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03/Nov/2011
 
 
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Entrevistas "En la U tuve problemas raciales por ser blanquito". Entrevista a G. Forsyth.

‘En la Lucha por la Vida Todos Somos Iguales’

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“Soy una persona sumamente ambiciosa, tengo muchas metas en la vida y cada día se suman más. En las cosas que me apasionan llego a ser muy perfeccionista”.

La vida trotamundos de un deportista, empresario y político en ciernes que confiesa: "En la U tuve problemas raciales por ser blanquito". Entrevista a insólita.

George Forsyth, portero del Alianza Lima, a sus 29 años ha recorrido el mundo. Me admira en él su tremenda madurez, ya que podría haber sido “un hijo de papá”, dada la carrera diplomática de su padre y la calidad, patricia en todo sentido, de su guapísima madre. Pero no. Él se siente joven, le divierte ser joven, tiene la alegría del joven aunque está luchando por la vida como si ésta le hubiera dado muchos campanazos de alerta. Exactamente esto es lo insólito, absolutamente insólito, que uno encuentra en él. Pienso que al alternar y concentrarse, en su irrestricta afición al fútbol, convivió con sus compañeros de equipo, procedentes en su inmensa mayoría de una extracción social baja, para así poder profesionalizarse. Y lo consiguió después de aguantar muchas envidias y malos tratos, que, lógicamente, surgieron en un principio. Se fusionó en el afecto con sus compañeros, compartió incluso navidades con ellos (su familia estaba fuera del país) y supo entonces que la vida no es un lecho de rosas y que todos los hombres nacemos iguales y servimos para lo mismo. Ahora, en el restaurante Costa Verde, acabo sabiendo realmente quién es y lo admiro por su esfuerzo constante por tener un futuro brillante y su gran ambición por perfeccionar las metas que busca en la vida. Véanlo por ustedes mismos.

–Hábleme de sus padres.
–Mis padres son: Harold Forsyth, actual embajador del Perú en Estados Unidos después de haberlo sido en China, y María Verónica Sommer, de nacionalidad alemana y nacida en Chile. Fue Miss Chile. Mi padre es peruano de ascendencia escocesa e italiana, y en este sentido tengo una gran mezcla de sangres y tres nacionalidades: la peruana, la alemana por parte de mi madre y la venezolana, pues nací en Venezuela, en Caracas, cuando mi padre, como diplomático, trabajaba allí. Hablo y escribo correctamente el alemán, el inglés y el español y entiendo perfectamente el italiano, ya que estuve con mis padres en Italia (cuando fue destinado mi padre allí como diplomático) y porque también me fichó como guardameta el equipo de fútbol Atalanta, de la primera división italiana.

–¿Cuándo llegó por primera vez a Lima?
–Volví a Lima cuando tenía 2 años. Mi padre había estado en Venezuela como Secretario de Embajada. Vivimos en Miraflores, en Benavides, muy cerca del Rancho. Iba al nido. Tengo 2 hermanos más que son mayores que yo, mi hermano Harold que es un año mayor y mi hermana Desirée mayor que yo cuatro años, búlgara de nacimiento (nacida allí por el destino que le dieron a mi padre).

–¿Recuerda algo de aquella época en el Perú?
–Sí, porque nos salvamos mi hermano Harold y yo de milagro. Él tenía 5 años y yo 4 cuando cogimos el Volkswagen de mi padre y lo pusimos en marcha, sin saber cómo. Atravesamos milagrosamente la pista llena de vehículos, nos metimos en un parque lleno de niños y lo atravesamos. Mi madre corrió mucho hasta que nos alcanzó, se metió y paró el carro. Los dos estábamos en el asiento de atrás porque acabamos allí por los tumbos del carro al atravesar veredas y setos del jardín. A los 5 años estuvimos en Canadá, donde destinaron a mi padre. Allí pasé el susto más grande de mi vida.

–¿Qué ocurrió?
–Íbamos en el carro mis padres, mi abuela paterna, mis hermanos y yo. Nevaba fuerte. La carretera estaba con una gruesa capa de hielo. En una bajada un camión que iba detrás sin cadenas frenó, resbaló y nos pegó un tremendo golpe. Mi abuela murió en el acto, mi madre se rompió casi todas las costillas y entró en coma (del cual salió), mi padre se rompió el brazo, mi hermana tuvo muchas contusiones y mi hermano y yo salimos ilesos aunque con moretones.

