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25/Nov/2010
 
 
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La Muerte en Este Jardín

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Espléndida muestra a cargo de Patricia Bueno en Vértice.

Esta película de Buñuel tiene un especial significado para mí, pues mientras la veía tranquilamente en el antiguo cine Western de Lince, mi madre moría intempestivamente en esta ciudad jardín.

Desde ese entonces la muerte se presenta asociada a mi memoria con patios y jardines, mausoleos y objetos para mantener viva la memoria, porque, como me enseñó Haneke, solo terminamos de morir cuando no queden vestigios de nuestro paso por este mundo.

Reflexiono en torno a la muerte a partir de la muestra “Avería de lo cotidiano” de Patricia Bueno, que se inicia con unas frases de Rilke “Estamos solo con lo desconocido, que ha entrado a nosotros, porque nos hallamos en medio de un tránsito, donde no podemos permanecer”. La cita es clave para ubicarnos al interior de este espacio fúnebre de características góticas en un video hecho a base de susurros y silencios.

Los cincos minutos de duración nos ubican al interior de una especie de mausoleo habitado por una niña y una anciana –¿son dos personas o una sóla desdoblada como en Aura, de Carlos Fuentes?– que hacen que la propuesta de Bueno se aproxime al cine de género que podríamos llamar de miedo, más que de terror. De ese miedo que horada y permanece con nosotros sin producir la catarsis del grito que pudiera ocasionar el gore.

Hay que destacar la notable evolución de la artista con relación a su propuesta anterior. “Tuyo es el reino”. Era una clase magistral de nuestra decadencia burguesa que le mereció ser exhibida en la Bienal de Venecia y en numerosos certámenes internacionales. Pero ocurre que en estos tres últimos años Bueno ha trabajado activamente en cine y lo obtenido evidencia todo lo que ha aprehendido.

Por ejemplo, cada plano tiene su exacta duración, la edición opta por disolvencias a veces deliberadamente lentas para de esta manera aletargarnos en un espacio onírico que se podría transformar en pesadilla. A estas virtudes podemos añadir la música que acentúa las pulsiones tanáticas y complementa a la perfección el ritmo impuesto. Por su parte encuadres y tomas son de una brillante inteligencia que demuestra cómo a través de distintos planos en diferentes tiempos se puede narrar una historia tan inasible y de tanta complejidad.

Finalmente son los personajes principales los que permiten que la historia tome forma, como ocurre con la anciana envuelta en encajes negros y un vestido en forma de pavo real (símbolo de inmortalidad) que está condenada a jalar durante la eternidad esa lámpara de cristales que está sobre su cola. La seducción la eferce Fátima Buntinx Torres, una niña que –sólo como Ana Torrent en “El espíritu de la Colmena”– ha podido expresar con tanto candor lo perverso. Por eso cuando ella se sienta con un libro entre las manos y vemos que borra la cara a una imagen similar a la de ella es imposible evitar el estremecimiento y reconocer que estamos en un mundo de fantasmas donde “hablan las paredes… tengo miedo”.

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El segundo video, en apariencia es radicalmente distinto del primero por su tono más bien testimonial, pero en realidad ambos nos hablan del hecho de vivir y el ineludible enfrentamiento con la muerte. Aquí el tratamiento visual es radicalmente distinto, entramos al mundo de lo popular, de colores saturados y declaraciones gemidas sin susurros. Margarita Díaz Torres se prepara a partir al extranjero para olvidar la muerte de su joven hija Yackeline. Tomas muy largas con cámara inmóvil se alternan con videos que registran la fiesta y el entierro. Y al contraponer los dos videos no solo hay un enfrentamiento de clases sino una lectura mucho más rica de donde surgen infinitos cuestionamientos. ¿Yackeline es una versión de Fátima Buntinx? ¿Margarita es la anciana ubicada en otro mundo? Son tan diferentes ambas piezas y a la vez se interrelacionan tanto en la mente del espectador que solo al final –si lo logra– tendrá la capacidad de comprenderlo. No es función del arte dar certezas sino crear dudas como las que Bueno elabora. Sin embargo al margen de estas especulaciones lo que la artista se ha preocupado en crear a cada cual es su propio infierno. ¿En cuál otro sitio se pudieran ubicar?

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La muestra se completa con espléndidas fotografías de los personajes del primer video y con dos pequeños mausoleos acompañados de una caja con un video de formato menor. Son dos piezas para cada historia. Hay además dos cuadros de diferentes encajes que sirven de respaldo a una silla negra, a modo de antesala a un funeral, que constituye una de las muestras más logradas que haya visto en Lima.(Luis E. Lama)

 


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