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Edición 2187

30/Jun/2011
 
 
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‘Ojalá Pues’

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Ay chola, tú sabes lo moderna y adaptable que yo soy y cómo he conseguido, pucha, variar mi posición, de haber apoyado a esa gorda cara de sartén de chifa que con su mafia iba a sacarnos del sistema de los países decentes, OTAN incluida, ahora estoy on line con Ollanta y Nadine hija, y no porque me muera por ellos (y menos por la first lady de coditos puntiagudos, que además se ha hecho íntima de la bruja colorada que de mí dijo alguna vez, esa debe moguig, ¿te acuerdas?). No, lo que pasa es que si nosotros sabemos centrar bien al cachaco, pucha, olvídate, tenemos pita para rato, y a mi comandante parece gustarle bastante el desenfadado envite de la facecia, algo que solo yo y Borges entendemos. Ahora, te imaginarás que en esto no estoy demasiado acompañada por mi grupo de amigos, y menos por las brutas de mis íntimas, que si han aprendido a jugar buraco es porque de chicas les dieron harto aceite de hígado de bacalao de Noruega, porque si no, pucha, de sumar dos cifras no habrían pasado, y con los dedos. La cosa es que cada vez que me reúno con gente, pucha, en cócteles, embajadas, comidas, que los hay en cantidad directamente proporcional al resurgimiento de los títulos nobiliarios en Lima (y si no, pucha, chequea Sociales de El Comercio), me ocurre la misma historia, que te la paso a resumir. Llego yo, siempre un poco tarde, sola y regia, porque debo decirte que mis clases de meditación con el swami Cachaparada me están reduciendo años como en un viaje al pasado, no sabes. Bueno, todos me miran con deseo y todas, con envidia. Yo, llena de nonchalance, pido una cava y digo que estoy agotada. Y a los cinco minutos, ya se está hablando de política, que cuando se le acaben las reservas del BCR al cachaco es que les van a quitar a los hijos y nietos para mandarlos a trabajar a la zafra, que ya están listos los planos para dividir sus casas –incluyendo las de Totoras– para meter camionadas de cholos a convivir como en Cuba y Venezuela, que en lugar de toallas higiénicas van a tener que usar el wetex de la cocina (¡ellas, que ya pasaron la menopausia hace un lustro!); en fin, qué te puedo decir. Yo al comienzo me hago la mensa y sigo tomando cava y mandándole besitos volados al esposo de la embajadora de Francia, ¡que me encaaaaaanta! Pero mis amigas dale que dale con la matraca hasta que ya pues, tampoco tampoco, y comienzo yo, como cuando era jefe de prácticas del curso de Realidad Nacional en Letras y tenía que explicarles a los cachimbos que la diferencia entre oligarquía y burguesía estaba en la fórmula Tudela vs. Añaños, les mando una filípica contundente sobre lo imposible que le va a resultar a Chiricuto Humala volverse un Evo cualquiera por la simple razón de que nosotros lo estamos alejando de sus reservistas y de sus ideologías adefesieras, como cuando a Sánchez Cerro le pusieron de profesora de inglés a mi tía María Luisa Tudela de la Puente y Lavalle de Orleans, y un día que el Mocho recibió al embajador de Estados Unidos lo invitó a sentarse así: between no more and drink a chair, ¿te puedes imaginar? Bueno, mientras doy mi perorata, pucha, a todas los ojos se les empiezan a desorbitar, como diciendo: ‘¿qué hará esta para ser tan culta y a la vez mantenerse regia? La cosa es que terminada mi explicación, que no deja lugar a dudas, pucha, cada una a su turno lo único que termina diciendo es ‘ojalá pues’. Mira, me pasó la primera vez y me quedé intrigada, ‘ojalá pues’. La segunda ya me comenzó a caer un poco mal, la tercera yo estaba borrrachísima y ni cuenta pero la cuarta, que fue ayer en una comida donde la baronesa María Caro Széchényi de Ayaypoma, el ‘ojalá pues’ ya me llegó al pincho que no tengo. Las cuadré entonces a todas y les dije: ‘hijas, ojalá pues…qué, ah?’. Pucha, se miraron todas entre ellas, se quedaron mudas hasta que Maripí Pinillos, vocera de las buraco girls, respondió oficialmente, ‘ojalá pues’. Qué rara es Lima, ¿no? Bueno, pero igual, regio. Chau, chau. (Rafo León)

 


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