–Supongo que tendrá un pésimo recuerdo de Canadá.
–No. Tengo recuerdos muy gratos. Jugábamos. Éramos traviesos. Nos escapábamos de casa y nos metíamos en la casa de los vecinos. Una vez saltando encima de una claraboya en una casa se rompió y caí dentro desde 6 metros de altura y sólo me rompí la muñeca. El propietario, que era médico, me socorrió y me llevó al hospital. En Canadá dejaba la bicicleta tirada donde quería y jamás la perdí. Gran tranquilidad. Una época preciosa. Allí jugué mis primeras pichanguitas con mi hermano, mi padre y mis vecinos. También tapaba. Tenía 5 años. Estuve en el Kinder.

–¿Y a dónde fue después?
–De Canadá a Bonn, en Alemania. Sufrí de niño por tanto traslado, de forma que cuando conseguía tener amigos fijos tenía que dejarlos. Recuerdo que mi única diversión durante meses fue ver dibujos animados en la tele. Por ahí empecé a entender el alemán. Hoy lo hablo y lo escribo. Para mí el inglés es mi primera lengua, dado que es la primera que aprendí. A los 7 y 8 años tuve mi primer equipo de fútbol infantil, el Lannesdorf. Era delantero y arquero al mismo tiempo. Entre los 9, 10 y 11 años, en Alemania, ya no salí del arco. El equipo tenía preparador de arqueros, cosa inentendible aquí, que no haya preparadores de arquero hasta los 14 ó 15 años y con suerte, porque hasta hace poco no lo tenían muchos equipos de primera. Viajé por casi todo Europa con mis padres. Llegué a Perú a los 12 años y terminé primaria en el colegio Humboldt, donde también hice la secundaria.

–¿Cómo llegó al fútbol en el Perú?
–Todos los niños sueñan con eso. Yo también soñaba. Jugué en el equipo del colegio Humboldt y el entrenador era el chino Rivera, que luego fue bicampeón con el San Martín, pasó al Cristal y luego al Vallejo. Llegué al equipo de inferiores de la U y ahí tuve problemas raciales clarísimos por ser blanquito. Los entrenadores me pedían cosas: pagar parrilladas, indumentarias, favores y eso no va conmigo, eso era explotación. Tuve bastantes maltratos. Estuve año y medio jodido. Ese entrenador de la U (no digo su nombre) era un desgraciado, ya que no me ponía en el equipo titular y sin embargo me llamaron para la selección nacional sub-15. Y allí sí fui titular. Entonces me fichó el Alianza Lima para jugar en el equipo de menores. Tenía 14 años.

–¿Los grones también fueron racistas con usted?
–El Alianza Lima ha sido mi segunda familia. No hubo racismo conmigo, me recibieron superbién (sic). Con Alianza ganamos en menores todo lo habido y por haber durante 4 años consecutivos. Jugué en las selecciones sub-17, sub-20 y sub-23 y en la Nacional. También me ficharon para el Dortmund de Alemania (primera división) y para el Atalanta italiano (primera división también). En el 2006 fui elegido, a pesar de ser arquero, el mejor jugador del Perú.

–Al cruzarse el fútbol con sus estudios supongo que habrá tenido problemas. ¿No es así?
–Sí los he tenido, ya que al firmar contratos éstos me ataban al fútbol. Vivir en el extranjero, volver, irse nuevamente, volver. He hecho como he podido. En la UNI empecé a hacer Ingeniería Física y tuve que dejarlo. En la San Ignacio estudié un año de Ingeniería Informática y en la San Martín hice tres años de Ingeniería Industrial y se rompió por mis viajes a Alemania e Italia. El próximo año me matricularé en la EPE (cursos para empresarios) y terminaré en tres años Ingeniería Industrial.

–¿Algún momento difícil en su vida, aparte de la muerte de su abuela?
–Cuando jugaba en Italia en el Atalanta y estaba mejor que nunca en la copa Italia me rompí el menisco de la rodilla derecha y estuve dos meses sin jugar. Vino la rehabilitación y perdí la titularidad, ya que fui sustituido por Coppola, éste lo hizo bien y yo me jodí la temporada.

–¿Un momento exultante?
–El ir a Europa como arquero peruano es casi imposible, y yo fui dos veces, doble alegría. Pero mi mayor satisfacción futbolística es tener cuatro campeonatos nacionales con el Alianza Lima. Y ahora voy por el quinto.

–¿Qué le molesta actualmente en su vida?
–Siento la idiotez congénita de un sector de la prensa. No todos son así, pero lamentablemente la envidia corroe los corazones de muchos peruanos. Yo tengo una empresa, no falto a ningún entrenamiento. Jamás, desde que soy profesional adulto, he tenido ninguna reprimenda por mi vida personal. No hago escándalos y la prensa malintencionada me acusa de que trabajo demasiado para mi empresa, de que me concentro en eso y no en el fútbol. ¡Qué más pueden decir! Si no trabajara con seriedad fuera del fútbol dirían que no pienso en mi futuro ni en mi porvenir y que soy un huevón.

