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Edición 2184

09/Jun/2011
 
 
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Cholita, tú Tranqui Nomás

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Ay hija, nunca en esta vida debes guiarte por lo predecible, sobre todo en el Perú donde quien menos puja caga un piano. Te explico. El domingo estábamos donde Marilá Larco esperando los resultados de las elecciones, y como te podrás imaginar, o sea, ya todo el mundo sabía los resultados por las encuestas de la prensa extranjera, es que para la ONPE somos unos discapacitados con exceso cromosómico XX+21 o 47 XY, y por eso no debemos enterarnos de lo que ya sabemos. Bueno, como ahí estaba Jordi, comenzamos en fila a pedirle nos rediseñe nuestros depas y las casas de playa para compartirlas con las otras familias que El Castrense Inhumano nos va a endilgar en su visión de interés social. Bien prácticas nosotras, chola, porque decidimos que si eso iba a ocurrir de todas maneras, pucha, al menos que quede bonito y regio, a mí en Totoras, Jordi me dejaba el deck y la cocina, ahí yo perfectamente me puedo acomodar porque además, o sea, como no va a haber nada importado, pucha cuatro lechugas, una bacinica y un catre sin sábanas caben perfectamente en ese espacio, pero nadie me quita la vista al mar. Mientras tanto los mamones de los maridos se jalaban hasta las líneas de Nazca y blackberry aquí, celular allá, pucha, ya armaban la resistencia anunciando que se retiraban las mineras, las petroleras, las extractoras, procesadoras y transportadoras de gas, Saga y Ripley, los bancos (solo quedarían el de la Nación y la Caja Rural de Sullana), que la Bolsa de Lima era absorbida por la de la República del Congo, que el riesgo país nos ponía sobre Zambia pero solo por orden alfabético. Hija, a las cuatro cuando dieron el conteo rápido, ya todas teníamos los planos de nuestras nuevas viviendas, que si bien nos pasaban a la categoría de Unidad Vecinal al menos el asunto estaba planificado. En cambio, cómo te explico, Pocotón, Luchón, Jóse, los hermanos De la Piedra, los machos Alpha eran un amasijo atroz de temblores, convulsiones y muecas. Pero bueno, me fui a mi casa, lloré todo el camino a los gritos, no sabes. Me tiré en la cama y seguí llorando y las lágrimas empezaron a caer sobre la kilim, chola, que me costó un ovario pero qué importaba, todo era la noche negra. Y de pronto, suenan a la vez el Blackberry, el celular y el fijo. De tin marín. Primera llamada: Siomi Lerner in person a ofrecerme la Cancillería (“doctora, es una orden del comandante… perdón, es una sugerencia del señor presidente. La espera en su cuartel, perdón, en el local situado en xxx”). Pas mal, pensé, habrá nomás que hacer fumigar las oficinas de Torre Tagle, que siguen teniendo las mismas pulgas que en la época del marqués. Ya estaba dibujando el sastre negro para la juramentación cuando insiste el teléfono fijo: un primo hermano que no te puedo decir quién es: “China, no puedes negarte, tu padre es un Tudela Miró Quesada y tu madre, una Loveday García Miró, no puedes negarte”. No dije nada más que “lo pensaré”, pero ya me veías con una mano terminando el diseño del sastre negro y con la otra, empezando el de un camisero con cuello doble que vi en una pasarela de Kabukawa en París que te puedes morir, y así embutida en esa discretísima seda con lanilla, saludar a todos los periodistas que desde ese momento quedarían a mi disposición, ahí en el ingreso donde está la farola gigante. Chola, en eso vuelve a sonar el tercer teléfono, Ismael. “Mañana mismo tienes que venir a la hacienda de Pisco donde vamos a estar todos para afinar la estrategia. Tu tarea, organizar piquetes de rumoristas para que en todos los cafés y restaurantes de Lima no se hable de otra cosa que del secuestro de los hijos menores de cinco años para que jueguen con el hijo de Nadine”. Hija, no sé cómo pero me atreví a contestarle, “regio Ismael pero como aspiramos a una economía de mercado, ¿cuánto me vas a pagar?”. Chola, no vas a creer lo que me contestó: “Traidora, siempre sospeché que eras humalista”. ¡Y me tiró el teléfono! Pero bueno, para que veas que no todo está perdido, regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

 


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