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Guapo, talentoso e internacional, el actor peruano, Bernie Paz, firma contrato con TV Azteca, de México, y lanza su novela, “Vidas robadas”, pronta a ser estrenada en ATV.

Bernie Paz: El Estilo es el Hombre

9 imágenes disponibles FOTOS 

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Ángel Rebelde.- Rostro de producciones en Perú, Colombia y Estados Unidos. En el 2009 ingresó al mercado mexicano con “Mujer comprada”, de TV Azteca.


Una publicidad de té de naranja y clavo de olor lo catapultó hacia el personaje del galán de “Amor serrano”, telenovela de Frecuencia Latina a finales de los noventa. Años más tarde, en el 2002, declararía en una entrevista que “el término ‘galán de telenovela’ era un término cojudo”. Ahora duda que sus palabras hayan sido esas y que si lo dijo, fue mal interpretado. Y es que a ese cliché, un tanto detestable por los hombres, pero amado por las mujeres, le debe buena parte de su fama.

Esta vez, sin embargo, le toca el antagónico en “Vidas robadas”, una producción de TV Azteca. Interpreta a un cincuentón, canas y mano de prótesis adjuntas, decidido a vengarse de la mujer que, con sonrisa burlona en los labios, lo humilló en la adolescencia al rechazar su oferta de matrimonio. Mera burla de un amor no correspondido que marcaría su existencia.

Pura ficción, por supuesto, porque según voto unánime del respetable femenino, el actor es un pan de Dios. Sin embargo, queda la pregunta: ¿Qué tan villano puede ser un hombre de apellido Paz? Bernie contesta.

–Al personaje que interpretas en “Vidas robadas” lo mueve la venganza. ¿Eres una persona vengativa?
–No, nunca me ha movido la venganza. No me caracterizo por ser calculador y frívolo; creo que es por eso que nunca podría planear una venganza. Si debo hacerlo, me vengo con la demostración de mis logros. Pero de otra manera no, no lo necesito.

–¿En tu haber, tienes amores no correspondidos?
–Creo que como todos, es normal que alguna mujer no te dé bola. Recuerdo algún amor de colegio en el que la compañera que me gustaba ni me miraba.

–Pero seamos sinceros. Has sido considerado por varios medios como uno de los hombres más sexys del mundo...
–Es cierto, ¿pero qué te puedo decir yo de eso? Con tal de que no me pongan el título del más tonto del mundo, todo bien, ¿no? Lo de más sexy o guapo es un título que me lo pone la gente y de hecho mientras más ‘títulos’ de ese tipo tenga en algo me conviene para mis trabajos o mis roles.

–Me refería a que por tu atractivo pocas mujeres te hayan dicho que no.
–Bueno, cuando era un hombre soltero y recién aparecía en la TV; no te voy a mentir, sí salía con una chica y con otra. Como muchos de los jóvenes en Lima, pero luego, ya más grande, mi vida amorosa dejó de ser tortuosa, por decirlo de alguna manera. Hasta el día de hoy llevo seis años de matrimonio y tengo a Miranda, mi hija, que me cambió la vida.

–Imagino que muchas mujeres deben tentarte a ser infiel. ¿Qué opinas de la infidelidad?
–La infidelidad como palabra es muy extensa. Las parejas se manejan de distintas maneras, es un pacto entre hombre y mujer y no debería ir más allá de eso. Si su decisión es salir del pacto, es una decisión muy privada de ambos. Por eso creo que el matrimonio no está hecho para todos.

–¿Has sido o te han sido infiel alguna vez?
–No, no he tenido que preocuparme de eso, felizmente. Y espero no tener que hacerlo. Ojalá cuando tenga 80 años nos reunamos y te pueda decir lo mismo. Pero para eso es importante la franqueza y la confianza en una persona.

–Cambiemos de tema. Tú antes que actor fuiste politólogo, ¿es cierto?
–Claro. Cuando terminé el colegio me fui a vivir a Israel con mi familia, porque a mi papá lo designaron para trabajar allá. Estuve en Jerusalén desde 1988 hasta 1995, tiempo en el que estudié ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. A la par hice de todo un poco. Trabajé de mesero, de guardián de discoteca, de botones.

–¿Y llegaste a ejercer como politólogo?
–No. En 1995 tomo unas vacaciones y retorno a Lima, pero con la idea de volver a Israel a hacer una maestría. Una vez acá voy a la oficina de la ONU, pido trabajo y lo único que encuentro es un voluntariado a África. Decido no ir y de pronto en la calle me comenzaron a parar para hacer comerciales, y así, sin querer, llegué a la TV.

–Pero como politólogo de formación, debes enfrascarte en apasionadas conversaciones políticas.
–En realidad no me preocupo mucho del tema. Jamás me voy a enfrascar en una discusión política porque soy muy vehemente en las cosas que hago, entonces si lo voy a hacer con una discusión imagino que terminaría muy mal, me involucraría con todo. Por eso prefiero mantenerme al margen. De diplomático no tengo ni la D.

–Hablando de diplomacia. ¿Cómo es la relación que tienes con Christian Meier, hubo unos entredichos con él hace unos años?
–No hay relación ni la va a haber. Christian me parece un tipo desatinado, alguien que debería tener cuidado con quién se mete. Preferiría no ahondar en el tema, pero creo que él debería pensar dos veces antes de hablar.

–En el 2002 dijiste: “El término ‘galán de telenovela’ me parece un término cojudo”.
–No creo haberlo dicho, porque entonces estaría desconociendo lo que hago y de lo que vivo. No me parece un término cojudo, más bien, considero que no todos pueden ser galanes de novela. Es una característica especial, que no necesariamente te hace mejor actor que otros porque te den ese rol. Hay que ser consciente que ello va de la mano con el físico, y no necesariamente con el talento.

–Tu primera aparición en el cine fue en “No se lo digas a nadie”, incluso antes de que salgas en la TV. Fue una escena homosexual, ¿tuviste problemas en hacerla?
–Sí, es cierto, esa fue mi primera aparición en el cine. Fue un papel más bien de extra. La escena trataba de un beso con Santiago Magill en el baño de un cine pornográfico. Un encuentro casual. ¿Tuve problemas con hacer la escena? No. En realidad la propuesta era más “fuerte”, con bajada de pantalones, pero al final fue un beso nada más. No soy un tipo prejuicioso o asustadizo, y creo que soy así por mi educación en el extranjero. Pero nunca me preocupé, me reía nomás. (Entrevista: EDuardo cornejo fotos: víctor ch. Vargas)

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