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30/Dic/2010
 
 
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Odisea Cumbia 3000, de Los Chapillacs.

Cuando haya que elegir entre el cáncer, el sida, la gripe AH1N1 y la sífilis se recordará el 2010 como el año de las oportunidades perdidas. Política y culturalmente hablando. Porque –como con los multicines– la diversidad de canales de exposición crece de forma inversamente proporcional a la oferta musical. El éxito del año –“No juegues con el diablo”, de Compay Quinto, grabado por Bareto– es significativo: el futuro es desempolvar el pasado. Como un disco, avanzamos en círculos.

Llegaron más radios de cumbia norteña, pero murió Oxígeno y Telestéreo se redujo a internet. El pop se refugió en el cable (Jammin’ Sessions) y la red (sargentopimienta.com.pe). Landó por Bulerías, de nuestro músico talentoso más constante, Miki González, sacó la cara por un año tan prolífico como monótono. Regresó El Aire, debutó Pilotocopiloto, apareció el folclor indie de Chico Unicornio y el notable Más allá del sol poniente, de Don Juan Matus. En las fronteras de la chicha hubo más efervescencia. Suena Calle, de Barrio Calavera, pero sobre todo Odisea Cumbia 3000, de Los Chapillacs. Un siete colores –o siete sonidos– que rescata a Enrique Delgado y desfujimoriza, por fin, la cumbia eléctrica. Una pena que luego Los Chapillacs se prestaran a apoyar el irregular Metropolitano de Castañeda. Feliz año y buen verano electoral. (CC)

 


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