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Edición 2132

03/Jun/2010
 
 
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La electrónica aturde o hace aparentemente incomprensibles algunas cosas, como leer el miércoles pasado, a las 9:30 de la mañana, en un diario español, por Internet, claro, el relato del hundimiento de un barco en el Amazonas peruano, el mismo que en esos momentos no figuraba en ningún periódico nacional. Ya sé eso del cambio horario, y que en nuestro país los diarios cierran al menos seis horas antes que los españoles, pero lo cierto es que cuando la noticia fue reflejada aquí el barco ya estaba recontrahundido. A mí eso no deja de sorprenderme. Tampoco el hundimiento por exceso de carga, que es habitual.



El más antiguo método comunista es el de la calumnia, que suele aplicarse contra lo que podría considerarse el enemigo. En los tristemente célebres Procesos de Moscú tuvieron su cénit. Hoy el método sigue siendo utilizado con toda ligereza, como lo acaba de hacer el camarada (y viejo compañero de redacción) César Lévano, hoy director del órgano chavista La Primera, quien se despachó recientemente acusando al presidente Álvaro Uribe, de Colombia, de genocida, al presidente Lobo, de Honduras, de usurpador y hasta a Mariano Rajoy, el blando presidente democrático del Partido Popular de España, de fascista. A los únicos que no califica, valga recordarlo, es a Fidel y Raúl Castro, ni tampoco, ¡válgame Dios!, a Hugo Chávez. Es un Proceso de Moscú a contrapelo y un poco tardío, digamos.


Es absolutamente extraordinario el acierto de representar el Thriller de Michael Jackson para celebrar el cumpleaños de Keiko Fujimori, poniendo a la cabeza del elenco conformado por la cúpula fujimorista nada menos que al congresista Carlos Raffo, que ya en sí es un auténtico Monster sin necesidad de maquillaje alguno. Ese fue un acierto único, que no se le hubiera ocurrido ni a un caricaturista. Felicitamos a la directiva naranja. ¡Han podido parecer lo mismo sin necesidad de utilizar ningún disfraz! Ese es lo que se llama un lapsus brutus. ¡Muertos saliendo de la tumba!: confesión de parte. ¡Vergüenza ajena!


Mario Vargas Llosa es contundente juzgando a la televisión. El domingo pasado, en su página quincenal de El Comercio, dice que “ha banalizado, frivolizado y –me atrevo a decir–, afirma, aumentado el nivel de imbecilidad en un gran número de seres humanos, a quienes las imágenes de los programas más exitosos de la pequeña pantalla –dechados de vulgaridad, chismografía y amarillismo periodístico–exoneran de preocupaciones, inquietudes espirituales e intelectuales y hasta de la incomodidad de pensar”. MVLl parece estar refiriéndose, aunque evita decirlo, a los programas cómicos del canal del Estado peruano, el 7. Pero yo sí lo digo.


Ya lo mencioné antes y ahora está comprobado: el derrame de petróleo en el golfo de México es el peor de la historia mundial del petróleo, a cuya mala fama se suma con creces. La British Petroleum, empresa responsable de este acto criminal debería ser drásticamente sancionada a nivel internacional. Salvo que el poder del petróleo se oponga. Todos los países del mundo deberían expulsarla de sus territorios.


Nunca es grato tener que desdecirse pero es bueno hacerlo cuando uno se ha equivocado de buena fe, tal como me obliga una carta de la Municipalidad de San Isidro, que asegura no haber en ese distrito ninguno de esos paneles (vallas) descomedidos y de mal gusto que creí, y así lo dije en la edición anterior, existían en San Isidro. Pues bien, no es así, simplemente me equivoqué confundiendo algunas zonas de San Isidro con Miraflores, en donde sí existe una superabundancia de esos paneles chuscos que ofenden el ornato público. En San Isidro, señores, no los hay, y por eso pido humildemente disculpas al Concejo. Como lo pude comprobar, ese es un distrito impecable que colinda con Miraflores, que es un basural abusivo de letreros.


Hace tiempo que vengo criticando la pobreza de la cartelera cinematográfica peruana, que confina a los aficionados al cine al último escalón de la cultura cinéfila. Me alegra que finalmente un reputado crítico, Ricardo Bedoya, de El Comercio, diga lo mismo, refiriéndose a lo que se ve hoy en Lima: “Una cartelera asfixiante de mediocridad, plagada de películas de fórmula, calco de otras, enésima repetición de lo ya visto”. Me alegra que Bedoya diga ahora lo que cargosamente he venido repitiendo.


¿Qué pasó con el propietario del ómnibus de la empresa Guapo Lindo, y qué pasará con el de la barcaza que acaba de hundirse en el Amazonas por la misma razón: sobrepeso? Al primero, hasta la fecha, no le ocurre nada y mucho me temo que con el segundo sucederá lo mismo. Tolerancia Cero es la que deberíamos tener los peruanos con las autoridades que toleran esos crímenes masivos y los dejan sin castigo.

 


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