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Mientras espera respuesta de su posible protagónico en la nueva serie de “La Perricholi”, ella no se detiene. Una obra de teatro y una próxima película en Ecuador son sus nuevos proyectos.

Melania Urbina: Dama Guerrera

6 imágenes disponibles FOTOS 

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De ascendencia italiana, Melania es la menor de cuatro hermanos, con infancia sanisidrina y ex alumna del Santa Úrsula.


Biarritz (Francia), Providence (EE.UU.) y Málaga (España) son los festivales donde sus filmes, con ella en roles protagónicos, han participado dejando el nombre del país en alto. En Francia fue elegida como mejor actriz por “Mariposa negra”. “Mañana te cuento” fue una de las películas más taquilleras del cine nacional además de salir al extranjero. Actualmente está sobre las tablas con “Las sombras” (Alianza Francesa de Miraflores, de jueves a domingo, 8 p.m.). Entre tanto, el traje de la Perricholi, espera por ella.

La actriz prefiere no hablar sobre María Michaela Villegas y Hurtado. Para los no familiarizados con la vida social y escándalos del siglo XVII: la Perricholi, amante del Virrey Amat y Juniet, comidilla de antaño. En nuestros tiempos, el nombre nos conduce a un romance más televisivo que histórico, una serie noventera producida por Michel Gómez y estelarizada por Mónica Sánchez con desnudos incluidos. Casi veinte años después, Melania Urbina podría revivir al personaje con la misma precariedad de atuendo, irreverencia y picardía. El público la pide, pero nada está confirmado. El silencio se entiende aunque todo esté a una firma de concretarse. Pero basta de papeleo, que hable la actriz. “Me incomodó que el casting se haya hecho público. Por ahí que no me eligen y hubiera preferido que nadie se entere, pero a estas alturas no queda más que esperar”. Mientras llega la respuesta (ojalá positiva), cambiemos de tema.

–Filmarás una película sobre el conflicto Perú-Ecuador.
–En agosto viajo a Ecuador para familiarizarme con el tema. Trata la experiencia real de un soldado en el campo de batalla y su vida. Mi papel es el de una enfermera en una base peruana. El título de la película es incierto todavía, pero el tentativo es “Herida abierta”. Pero no puedo hablar más... pasemos a otro tema.

– ¿Tu nombre tiene alguna relación con el personaje Melania de “Lo que el viento se llevó”?
–No soy tan dulce como ella, tengo un carácter muy fuerte, tampoco soy tan pasiva. Soy más bien renegona y para nada dócil.

–Pero es una coincidencia que tus padres te hayan puesto Melania o indica de alguna manera el apoyo que te han dado en tu proceso como actriz.
–Yo creo que es una coincidencia bonita. En realidad me lo puso mi mamá, es el único nombre que eligió ella. Yo soy la menor de los cuatro hijos, aunque ahora tengo un hermano menor por parte paterna, y en los tres casos anteriores mi mamá eligió el nombre influenciada por la familia, conmigo dijo “no le voy a decir a nadie cómo le voy a poner a mi hija”, tanto que ni mi papá sabía cómo me iba a llamar, y el día que nací dijo: “Se llamará Melania y punto”.

–Regresemos a tu primera respuesta: “soy renegona y nada dócil”. No parece...
–Jajaja, con los años uno comienza a renegar menos porque se da cuenta que así no soluciona nada. Creo que mi hija, Lucía (de seis años), en vez de hacerme renegar, me ha vuelto más dócil. Me pone de buen humor.

–¿Es una molestia o un halago que te llamen para papeles de mujeres muy jóvenes?
–No es una molestia, lo veo más como una ventaja. Es simple, aparento ser menor de lo que soy. Imagino que me darán papeles de mujeres de treinta años en algún momento, ¿no?

–¿Te cuesta desprenderte de la personalidad de tu personaje luego de actuar?
–Tengo un reflejo de protección en el que cambio rápidamente de estado, si vas a estar metida en la actuación es un reflejo necesario. Solo una vez me pasó, cuando filmé “Mariposa Negra”. Era tan escéptica a que me pueda suceder, que me sorprendió. Me costó alejarme de Gabriela, una mujer con un gran dolor y un deseo de venganza permanente.

–¿Y este reflejo de protección te sirve en tu vida personal?
–Me encantaría, pero me bloqueo. Me cuesta mucho.

–Te lo preguntaba porque el director de cine, Frank Pérez Garland, es tu ex esposo y hoy amigo, qu ien además se acaba de casar con Vanessa Saba, también amiga tuya y compañera de trabajo.
–Para mí eso no es una situación negativa. Eso se trata más de que sean buenas personas. Frank es un hombre que se preocupa mucho por mí, por nuestra hija. Y Vanessa es una mujer maravillosa. Me hace feliz que ambos estén juntos porque son unas buenas personas.

–¿Qué cosa te gusta hacer además de actuar?
–Me fascina cocinar porque me fascina comer, he llevado cursos libres de cocina y hasta pensé en inscribirme para seguir la carrera de chef, que por cuestiones de tiempo no he podido.

–Woody Allen dice que la felicidad es estar entretenido, para ti, ¿qué es la felicidad?
–Hacer lo que me gusta, estar con quienes quiero y, no sé, tener pleno control de mi vida. Poder decidir cuando quiero descansar, cuando quiero trabajar, cuando quiero estar con mi hija, cuando quiero dormir, cuando quiero comer… (Risas) Que mi vida no dependa de otros, que pueda ser siempre la que toma las decisiones respecto a mí.

–Entonces, ¿tú decides estar o no feliz?
–El ser feliz lo decide uno. Si uno espera que suceda una serie de circunstancias que confluyan a favor de uno mismo, está fregado.

–Difícil, ¿no?
–Muy difícil. La sociedad, la religión y otros tantos factores nos enseñan a sentirnos insatisfechos por lo que tenemos, a sentirnos culpables por lo que logramos. La idea es tener una felicidad no de largo plazo, sino de corto plazo. Vivir el día a día.

–Dijiste una vez: “Las mudanzas son oportunidades de desprenderse de cosas que son inútiles sin que uno se dé cuenta, y también de vivir momentos de nostalgia”. ¿Crees que ir de película en película, actuar en una novela y otra, es una forma de mudarte?
–Sí. Es una forma de dejar cosas y también es una forma de sentir nostalgia. Por ejemplo, cuando uno está rodando una película, son cinco o seis semanas intensas de trabajo, en las que compartes con gente con la que estás más tiempo que con tu propia familia, con los que pasas momentos divertidos y momentos tristes, momentos tensos y difíciles, donde te encuentras con un personaje y te diviertes con él, te encariñas o al que a veces odias, o reniegas de él y te preguntas “¿por qué tengo que hacer esta escena que no quiero hacer?”.

–¿Tan intenso puede llegar a ser el vínculo con el personaje?
–Sí, y lleno de tantas cosas, que de pronto todo se acaba en tan poco tiempo y tienes que despedirte, no solo de la gente sino del personaje, de la historia y hay mucha nostalgia, y sí, tienes que mudarte de pequeñas familias que vas construyendo y disolviendo conforme avanzas. Sin embargo, siempre te queda algo de cada cosa, no es que termina el rodaje y te desprendes totalmente del personaje y del resto, no es tan esquizofrénico (risas). (Entrevista: Eduardo Cornejo / Fotos: Víctor Ch. Vargas)

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