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05/Ago/2010
 
 
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Anda en las mil y una. Vuelve al show repletando plazas con ‘Una aventura cibernética’. Publica y presenta libro en la última Feria Internacional. Continúa con su empresa de producción de eventos. Y hasta gana concursos de creación de variantes del pisco sour.

María Pía Copello: Creció la niña

10 imágenes disponibles FOTOS 

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Creo que si no hubiera terminado trabajando con niños, hoy se mentiría bastante frustrada.


Cualquiera pensaría que finge. Luego de doce años frente a cámaras en su programa infantil propio y rodeada de centenares de niños; es justo motivo para que el lector piense, que por una sola vez, por lo menos, María Pía haya estallado, tras soportar travesuras, besos, gritos y jalones; como si su humanidad (metro setenta de altura) fuera un muñeco de dunlopillo del Jirón de la Unión. Como si se tratara de su ex compañero de trabajo y amigo que respondía a la melodía que se entonaba así: “Timoteo, Timoteo; dónde estás que no te veo”.

–Siendo sincera, María Pía, ¿nunca se te ha cruzado por la cabeza el pensamiento: “¡Ya basta, muchachos del diablo!”?
–¡Nooo! Sería muy difícil tener ese arrebato. Siempre he sido muy paciente con ellos, incluso en mi casa, con mis hijos (Samuel, de dos años y Vasco, de dos meses). Yo sé que la travesura de un niño no es mal intencionada, no tienen una carga negativa; eso lo comprendo bien, están cargados de inocencia. Por eso nunca he tenido que respirar profundo, contar hasta diez y tranquilizarme. Nunca lo haría.

A los dieciséis años era Cíndela en Nubeluz. Cíndela: rango menor del imperio de las nubes, onírico programa sabatino de Panamericana Televisión, que durante los noventas cautivó a millones de niños peruanos, centroamericanos, norteamericanos, asiáticos y europeos. Pero ella no iba para Cíndela, tenía pasta de princesa. Le faltaba la corona y una mascota. En 1998, su programa infantil “María Pía y Timoteo” sería su gran oportunidad. No la desaprovechó. Coronada la princesa, el séquito de infantes llegaría solo. Su Facebook –actual medidor oficial de amigos– cuenta con 2,486 seguidores. Indocumentados, la gran mayoría, por no decir todos.

Está casada con Samuel Dyer (hijo), exitoso empresario pesquero de Copeinca, que, para darnos una idea de la magnitud empresarial que controla desde su puesto en la gerencia general, fue la segunda empresa, en los primeros cinco meses del año, en exportaciones, llegando a alcanzar la cifra de US$ 80.77 millones. Él, a su vez, es el hijo del también empresario Samuel Dyer Ampudia, quien fuera secuestrado en julio de 1992 tras el autogolpe de Alberto Fujimori el 5 de abril.

–¿Cuánto tiempo llevas casada?, ¿cómo te llevas con Samuel, tu esposo? Ambos tienen trabajos muy distintos.
–Llevamos casados hace cuatro años y él es un gran compañero. Y sí, a veces tenemos horarios difíciles, yo ahora con el show y él con su empresa, pero es cuestión de organizarnos para tener un poco de tiempo con los hijos.

Sus hijos son Samuel y Vasco, el último nació hace dos meses, pero ella, brava como pocas, en el poco tiempo de recuperación, armó el show ‘Una aventura cibernética’ y tiene funciones casi diarias para mil 200 personas en el Open Plaza de La Marina. Además, ha publicado un libro homónimo a su espectáculo con el sello editorial Norma. Y continúa el trabajo con su productora.

–¿Cuándo fue que decidiste trabajar con niños?
–Me inspiré cuando trabajé en Nubeluz. Fue a partir de ahí cuando asumí mi rol de estar con los niños. Comencé haciendo mis pinitos en comerciales de televisión, no sabía muy bien lo que quería hacer hasta que entré a ese programa; y ahí también me comenzó a interesar la producción, dirección, edición; esos detalles detrás de cámaras que me han servido mucho para mis trabajos posteriores.

“Postulé a la Universidad Católica, iba a Artes, no la agarré. Entonces me decidí por publicidad en la UPC”. En teoría es comunicadora y publicista. Pero, además de ciertas prácticas profesionales en una agencia de publicidad, nunca ejerció la carrera sino solo hasta abrir su propia productora de eventos.

–Si tus papás no son artistas, ¿de dónde te viene la vena artística a ti y a tu hermana (la cantante Anna Carina Copello)?
–No lo sé. Mi abuela por parte de madre cantaba, pero puede que haya sido también una coincidencia. Recuerdo esa frase que dice: “De padres cojos, hijos bailarines”.

Pero, cualquiera pensaría que María Pía, ícono infantil y juvenil, no tiene noches de discotecas, ni de copas, ni de diversión; y que vive en un castillo encantado donde no pasa nada y podría llegar incluso a reinar el aburrimiento. Sin embargo, como pocos saben, en el verano de este año ganó un concurso en Asia del pisco sour más original. Ella, nombrada como la bartender oficial de la familia, elaboró el tropical sour, variante del pisco sour que creó utilizando zumo de maracuyá, mandarina y piña. Su madre la convenció de participar, y luego de probar con aguaymanto y otros frutos obtuvo el visto bueno de sus amigos, quienes probaban, una tras otra, sus creaciones.

–En tu vida personal, ¿te ha costado mucho guardar la imagen que los chicos tienen de ti?
–La verdad que no. Si me ampayan en una discoteca no tendría nada de malo. Yo soy joven, tengo todo el derecho para divertirme sanamente, eso no tiene nada de malo. Si fuera juerguera o tuviera un lado medio dark no podría trabajar con niños.

–Pero te han ofrecido papeles de mala en la televisión y te has negado. Tampoco hay nada de malo en actuar, protagonizar un rol.
–No, claro. Pero los niños no pueden ver a una persona a la que siempre ven dulce o natural en la pantalla o en un show, protagonizando el papel de una burrier.

–¿No te aburre siempre ser la buena?
–Creo que si no hubiera terminado trabajando con niños, hoy me sentiría bastante frustrada.

–¿Faltará mucho para verte nuevamente en la tele?
–Tengo muchas ganas de volver, siento que este año se podría concretar algo bonito. Pero si tengo las ganas y estamos conversando, sería muy bonito.

–Leí que estabas interesada en estudiar para ser chef y abrir tu propio restaurante.
–Obviamente todavía no he encontrado el tiempo y no lo he podido hacer. Pero me encantaría cocinar rico y tener algo propio.

–Pero, ¿no te cansas? Acabas de publicar un libro, también; te falta plantar el árbol.
–Jajaja. Eso es algo que me ha gustado mucho, ser parte de incentivar la lectura infantil. A mis hijos les leo cuentos, Samuel, el de dos años, siempre me lo pide. Esta vez me reuní con Norma y aceptaron el proyecto. Y no, no me canso. Yo necesito estar siempre en movimiento, no podría trabajar nunca en una oficina rodeada de adultos.

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