sábado 17 de noviembre de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2142

12/Ago/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre HomenajeVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Concurso Jorge ChávezVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Hija de Regina Alcóver y hermana menor de Gian Marco Zignago. Para ella no fue nada fácil ser la hermanita del famoso cantante. Aquí su historia.

Mía Roca Alcóver: La Hermana Presente

16 imágenes disponibles FOTOS 

2142-MIA-01

COMO DOS GOTAS…
… de agua. No solo comparte el parecido físico con su mamá, sino también el buen humor y el talento, aunque no para el teatro, sino para el dibujo.


Mía es la excepción a la regla. La estigmatizadora frase ‘de tal palo, tal astilla’, es un lugar común que ella no ha de visitar. “¿Por qué si mi mamá es actriz y mi hermano cantante yo debería seguir los mismos pasos?”. El incómodo silencio que nace de la pregunta le da la razón. “Pero –continúa–, puede ser que no me haya dedicado a la actuación o el canto justamente porque mi madre era actriz y mi hermano cantante, y sé de primera mano que la carrera no es fácil... recuerdo a mi mamá diciéndome que haga lo que haga, no me dedique a la actuación; pero creo que lo hacía a manera de broma, aunque yo me lo tomé en serio”. Su padre, sin embargo, poco tiene que ver con el mundo del espectáculo. Ricardo Roca, segundo esposo de Regina, es un economista español que en su juventud fue, nada menos, que convocado a la selección española de básquetbol. En Lima, donde se conocieron por pura casualidad en el Teatro Marsano durante un musical de la actriz, él fue empresario y dueño de tiendas de discos. Ambos se casaron el año 1982. Y el matrimonio, cual estrellas, se celebró en secreto.

“Sinceramente, no estoy acostumbrada a que me llamen para dar entrevistas, es decir, eso lo hacen con GianMarco (su hermano) y mi mamá (Regina Alcóver); por eso me parece raro... ¿en serio esto no es una broma, no?”. Luego de una breve explicación confirmando que no, no se trata de ninguna broma, Mía Roca Alcóver, casada desde hace dos años y viviendo en Boston, Estados Unidos, desde el 2009, comienza a contar su historia y la de su familia como ella la recuerda y en primera persona.

EN NOMBRE DE MI HERMANO


“Comienzo por decir que no es nada fácil ser hermana de GianMarco. Cuando eres hermana de uno de los cantantes más populares entre las mujeres y estudias en un colegio femenino –el Colegio Villa María–, esto podría derivar en dos situaciones extremas: o te conviertes en la chica más popular de la promoción, o la primaria puede resultar un verdadero calvario”.

A Mía le tocó lo segundo por elección propia. Ninguna collera de chiquillas matonas pudieron con ella. “Las chicas mayores que yo, de cuarto de primaria, se me acercaban en el recreo y me amenazaban: ‘Si no nos das el número de tu hermano, te echamos esto (un atomizador broncodilatador), que está lleno de veneno y te puedes morir’”. Noventera época de seis dígitos telefónicos, ella se los daba: todos falsos. Pero las amenazas continuaban en forma de sacrilegio. “Hay una hora en que la estatua de la Virgen María, la del patio del colegio, cobra vida y se lleva a los niños a un lugar que nadie sabe dónde está y de donde nunca vuelven. Si nos das el verdadero número de tu hermano, le decimos a la Virgen que no te lleve a ti”. Pero Mía, dispuesta a morir y desaparecer protegiendo la privacidad de su hermano, callaba. “¡Eran crueles!”, recuerda. “Pero felizmente me cambiaron de colegio, al Cambridge; y el cambio fue bueno no solo por las amenazas, que en realidad eran un tanto tontas, sino porque sentía que era más natural estudiar en un colegio mixto que en uno únicamente de mujeres”.

TODO SOBRE MI MADRE


Todos tenemos un rincón a donde nuestra memoria vuelve. Y Mía tiene el suyo. “Gracias a mi mamá puedo decir que mi segundo hogar fue un teatro”, evoca, recordando su infancia en la esquina siempre encendida de la calle General Suárez, en Miraflores. Las bambalinas, butacas, tablas, pasadizos y camerinos del teatro Marsano, fueron escenario de la obra de su infancia. “Correteé e hice travesuras como si estuviera en casa. Ir al Marsano no era la rutina diaria de acompañar a mi mamá al trabajo, sino más bien era como visitar la casa de los tíos. Y uno de esos tíos –de cariño, porque me vio crecer– fue Oswaldo Cattone, amigo y compañero de tablas de mi madre”.

–¿Cuál es la anécdota que más recuerdas con tu mamá?
–Mi mamá siempre me hace recordar una vez que entré a la cocina, donde ella cocinaba, y le dije que le iba a dibujar un ratoncito. Y eso hice, dibujé el cuerpo chiquito de un ratón y una cola laaarga, laaarga por toda la pared. La solución de mi mamá fue muy inteligente, empapeló para mí una pared de mi habitación. “Si quieres pintar, este es el lugar”, me dijo. Y así fue. Nunca me dijo que no, siempre encontraba otra alternativa.

MAÑANA MALDITA


Pero no todo fue color de rosa. A mediados de los noventa llegarían momentos difíciles. “El cambio de colegio, del Villa María al Cambridge, fue repentino; tanto así que dejé el sexto de primaria a mitad de semestre. Tenía once años y recuerdo ese último día en el Villa María con un mal sabor”.

