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Internacional La infusión hace la fuerza.

Garel-Jones: Té en el Country

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Garel-Jones negoció el tratado de Maastrich durante el gobierno de Margaret Thatcher.

El Barón galés Tristan Garel-Jones fue Ministro de Estado en el Foreign Office (1991-1992), es decir el N° 2 con responsabilidad de la UE y las Américas del gobierno conservador de la Primera Ministra Margaret Thatcher, y es el actual director para América del USB Bank of Investment.Es un fanático pro Latinoamérica, convencido de la Unión de Latam, es decir, Latinoamérica, lo que daría al “mundo libre” –dice– un contrapeso.

Recientemente Garel-Jones citó a George Canning (1779-1827), Secretario de Asuntos Exteriores quien apoyó en su momento a los movimientos independentistas latinoamericanos y fue partidario de la Doctrina Monroe, rematando una soberbia exposición ante la Cámara de los Lores del Reino Unido:
“Sin duda, Canning exageró en algo cuando en 1825 pomposamente declaró:

He propiciado la existencia del Nuevo Mundo para que sea un contrapeso del Viejo Mundo.

Ese contrapeso aún tiene que construirse, e invito a mis amigos latinoamericanos a hacer justamente eso, y ruego a nuestro Gobierno y a la Unión Europea apoyarlos en esta faena”.

CONTRAPESO HISPÁNICO

El viernes 13, en la terraza del Hotel Country de San Isidro, horas antes de volar a España, donde vive la mitad del año, “con un pie en el mundo sajón y otro en el mundo hispano”, el Barón ahondó en la materia.

Si de aquí a un siglo, además de vivir en un mundo global, nuestros nietos y bisnietos tuvieran que vivir en una cultura global homogénea –angloamericana sajona, de la tradición mía–, hablando inglés y apegados a los valores de mi cultura, no me gustaría. El contrapeso lógico de eso es la cultura hispánica. El español ya es el segundo idioma más hablando del mundo libre, y en los Estados Unidos de América, y, no es por menospreciar a mi propia cultura, pero hay cosas donde ese contrapeso es importante.

Por ejemplo, en la cultura mía la gente normal nunca dice la palabra muerte, nunca la mencionan, buscan cualquier eufemismo con tal de no decir mi abuelo se ha muerto. –He’s passed away. He’s gone to the other side–. ¡Vamos! En cambio, el mundo taurino y la corrida nos recuerdan que lo más importante de la vida es la muerte, y lo que diferencia al ser humano del resto de la Creación es que él sabe que va a morir. Y, entonces, el ser humano, como tiene lo que los cristianos llamarían alma, intenta mirar la muerte con cierta dignidad, caminar hacia ella, si puede, sin miedo. Por eso, culturalmente, una sociedad que no es capaz de enfrentarse con esa mayor realidad, es una debilidad.

La segunda debilidad de mi cultura, es lo que se llama antropomorfismo, donde se atribuyen características humanas a los animales”.

–¿Té, señor…? –interrumpe discretamente el mozo empuñando la tetera blanca. El británico acepta.

PETER RABBIT Y LA MUERTE

“Eso empieza –continuó– porque todos los niños ingleses leemos Peter Rabbit, Ferdinand the Bull, Paddington Bear, que, por cierto, es de “darkest Perú”, y entonces terminamos nublando la frontera en lo que es un ser humano y lo que es un animal. La frase “derecho de los animales” la inventan los sajones. Los animales no tienen derechos. Los seres humanos tenemos derechos, y, por lo tanto, obligaciones hacia los animales y hacia el resto de la Creación. Estoy hablando de cosas bien básicas, pero…”.

–Con una gotita de leche, por favor –dice el Barón al mozo. Continúa:

El otro día salió en la prensa nuestra una señora en Miami que había dejado ocho millones de libras a su chihuahua “Verónica”, y además otros 20 millones de libras a los tres criados que se ocupan de la perrita, para llevarla todas las semanas a su spa favorito. En cualquier país latino esto se considera inmoral. Y lo es. Porque hay muchos seres humanos que no tienen ni para comer. En la prensa nuestra salen todos los días historias donde se describe al animal como si fuera un ser humano. Peligroso. En España si se ha muerto el abuelo se dice: el abuelo se ha muerto. Full stop”.

NADIE ES TONTO

“Pasando al terreno político-económico, a mí siempre me ha dado mucha rabia que un continente como el latinoamericano, que tiene el Producto Bruto Interno casi el doble que el de India, y muy parecido al de China, en el concierto político global no pese nada. Cuando veo que esos países a los que tengo tanto aprecio, tanta admiración, ¿por qué no pesan nada?, me pregunto: ¿Serán tontos? Pues no, indudablemente no lo son. Nuevamente miras en cualquier otro terreno de la actividad humana, sea la literatura, la música o el pensamiento, y los latinoamericanos están en primera división; luego tontos no son.

Entonces, ¿por qué será que este continente gigantesco, con recursos humanos, un PBI casi el de la China, es tan débil en el concierto mundial? Porque sufre, como hemos sufrido todos, en Europa diría más que nadie, de lo que yo llamo el concepto westfaliano de la Nación-Estado.

Después del tratado de Westfalia (1648) es cuando comenzaron a emerger lo que hoy en día llamamos Naciones-Estado. Antes de la Reforma Religiosa (1500s), esto es antes de la Conquista de América Latina por los españoles, no habían naciones, habían condados, ducados. Y, antes de eso, intelectuales europeos como Erasmo hablando el idioma común de las clases educadas: latín”.

Garel-Jones empuña la tetera blanca y sirve una segunda ronda de té. Y prosigue.

SUEÑO LATINOAMERICANO

“En mi continente esa lucha, casi viril, de competencia entre Naciones-Estado acabó en dos guerras mundiales y 60 millones de muertos. Solo después un núcleo duro de naciones europeas, seis inicialmente, firmaron el Tratado de Roma que buscó identificar aquellos terrenos donde compartir soberanía con otros países, pues da más “palanca” en temas globales evidentes como el medio ambiente, el comercio internacional, la paz.

Lo que nos hemos ido dando cuenta en Europa es que si queremos tener verdadera influencia en los temas, por así llamarlos, GLOBALES, tenemos que compartir nuestra soberanía. Hemos venido cometiendo muchos errores en el camino. Mi propio país, por ejemplo, fue muy escéptico al principio con la Unión Europea, se mantuvo aparte, pero, al final, el Reino Unido, que, ¡vamos!, sigue siendo la quinta potencia económica del mundo, tiene armas nucleares, y es miembro del Consejo de Seguridad, ya está a bordo.

Yo creo que el camino –es un sueño mío, yo no soy nacional de ningún país latinoamericano, no puedo más que soñar desde fuera–, es que en algún momento los países latinoamericanos hicieran lo que se hizo en su día en la Unión Europea, un Tratado que daría libre movimiento de bienes, personas, servicios y capital. En ese momento, el Perú, si quiere negociar o participar en el concierto mundial, en vez de representar a 30 millones de habitantes, a lo mejor podría ser 100, 150, 200 millones de personas, y si eventualmente se une todo el continente, más de 370 millones. Son palabras mayores. Then you would have a seat at the top table (Entonces sí tendrían asiento en la mesa de los grandes)”.

Repito, yo soy un mero espectador con un sueño para un continente que no es mío. Y como dijo Calderón de la Barca, los sueños, sueños son. A ver si los propios latinoamericanos son capaces de hacer realidad mi sueño”.

Las manijas del reloj dan las 5 de la tarde en punto. El Barón apura un último sorbo de té. Hora de partir. (Marco Zileri)

 


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