Salamandra McBride, divorciada, cuarenta años, aficionada al origami y al Tarot de Marsella, quiere entablar una relación de amistad, que no descarte un escalón más, con algún hombre joven que no piense mucho pero que con una metraca de veinte centímetros me haga berrear como si me estuvieran llevando al matadero”. Hija, no sabes la de respuestas que llegaron, pero la mayoría de los postores tenían en las fotos unas pintas de cambistas que no elegí a ninguno, hasta que me llamó la atención un mensaje que venía sin foto y con una sola frase: “Yo soy”. Hija, tal síntesis, tanta abstracción solo podían venir de un ser inteligente, sensible y con algo de oriental porque todo el esquema parecía más bien un haiku de Basho Matsuo. Pucha, entusiasmadísima le contesté al instante y quedamos en encontrarnos en la San Antonio de Reducto, chola. Primer error porque fui casi disfrazada, con minifalda, leggins con la marca Perú en un muslo, chaquetita animal print, maquillaje tipo Amy y una peluca de color cucarachón más lentes charada, y en la mesa de la entrada quién crees que estaba…¡Maritú con Borja! Y ya me querían hacer sentar para presentarme a un hermano del joven, que es cinco años menor que él. Les dije que estaba apuradísima y me fui corriendo adentro y qué crees que me encuentro: a un joven, en efecto de inocultables rasgos japoneses pero con una cara de bruto que, chola, ni el teléfono público de la esquina. Y encima, como para hacerme la situación más fácil pensando que me encantan las navidades, se había puesto un gorro de Papá Noel con el pompón blanco cayéndole encima del párpado. Chola, el joven no me dio tiempo siquiera de darme la vuelta y salir corriendo, me agarró del brazo, me hizo sentar y de frente me dijo: “Hola, hay que apurarnos porque como ahorita indultan a mi api, ya no vamos a poder ir a mi casa para lo que tantas ganas tienes porque al viejo lo vamos a meter a su cuarto y él tiene oído de chuponeador y te va a escuchar cuando berrees como si te estuvieran llevando al matadero”. Hija, ya te puedes imaginar de la impresión cómo se me cayó el anteojo charada y se me corrió el rabo de chancho estilo Amy. Por supuesto que no pasó nada con el infracerebral ese que qué se habría creído, pero todo esto me ha servido para darme cuenta de que felizmente en la vida no todo es sexo, también está la plata. Regio, ¿no? ¡Felices Christmas! Chau, chau. (Rafo León)

 


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