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14/Abr/2011
 
 
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¿Soltera?, ¿casada?, ¿habrá segunda vuelta en su relación con Aldo Miyashiro? Lo cierto es que todavía no se ha divorciado y afirma que aún hay cariño de por medio. La actriz se presenta en la obra teatral ‘La tía de Carlos’, en el Teatro Peruano Japones.

Érika Villalobos: Amor en el Aire

6 imágenes disponibles FOTOS 

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En septiembre de 2010 una noticia cayó como balde de agua fría en el mundo del espectáculo. El popular productor y conductor de televisión, Aldo Miyashiro, anunciaba en su programa ‘Enemigos públicos’, en vivo y con voz entrecortada, que desde hacía un mes ya no vivía con su esposa, la actriz y cantante Érika Villalobos. No era una estrategia de marketing, era la pura verdad. La pareja, que tenía seis años de matrimonio y dos hijos, había decidido, como dicen, darse un break.

Para los psicólogos de parejas, la estrategia de dejar de verse y convivir por un tiempo determinado, funciona siempre y cuando subsista cariño de por medio. Ese tiempo, dicen, debería usarse para reflexionar sobre los errores cometidos. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, las parejas retoman la relación.

Sucede que cuando Érika (36) y Aldo (35) se casaron, allá por 2005, casi ni se conocían. Apenas llevaban unos meses de enamorados, y la actriz salió embarazada. No se sabe si habrá divorcio, y ella, al menos, no lo asegura en esta entrevista. Y él, con cara de carnero degollado, ha dicho “Erika es la mujer de mi vida”. Nos reunimos con ella tras algunos intentos infructuosos y vaya que valió la pena. La actriz habló sobre su situación sentimental con el corazón en la mano.

—¿Érika, por fin tienes tiempo?
—Sí, para lo que quieras. Pero eso sí, al terminar la entrevista me voy a dormir toda la tarde, porque estoy cansadísima.

—¿Cansada? ¡pero si son las 11:00 am!
—Es que estamos preparando la obra ‘La tía de Carlos’ y para coincidir, todos los actores ensayamos de noche, hasta bien tarde, por eso ahora estoy cansadísima. Para colmo, mi hija Fernanda, de año y cinco meses, está enferma. No puede dormir, se pone a llorar y me mantiene en vela toda la madrugada.

—¿Nadie te da una mano?
—Siempre cuento con la ayuda de mis nanas, que también cuidan a Mikael, de cinco años y medio. Son perfectas, son parte de la familia. Pero ya sabes, cuando un hijo se enferma quiere a su madre.

—¿Cómo haces para estar con ellos?
—Me preocupo en darles cantidad de tiempo. ¿Cómo? No estoy escogiendo trabajos que me ocupen demasiado tiempo. Ahora sé escoger mi chamba, y puedo darme el lujo de hacerlo porque ya tengo años, práctica, y soy buena actriz. Lo que más quiero es hacer teatro, conocer a nuevos directores. Ya no hago series o telenovelas. En ‘América kids, la academia’ trabajo jueves y viernes en la tarde y punto. En resumen, tengo más tiempo.

—Tú eres actriz y Aldo es actor. ¿Quisieras que tus hijos se dediquen a la actuación?
—La verdad es que es muy difícil. Si el Perú fuera como Brasil, con una industria televisiva donde solo necesites ser bueno para triunfar, yo motivaría a mi hijo a que fuera actor, pero no es así.

—¿Qué opinas de los artistas que van a ingresar al Congreso de la República?
—A mí también me provocaría, pero soy muy sensible y la política es muy dura. Yo me la pasaría llorando todos los días tratando de luchar por mis ideales, porque llegaría a trabajar para que el país de mis hijos sea mejor. Pero la política está llena de mentiras, de engaños, de poses, hay que tener el alma fría, y yo no la tengo.

—¿Eres muy sensible?
—Soy recontra, recontra sensible, pero también muy fuerte. Sufro por algunos pequeños detalles de la vida; detalles que otros no ven mal, a mí me hacen sufrir.