–Pero nadie puede hundir su creatividad ni su esfuerzo por intentar ser más brillante en la vida, considerando que el fútbol se acaba pronto.
–Y nadie se hace millonario aquí en el Perú con el fútbol.

–¿Por qué está tan mal el fútbol peruano?
–Lo más importante para un jugador es la educación y la alimentación que haya tenido en su niñez. Está mal el fútbol peruano en el aspecto clubes porque estos no se manejan como empresas, que es lo que hoy prima en el fútbol moderno y en el mundo en general.

–¿Presidentes del Perú que ha conocido? ¿Cuáles le han gustado?
–Fujimori no, lo último que le podía pasar al país. Valentín Paniagua sí, excelente transición a la democracia. Toledo sí, igual que Alan.

–¿Ollanta Humala?
–Yo desde pequeño he convivido con gente de muy buena posición socioeconómica, pero también he convivido con gente muy humilde, que me ha recibido con los brazos abiertos sin pedir nada a cambio. Cuando yo era juvenil he dormido muchas veces en pueblos jóvenes, ya que mis padres estaban fuera del país, y yo he pasado navidades enteras en casas extremadamente humildes de algún que otro gran amigo mío. Mis mejores amigos proceden de un entorno social bajo, y he aprendido que el principal problema del país es la diferencia de clases ya que el Perú, a mi juicio, está muy polarizado en este sentido.

–El primer beso de su vida.
–En Alemania, tenía 10 años. Las alemanitas son bien lanzadas. He conocido siempre chicas muy lindas.

–¿Su primer gran amor?
–Cuando tuve 24 años con una chica limeña, y esto duró dos años.

–¿Solamente un amor? Perdone, no me lo creo.
(Me mira con mucha sorna).
Mi capacidad de dar amor es infinita, y esto lo he sentido yo tanto que por justicia distributiva e inclusión social, he repartido mi amor al salir después de cada concentración semanal.

–Eso sí que es tener sentido del humor.
–¡Qué quiere usted que le diga! La prensa sensacionalista me ha vinculado en amores con todo tipo de mujeres, desde la congresista Luciana León hasta Karen Dejo, pasando por Viviana Rivasplata, Giselle Patrón y varias otras.

–A otra cosa, hábleme de política.
–Soy regidor de la Municipalidad de La Victoria. Entré en la política porque sentía que me correspondía ayudar a los demás

–Pero usted no vive en La Victoria.
–Trabajo hace 14 años diariamente en La Victoria, tanto por Alianza Lima como por mi trabajo textil en Gamarra.

–¿Qué piensa de su futuro en la política?
–Estoy iniciándome en ella. No sé qué será de mí más adelante, pero estoy seguro de que tendré una carrera política.

–Hablaba de textiles. ¿Es empresario textil?
–Hace dos años creé una marca de ropa masculina llamada G&F. Yo creaba los modelos. He progresado, tengo ahora dos tiendas y pienso empezar la línea para mujeres que sale ahorita, este mismo verano que se avecina. Espero expandirme a provincias y mi sueño futuro es exportar.

–¿Afición a las artes, música, pintura, literatura, etc.?
–Me encantan pero mi tiempo para cultivar toda afición artística es mínimo. Ahora estoy a punto de abrir un negocio relacionado con el deporte: un centro de preparación física integral absolutamente científica con fisioterapeutas, máquinas especializadas y rehabilitación médica con sus asesorías correspondientes.

–Analícese.
–Creo que soy persona sumamente ambiciosa, tengo muchas metas en la vida y cada día se suman más. En las cosas que me apasionan llego a ser muy perfeccionista. Cada día aprendo algo nuevo. Soy agradecido con mi familia por todo lo que me ha dado, especialmente mi madre que me dio las cosas más importantes en mi vida, como la educación. Como todo ser humano tengo muchos defectos. Por momentos puedo ser una persona muy cerrada. No me gusta discutir los problemas y menos los míos. Pienso que yo puedo solucionar todo solo, cuando siempre es bueno abrirse con los demás. Creo que mi mayor defecto es el creerme autosuficiente, pero por otro lado soy ansioso, tengo tantas ideas y proyectos en la cabeza y los quiero realizar todos al mismo tiempo. Debo darme cuenta de que para todo hay tiempo. En mi lado sentimental soy muy cerrado. Me cuesta mucho dejar que alguien entre a formar parte de mi vida.

–¿Un consejo a la juventud?
–La vida está llena de trabas y obstáculos y no discrimina a nadie. Hay momentos muy duros. Tienes que ver la luz en tu camino como un faro que te guía. No hay que desviarse de esa luz. La luz es el éxito y la felicidad es conseguir exactamente lo que tú quieres lograr. En la lucha por la vida todos somos iguales. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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