jueves 18 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2162

30/Dic/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Imágenes 2010VER
Acceso libre Resistencia 2010VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre Vida ModernaVER
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre ArteVER
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

El Misterio de la Poesía

Poesía Aymara

 PDF 

2161-misterio-1-c

El alma de una cultura milenaria.

Me lo imagino bajando de un ómnibus en medio de la nada, para dirigirse a pie, en un viaje de largos kilómetros a través del páramo, a la escuela de la comunidad donde impartía sus enseñanzas. Esta fue durante muchos años la vida del gran poeta puneño Efraín Miranda (1925). Maestro de profesión, supo volcar en su poesía los acentos del lenguaje y el espíritu aymara, captando las manifestaciones de una cultura milenaria que a pesar de los siglos de estar silenciada todavía persiste y se mantiene vigente.

Miranda fue siempre un solitario, al margen de los ambientes literarios y reacio a entrevistas y homenajes. De su libro “Choza” (1978), el más hermoso entre los que publicó, es el poema que sigue:

Traigo leña a mi choza
y la leña no arde.
La gallina anida
los ovales días;
pica los cascarones
y los pollitos, ni pío.
Compro coca dulce
y mi mujer se enoja
gritando que es la más amarga
la escupe hacia las alturas del
trueno.

Meto las manos a una madriguera
para atrapar culebras;
y sale un halcón; por poco
no se lleva mi ojo.
Fracturamos rocas a combo y
barreno;
se desprende una redonda

y por un aliento no me astilla los
fémures.
Llevo las ropas sucias para lavar
y el río se seca.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista