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Urbanismo El emblemático Malecón Grau de Chorrillos se ha convertido en uno de los símbolos perversos de las barreras que la electa alcaldesa de Lima, Susana Villarán, enfrentará en cuanto asuma el cargo el 1 de enero.

Susana Derribará la Barrera

5 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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La alcaldesa electa Susana Villarán contemplando el mar de Chorrillos. Asegura que Lima Metropolitana impondrá su autoridad para recuperar el otrora espléndido escenario.

La alcaldesa Susana Villarán camina indignada frente al muro de los lamentos en el que se ha convertido el Malecón Grau de Chorrillos. Detrás de la inverosímil tapia, el mar. Villarán desanda la cuadra en busca de un respiro. Encuentra un agujero y atisba por él: ante su perpleja mirada, la espléndida bahía de Lima.

Villarán ha anunciado que la rehabilitación de la Costa Verde va a ser una de las primeras prioridades de su gestión que arranca el 1 de enero. Y la tarea va a arrancar en Chorrrillos, en el Muelle de Pescadores, transformándolo en una mini–rambla agradable y sanitaria con el auspicio de Gastón Acurio. “El Malecón Grau es parte de la Costa Verde”, enfatiza Villarán. El muladar en el que lo ha convertido el alcalde reelecto de Chorrillos, Augusto Miyashiro, es una prueba de los múltiples desafíos que aguardan a Villarán en la administración de la comuna y en la relación con los alcaldes distritales.

Admítase que el entronizado burgomaestre chorrillano es uno de los más tercos del barrio. La obra está paralizada desde hace un trimestre debido a un pertinente recurso de amparo interpuesto por vecinos chorrillanos. El juez ha sentenciado que el alcalde repare los daños causados, que son monumentales. Sin embargo, Miyashiro ha apelado, y en esas estamos, a medida que se acerca el verano, de espaldas al mar, de cara a la necesidad. Miyashiro pertenece a la Autoridad Autónoma de la Costa Verde que preside Lima Metropolitana, y que debiera adoptar sus decisiones por consenso. Pero éste, que ya lleva 12 años en el poder, no solo no asiste, sino que hace lo que le da la gana. Será un hueso duro de roer. Pronto se conocerá del poder de persuasión y autoridad de la nueva Lima Metropolitana.

Para el concejal reelecto Rafael García, “la Autoridad Autónoma de la Costa Verde la preside la Municipalidad de Lima, pero en realidad no es dueña de nada. Los dueños del territorio y del litoral son los distritos. Eso hace que si no hay un liderazgo articulado desde la comuna, siempre predomine el rompan filas. Un proyecto se convierte en 17”.

García secunda a Villarán en la necesidad de relanzar el proyecto de la Costa Verde, capitaneado desde Fuerza Social por el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos. Pero se necesitan cambios de fondo. “La filosofía aprobada y vigente todavía es la explotación comercial del terreno ganado al mar. Se arrima la pista y el nuevo suelo se ofrece a iniciativas privadas. Los cambios van a tener que pasar por el Concejo y legalizarse para reformular el proyecto. Luego hay que resolver el tema del financiamiento único y tratar de crear una suerte de fideicomiso”.

El primer problema a superar será, qué duda cabe, la administración de Miyashiro. El segundo será la recuperación de La Herradura. La constructora Gremco lleva a cabo un proyecto inmobiliario envuelto en litigios judiciales. Y como lo recuerda García, el proyecto de la Costa Verde implica la recuperación de la tradicional playa limeña. “Las partes se van a tener que sentar a negociar para llegar a acuerdos”, adelanta, “pero la pregunta del millón es si el plazo o los tiempos políticos serán suficiente. Como fuera, se debería dejar instalada una metodología de operación metropolitana”.

En paralelo a la Costa Verde, la otra gran carta urbana de Fuerza Social es la de Río Verde: el proyecto del gran Central Park del Rímac. También habrá que implementar un fideicomiso para limpiar al hablador, encauzarlo por tramos y techar una parte. “Además, el centro histórico debe mirar bien a la zona del Rímac, venida a menos y desintegrada. Convertirla en atractiva para la gente”.

La apuesta de la administración entrante es ambiciosa. Y al menos sus primeros desafíos ya están plenamente identificados.

 


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