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17/Jun/2010
 
 
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Ha fallecido Jorge Benavides Corbacho, mi viejo y querido amigo que se fue, él también, sin despedirse. Y quiero afirmar ahora que él fue en verdad una persona excepcional que gozó y sufrió la vida como pocos. Lo conocí no sé cuándo, quizá cuando supe que éramos vecinos: él habitaba en el penthouse del mismo edificio en el que yo y mi familia éramos inquilinos de un departamento en el tercero, lo que motivó que compartiéramos las mismas fiestas, organizadas por él, qué duda cabe. Fue un entrañable amigo que cuando supo que viajaba por primera vez a París, ciudad en la que él dominaba todos los senderos y conocía el más oculto de sus vericuetos, me prestó su elegante abrigo de cashmere que me sirvió para protegerme allá del frío. Pero aún más útil me fue el itinerario que me dictó enseñándome todo lo que paso a paso debería recorrer, “y te quedarás con la miel en los labios”, me dijo. Y así fue. Jorge fue un hombre internacional, diplomático casual y periodista y amigo permanente, además de gran relacionador público, con el que trabajé en más de una ocasión. Su esposa Paulette, que lo acompañó siempre, era su contraparte y la sufriente de la desmesura hedonista de mi amigo Jorge, “Coquitó”, como le decía ella en su castellano siempre inaprehendido. Con ella pasaron días difíciles y también muy felices en París, siempre con el optimismo que era su regla de vida esencial. Por eso, ahora que se ha ido, recuerdo el verso de Baudelaire de Mon coeur mis a nu, que define su forma de vida: Cependant, goût très-vif de la vie et du plaisir. Eso, sin embargo sus pobrezas momentáneas y siempre superadas, Jorge Benavides Corbacho tuvo un gusto muy vivo por la vida y el placer ¡A bientôt, mon cher ami!



Leo en El País, de España: El ejército colombiano localiza a un militar que llevaba secuestrado por las FARC 12 años, el coronel William Donato Gómez. Ayer fueron liberados los otros tres militares que compartieron cautiverio con él durante todo este tiempo. Y comento: ¿Hay algo más miserable y cruel que mantener doce años cautivas en la selva a personas contrarias a sus ideas? Solamente ocurre eso con las FARC en Colombia, ese grupo guerrillero al que ha combatido con tenacidad el presidente Uribe, al que vilipendian los sirvientes de Chávez en el Perú.


Se discute en el Congreso la ley de mecenazgo cultural que auspicia y propone la congresista Luciana León. Al escribir estas líneas no sé cuánto se discute ni sé tampoco por qué (salvo que sea porque aquí todo está en discusión), pero lo cierto es que al margen de lo que ocurra, esa ley, si es que es aprobada, es de todas maneras una opción positiva que debería apoyarse, porque la cultura lo merece. No debería dejarse en manos de las autoridades ocasionales la potestad de financiar los proyectos culturales que por lo general no entienden y menos les interesan. Una ley que permita exonerar de impuestos a las empresas que acuerden destinar cantidades de lo que deberían pagar a favor de proyectos y realidades culturales, impidiendo que, como sucede ahora, estos se realicen solamente gracias a la buena voluntad de los probables benefactores y a la capacidad de relaciones públicas de artistas y miembros de la cultura. Claro que una ley como la que propone la guapa congresista León se presta a trafas, y que quienes donarán 100 afirmen haber donado 1,000 para ser exonerados por ese monto. Ya ha ocurrido, y a ello se debió el fracaso de una ley anterior, propuesta por Manuel Ulloa, siguiendo aquel refrán peruanísimo de hecha la ley hecha la trampa. Pero veamos ahora cómo superarla.


Buena respuesta de Henry Pease al cardenal, en El Comercio del lunes, en la que enfatiza los intrínsecos valores de la Universidad Católica. Eso es en verdad lo que está en discusión y no el valor de los terrenos de chacra que dejó Riva Agüero, largamente enriquecidos por la proficua labor de los conductores de la Católica, es decir de todos sus rectores, desde McGregor a Rubio, y gracias al apoyo moral de los cardenales que nunca pusieron piedras en su camino ni intentaron, como ahora, apoderarse de ella. Gracias a ello la Católica se ha convertido en la universidad por excelencia. La última argucia desleal del cardenal es la de buscar un enfrentamiento interno aludiendo, como hizo en El Comercio, a una diferencia de sueldos entre profesores. Ninguna tan grande como la que sin duda debe existir entre lo que gana él y lo que recibe un clérigo común. ¡Así no, pues! Bueno sería que diera cristiano descanso a sus ambiciones. Ya es hora.(Augusto Elmore)

 


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