—¿Qué te hace sufrir?
—Por ejemplo, que tu pareja no preste atención a cosas que le dijiste, que no te dé un cariño en la cabeza o te diga un “te quiero” o “qué linda estás” cuando tú lo esperas, eso me hace sufrir.
—…
—Después aprendes que esas cosas no pueden ser motivo de pelea en una pareja, pero la verdad es que para mí son fundamentales, esas cosas tienen que estar en la relación.

—Te entiendo, la mayoría de los hombres no son así…
—Ellos son diferentes a nosotras, no le dan importancia a esto. Pero la solución es llegar a un acuerdo donde ellos se preocupen más en ese tema, y nosotras nos preocupemos menos. Ellos tienen que saber que a nosotras nos gustan esos detalles, pero tampoco podemos pasarnos la vida diciéndoles: “¡Oye, hazme cariño!”.

—Por eso ocurren algunas infidelidades…
—Sí, porque las parejas ya no se tocan, ya no se miran… entonces suele suceder que esa llamita la encuentras en otra persona. Creo que los seres humanos somos infieles por naturaleza, somos de la vida, pero claro, si haces un contrato interno de fidelidad, debes cumplirlo.

—¿Él te fue infiel?
—No. Yo nunca fui de esas esposas que no dejan respirar a su marido y terminan convirtiéndose en el ogro.

—¿El ogro, tú? Tú más bien fuiste “la policía”…
—Sí, fui “la policía” porque a Aldo a veces se le olvidaba que ya no seguía siendo soltero.

—Pero siempre se dieron sus espacios, ¿no?
—Claro. Yo podía salir en cualquier momento, él podía salir en cualquier momento a tomarse unos tragos con los amigos. Hemos tenido espacios solos, miles, por el contrario, creo que lo que nos faltó fueron los espacios juntos. Ese fue nuestro problema, jajaja.

—¿No salían juntos?
—Sí, pero más que todo en familia. Hace poco cumplimos seis años de casados y sin querer salimos todos, con los cuatro niños, los dos nuestros más los dos hijos de Aldo, que para mí son como mis segundos hijitos.

—¿Tú has sido infiel?
—No, pero a veces provoca serlo.

—¿Qué hiciste al día siguiente de la separación? ¿Te costó dormir sola?
—No, porque por lo general siempre estuve en la cama sola. Aldo es noctámbulo y casi no coincidíamos en la cama. A veces él se quedaba en el cuarto del televisor dando vueltas como un fantasma, y recién se dormía cuando llegaba el día. Entonces muchas veces no dormíamos juntos, por eso no me chocó la ausencia en ese aspecto.

—¿Tendrías más hijos?
—Solo si estoy con otra persona y esa persona me lo pide. Sí, ¿por qué no?, si hago otra vida sí me gustaría. Con Aldo ya no.

—¿Después de la separación empezaste a hacer cosas que antes no hacías?
—Te entran ganas de irte a juerguear, de salir con los amigos, con esos amigos hombres que antes no podían ir más allá (en el buen sentido) porque estaba casada. Salir sin darle explicaciones a nadie es muy bonito, es libertad.

—¿Te entraron ganas de verte más bonita?
—Sí, claro. Además los hombres ya saben que estás soltera y empiezan a mirarte más, y eso hace que te sientas más linda y por ende que te veas más linda.

—¡Qué bien suena eso!
—Sí, es lindo sentir eso. Que te empiecen a decir que eres linda, cuando tu esposo, por tantos años de casado, ya no te lo decía, te hace sentir linda, atractiva.

—Tienes ocho meses de haberte separado de tu esposo, ¿sigues juergueando?
—No, ya no. Eso es al comienzo, después ya te tranquilizas, recuerda que tengo dos hijos.

—¿Estás sola?
—Sí.

—¿Le cierras las puertas al amor?
—No, jamás, ninguna chica debe hacerlo. Sé que me voy a enamorar y que igual seguiré sufriendo porque así es el amor.

