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Testimonio Ex ministro Alfredo Ferrero revela entretelones de la difícil negociación en libro.

Cuando el TLC Casi se Cae

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Alfedo Ferrero describe los dilemas y formulación de políticas en el gobierno de Alejandro Toledo hasta torcer el brazo a los norteamericanos

Alfredo Ferrero vuelve a la escena política con libro sobre la tensa negociación con Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio suscrito el 2005 en las postrimerías del gobierno de Alejandro Toledo. “TLC Historia de un Desafio” narra los entretelones de los 18 meses de tira y afloja con pluma ligera y singular franqueza. El libro será presentado el jueves 17 en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica por el ex presidente Alejandro Toledo y el empresario Roque Benavides, líder del Consejo Empresarial de Relaciones Internacionales, y núcleo duro del “cuarto chico” negociador. El capítulo “La Noche de las escaleras y narices frías” reproducido a continuación narra la tensión vivida en Washington D.C. por el equipo negociador peruano la gélida madrugada del 7 de diciembre del 2005 en la que finalmente los gringos dieron su brazo a torcer.

En Washington, a las 5 p.m. del martes 6 de diciembre, parecía que se estaba lejos de un acuerdo final. En mi fuero interno veía cada vez menos oportunidades para llegar a cerrar esa ronda, que debía ser la última. La delegación peruana resolvió retirarse a su “búnker” en la Embajada del Perú –en la que se contaba con el apoyo, la asistencia y la logística del embajador Eduardo Ferrero, que cumplió una labor clave en pro del TLC desde su nombramiento en 2004. Su personal era escaso pero eficiente, para continuar en contacto con los negociadores de la Oficina del United States Trade Representative mediante teléfono, fax y correos electrónicos.

“A través de internet se esperaba completar el intercambio de listas de partidas que contenían la relación de productos desgravados. Eran de dos tipos: solicitudes de Estados Unidos para desgravar sus productos y la contraparte de ofertas peruanas. Apenas recibidas, las listas circulaban entre los técnicos para su evalua ción y para preparar la respuesta inmediata conteniendo las contrapropuestas. A las 5 p.m. se había convenido que las 11:30 p.m. sería el momento apropiado para otra reunión “en el cuarto chico”, es decir, un salón del edificio que ocupa el USTR, en el que se realizaban las reuniones de la alta dirección norteamericana con los ministros y jefes de delegación de los países negociadores. Se le llama así porque en dichas reuniones solo participan los máximos responsables de cada país y no todos los técnicos y asesores.

Llegaron las 11:30 p.m., pero no hubo señal alguna de los negociadores norteamericanos. En la embajada los miembros de la delegación peruana habían presentado y enviado propuestas durante todo el día; por la noche, habían “invadido” el despacho del embajador Ferrero, las salas de recibo, las oficinas de sus funcionarios, hasta los pasillos y las escaleras. Cada uno se sentaba donde podía para ver pasar las horas entre el cansancio y la espera. Cada cierto tiempo me acercaba a la gran ventana del despacho del embajador para comprobar si la nieve seguía cayendo. Y me preguntaba cómo sería la próxima Navidad si se seguía en el entrampamiento de las agotadoras discusiones. Algunos especulaban que la delegación norteamericana se había retirado en pleno a descansar por algunas horas, sin decir nada, con el propósito de llamarnos en la madrugada para continuar el trabajo. Es sabido que parte de la estrategia negociadora consistía en cansar al adversario y conseguir así que baje la guardia.

A las 3:15 a.m., mientras afuera la nevada se hacía más intensa, recibí la llamada esperada. Insomnes y durmientes, los miembros del equipo que tenían que ir al edificio del USTR se pusieron de pie y se trasladaron de inmediato donde la delegación norteamericana estaba dispuesta a continuar las reuniones negociadoras. Antes de las 4 a.m., los negociadores peruanos ingresaron al “cuarto chico”. Por la parte peruana estaban Pedro Pablo Kuczynski, Pablo de la Flor, el embajador Eduardo Ferrero y yo; por el lado estadounidense se encontraban Susan Schwab, Bennett Hartman, Regina Vargo y Mary Latimer. En una sala contigua se encontraban los demás ministros –Pilar Mazzetti, David Lemor y Manuel Manrique– y el equipo técnico, los cuales ingresaban al “cuarto chico” conforme se les necesitaba.

A pesar del enorme agotamiento, los negociadores del Perú sabían que se estaban jugando los descuentos. Era una fecha clave y el final del partido jugado durante 18 meses demandaba toda su perspicacia negociadora.

A medida que se planteaban los temas sucesivos ingresaban por turno a la sala los ministros de Agricultura, Salud y Producción. Análogo procedimiento aplicaron los funcionarios norteamericanos.

A eso de las 6:45 a.m. los negociadores norteamericanos no habían formulado en casi 24 horas ninguna propuesta. Al no percibirse interés estadounidense en avanzar en la negociación, los miembros de la delegación peruana resolvieron confirmar sus reservas de vuelo para regresar a Lima, algunos al mediodía y otros en la noche. Entonces, sugerí levantarnos de la mesa. Nos despedimos con cortesía y, mientras salíamos de la sala, dos funcionarios del USTR salieron rápidamente detrás de nosotros y nos detuvieron en el pasillo para decirnos, un tanto nerviosos, que la delegación de Estados Unidos nos agradecería retomar las conversaciones en el “cuarto chico. (Escribe: Alfredo Ferrero* )

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(*) Ex ministro de Comercio Exterior y Turismo 2004 – 2006.

 


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