Esa mañana una monja entró al salón a mitad de clases con la frase: “Mía, recoge tus cosas que tu papá ha venido a recogerte”. La niña sintió que algo iba mal, y tuvo miedo. “Cuando me encontré con mi papá no tenía palabras para contarme lo que había sucedido”. Pero los titulares de los diarios, más o menos, pudieron haberlo resumido así: ‘La actriz Regina Alcóver es secuestrada’.

Corría el año 1996 y las bandas de secuestradores, la de “Momón” a la cabeza, por dar un ejemplo, hacían lo que querían en la capital. El secuestro era la modalidad predilecta de los delincuentes, y más de un empresario, antes que correr el riesgo, prefirió contratar seguridad privada o partir del país a destinos de mayor seguridad ciudadana.

Finalmente, el cautiverio de la actriz duró 24 horas y el susto por el que pasó la familia Roca Alcóver fue tan intenso, que luego de la liberación de Regina, ella y Mía, viajaron a España por una cuestión de seguridad y para olvidarse un poco del asunto.

–Pero hubo otros momentos difíciles, seguramente. El divorcio de tus padres, por ejemplo, después de casi 10 años de matrimonio.
–Sí, pero no lo fue tanto. En realidad no me molestó el divorcio, yo sabía que ellos se llevaban mejor lejos que cerca; y que si habían estado juntos había sido más por darme un ejemplo, el respaldo que los hijos necesitan.

–Luego tu mamá se reencontró con Lauro Volpi (cantante argentino de los sesenta y próspero en el negocio de bienes raíces en Buenos Aires).
–Sí. Esa es una anécdota divertida. Porque luego de que se reencuentran, ellos se conocían desde muy jóvenes, yo le enseño a mi mamá a utilizar el chat del Messenger, la cámara web, a mandar correos con fotos y utilizar el micrófono. Fue un reencuentro que comenzó a funcionar a larga distancia; y bueno, las cosas comenzaron a avanzar y ella se fue a Buenos Aires.

–Luego viajaste tú, ¿fue fácil vivir con el nuevo esposo de tu mamá?
–Después del colegio partí a Buenos Aires porque yo no estaba preparada para vivir sola, era importante seguir con mi mamá. La experiencia fue muy dura por la adaptación, tenía 17 años. La convivencia con el marido de mi mamá fue muy difícil, e imagino que debe haber sido porque había una brecha generacional. Yo soy una persona muy emocional y si no me caes, es muy difícil que yo diga algo de alguien por compromiso. Talvez si hubiera llevado las cosas con cierta hipocresía todo hubiera sido distinto. No fue una relación mala, pero sí hubo sus baches.

–¿Cómo lo tomaba tu mamá?
–Fueron años muy duros también entre ella y yo. Sin embargo apreció el esfuerzo que hacía por intentar mantenernos unidos a los dos. Estaba entre la espada y la pared, entre la persona que amaba y que era su esposo, y su hija.

–Volviendo al tema de GianMarco. Hablas de él como alguien muy cercano, sin embargo es tu medio hermano, se llevan 14 años y no han vivido juntos.
–No, olvídate, a ‘Gianni’ lo amo y lo adoro. Eso de medio hermanos no va con nosotros, es mi hermano y se acabó. Y si bien él me lleva 14 años de diferencia y desarrollamos nuestra relación un poco tarde, hemos compartido muchas cosas bonitas.

–¿Como cuáles?
–Por ejemplo, uno de mis acercamientos más fuertes a mi hermano sucedió cuando nació Nicole, su primera hija y mi primera sobrina. En sí, para mí ella fue como una hermanita menor, fue amor a primera vista, hubo una conexión instantánea. No puedo creer que ahora ella tenga 16 años y tenga enamorado, ¡me muero!

–Y tú, te casaste muy joven.
–Bueno, sí. Era una niña de 24 años, jajaja. Todavía nos suena medio bizarro a Álvaro, mi esposo, y a mí; cuando nos presentamos como marido y mujer... ¡uy, qué raro suena! A mi familia no le cuadraba, justamente por la edad. Pero al que más le fastidió fue, aunque no lo creas, a GianMarco.

–¿Cómo así?
–Fue muy gracioso. Una vez en un concierto en el Marsano saludó al público, y contó que estaba ahí su familia: “Y mi hermana, que pronto se va a casar”, dijo. Luego hizo un silencio y gritó: “¡Mía, no te cases pues!”. Pero sí, yo sé que le fastidió un poco.

–Y ahora vives en Boston, trabajas en una ONG y tomas el camino de la fotografía como una opción importante.
–Sí, acá vivo con mi esposo. Y con la fotografía, si bien me gusta y la estudié en Lima con Domingo Giribaldi, voy lento. Me gusta mucho y es una afición que cada vez se vuelve más fuerte. También trabajo en la ONG Root Capital, ahí me encargo de las finanzas internas. Yo estudié administración en la Universidad de Palermo en Buenos Aires.

–Para terminar, te deben haber dicho muchas veces que eres muy parecida a Regina, tu mamá.
–¡No! Ella es mucho más bonita, no hay nada que hacer. (Eduardo Cornejo)

Búsqueda | Mensaje | Revista