—¿Cómo eres cuando te enamoras?
—Soy muy cariñosa. Me gusta que él se sienta bien, sin importarme dónde estemos. Nunca he hecho nada por amor de lo que luego me haya arrepentido. Una vez a un enamorado se le acabó la gasolina en Punta Hermosa y yo fui desde Lima en micro, llevándole un galón de gasolina.

—¿Cómo es tu hombre ideal?
—Es una persona buena, que se preocupa por lo que les pasa a los demás. Tiene que gustarle estar en familia. Tiene que valorar el sentido del humor. Que no le de vergüenza hacer locuritas en la calle, de esas que no necesitan hacerse con plata sino con amor. Me encantan los hombres graciosos.

—¿Estás describiendo a Aldo?
—Aldo es gracioso, tiene buen timing para la comedia, pero en su vida cotidiana no es muy gracioso que digamos, no está bromeando siempre. Es un buen ser humano, demuestra su amor haciendo más que diciendo. Cuando no duerme está pensando qué hacer para ayudar a sus amigos o a su familia. Se preocupa por todos. El significado de la amistad tiene un valor muy profundo para él.

—¿Cómo se conocieron ustedes dos?
Todo empezó muy rápido. Cuando lo conocí al poco tiempo salí embarazada y empecé a conocerlo ya en el ruedo, y ahí empecé a darme cuenta cómo era, con sus defectos y virtudes.

—Si no hubieras salido embarazada, ¿hubieras terminado la relación?
—No me preguntes eso. No lo sé, si lo hubiera hecho quizá me hubiera perdido la posibilidad de conocerlo mejor y entenderlo.

—Y ahora que ya lo entiendes, ¿cómo es él?
—Es una persona que durante estos últimos seis años ha estado esforzándose por ser diferente para complacerme. De eso me di cuenta con el tiempo. Lo valoro mucho porque ahora que hay tantos divorcios, sé que él no es cobarde y que podría seguir esforzándose.

—¿Por qué no regresan?
—Sé que él me quiere, pero pensamos diferente, por eso no podemos estar juntos. Y es que el amor no es la palabra clave en el matrimonio, es la tolerancia.

—¿No tienes celos de que conozca a alguien?
—No. Él no es un tipo “toquetero”. Pero si conoce a alguien o sale con alguien, solo espero no enterarme porque va a ser doloroso. Me imagino que en estos ocho meses debe haber tenido un “choque y fuga”, ¿por qué no? En todo caso, no quiero enterarme.

—¿Tú has estado con alguien?
—Dejémoslo ahí.

—Aún no se han divorciado.
—No, todavía, y no sé si lo haremos. No sabes todo lo que hemos hecho por rescatar el matrimonio… hasta lo imposible. Y creo que por eso, estamos en la separación de cuerpos.

—¿Entonces esto es para un volver?
—No, no lo sabemos. Es que así estamos muy bien, me da miedo volver porque podemos regresar a esa relación fea del pasado. No nos arrepentimos de estar separados.

—¿Cómo te ves de acá a diez años?
—Me veo con una empresa para no depender de la actuación, pero también me veo haciendo teatro, cantando, viviendo con mis hijos. ¿Qué me falta para ser feliz? Una familia feliz, como las de las fotografías, de esas que van a la playa cantando en el carro. Esas son cosas que no he tenido (llora). ¿Ya ves?, ¡por eso no doy entrevistas, porque me pongo a llorar! Creo que me choqué con una persona muy buena, pero no con mi persona ideal.

—¿Te asustaría estar sola de acá a unos años?
—La verdad ahora, mientras estoy joven, no me asusta la posibilidad de estar sola. Salgo con mis hijos, con mi familia, con mis amigos. Pero eso sí, no quiero llegar a la vejez sola. Yo quiero envejecer junto a alguien, viendo televisión de la mano, tapados con nuestras mantitas.

—¿Te gustaría que ese viejito sea Aldo?
—Sí, me gustaría. Pero no sé si llegará a serlo, porque quizá me deje viendo tele sola, porque él se habrá quedado dormido. (Entrevista: Estefanny Jackson Fotos: Juanjo Calvo)

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