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Edición 2182

26/May/2011
 
 
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Hija, Casi Fui la Moderadora

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Yo ya lo veía venir, cholita, era de obvio como cuando le encargas un biombo a un chino y te traerá un biombo chino: me llamaron a proponerme (por no decir a rogarme) que sea la moderadora del debate entre mi Siu May Líder de la Libertad y el Cholo Resentido Cavernícola, y me lo proponían porque, chola, una cosa que no debemos perder como nación es la objetividad periodística que estamos manteniendo hasta ahora, qué tal madurez, aun en pleno riesgo de volver a la época en la que cuando te venía la regla (“Pepe Flores”, le decíamos en Villa María), tenías que ponerte lo único que había en la botica en tiempos del Chi Cho Chu Velasco, una especie de almohadón de abuelita que te armaba un paquete tipo actor porno afro africano (¿así se tendrá que decir políticamente correcto?), que olía a tópico de posta de pueblo joven y que cuando caminabas sonaba como si estuvieras abriendo y cerrando la puerta del aparador, qué horror. Pero bueno, al comienzo dudé, ay qué me pongo, cómo saldré en televisión ahora que con el antidepresivo he subido medio kilo, y todo para que después en las tardes de burako donde Maripí me hagan leña. Hasta que me llamó Jorge… ¿quién?... Jorge pues, chola, inteligencia en acción, y me invitó a comer al Valentino, “China, no nos hagamos los populistas, tú y yo somos de los clásicos de a verdad, a qué exponernos a esas mariconadas de comida gourmet”, me dijo y solo yo de imaginarme una cena con Inteligencia me quedé dormida manejando en Camino Real y casi me llevo la réplica de la piedra de Saywite que puso Miguelón Cruchaga, no sabes; pero, chola, el deber es primero, así que vestidito negro, tres martini dry escuchando a Mahler y bueno, ya estaba lista para salir con Inteligencia, que dicho sea de paso, está más feo que un domingo por la tarde en la pobreza. Te ahorro el cuento, la cosa es que frente a unos escargots orgásmicos, recibí el siguiente mensaje de Chanchulina Maravillosa, interpósita Muerto Viviente Trelles: China, es nuestra oportunidad para arrasar el 5 de junio, de ti depende, y si aceptas y la hacemos, te doy la embajada de Perú en París. Bueno, pasé el escargot, me clavé un largo sorbo de Merlot San Miriam 1875 y dije oui!, cómo estaría de entusiasmada. Entonces inteligencia me comenzó a dictar ciertas reglas que yo debía cumplir para que mi papel fuera impecable y yo termine reconocida por los observadores de la OEA y Transparencia Internacional como La Moderadora de la Década, con viaje a Washington y condecoración de Bill Clinton. Bueno, me explicó que ya habían arreglado lo del monitor que mide el tiempo de cada orador, para que las intervenciones de Puerquita de Primer Mundo duraran el doble de las del Cobrizo Insurrecto, y que si alguien protestaba, yo respondiera así: “se trata de una ilusión auditiva, la candidata habla con mayor serenidad y sustento que ese robot acostumbrado a recibir y a dar órdenes, prosigamos”. Regio, elegantísimo. La otra cosa era el fraseo que tenía que usar. Por ejemplo, cada vez que uno de los dos contendores dijera algo así, o sea, medio sorpresivo, yo tenía que hacerme la que perdía la ecuanimidad y soltar un ¡Madre Mía!, bien pero bien marcado. Igual, simular que por los nervios se me confundían las palabras y por ejemplo, en vez de decir “su turno, comandante Humala”, soltar un “Andahuaylazo, comandante Humala, ay perdón, su turno”. Igual para las partes de Jamoncito Esperanzador, en vez de candidata, decirle Su Excelencia y cerrar el debate mandándole saludos a las familias de ambos, con una fórmula así: “familiares como los de ustedes, que por la nefasta y guaj trayectoria de nuestros jueces febles del Poder Judicial, pucha, están injustamente inculpados, aunque en algunos casos sí la achuntaron, como el del joven horrendo de Piedras Gordas, que no voy a decir su nombre porque me manda a los reservistas y me hacen pelota”. Regio, te lo juro. Todo listo y qué crees, me vino otra vez la trombosis en la pierna derecha y me han mandado cama tres semanas. Maniobra del humalismo, qué duda cabe. Bueno, para la próxima. Chau, chau. (Rafo León)

 


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