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Edición 2132

03/Jun/2010
 
 
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Pucha, Hay Que Entender A Lori

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Ay, cholita, qué mal que le han caído los quince años de cárcel a la Lori Berenson, ¿te has fijado? Porque pucha, seamos sinceras, o sea, cuando la agarraron estaba regia, te lo juro que al verla así de lo más segura de sí misma, llena de energía y minas, con un sastre negro y blusa blanca y el pelo muy bien cortado, llevada por dos tombas más bien desmondongadas con las caras con mosaico como juezas sin rostro, pensé en llamar a Giulianna Testino y proponerle sacar ya pero ya una colección llamada perpetual chain para que le hiciera competencia a lo que Miyake lanzaba con Kate Moss de plato fuerte, cholita, rompiendo la temporada con el anorexia look. Pero en fin, no salió nada y el tema ahora es la Berenson, hija, que nos ha sacado para el diario un airecito de directora de ONG de promoción de pymes que nada te cuento. Flaca como un tenedor de avión, unos crespitos chirimpicos que le salen de la frente, de un color entre cucaracha y saltamontes que no entiendes nada. La nariz se le ha redondeado, como de borracho, y en general en la cara mantiene una expresión de yo soy como Jesucristo, que ando haciendo el bien por el mundo y nadie me entiende, que con un par de sopapos yo se la cambiaría feliz de la vida; sin mencionar el modelito, chola, con el que salió de relance. Una chompita adefesiera seguro tejida por ella misma, con un ribete medio étnico, y una falda cangilona de monja canadiense que te lo juro, no le enciende las pasiones pero ni a Melcochita, cómo te explico. Ahora, hay que comprenderla también. A ver, imagínate que eres una chica judía de NY, tus papás dos intelectuales medio pelmazos pero full políticamente correctos, que desde que tenías dos años te llevaban a escuchar los conciertos de Martina Portocarrero en las cuevas del Village y te prohibían ver televisión porque te alienabas. Alienación te voy a dar y ya sabes por dónde. Bueno, vas al college público con horrores de portorriqueños que te meten mano y no aprenden ni las tres primeras vocales; en cuanta reunión hay del barrio, cantas Gracias a la Vida sin entender la letra y terminan todos llorando, antes de poner el disco de Joan Baez dándole a Cucurrucucú paloma. Estudias Ciencias Políticas y te fascinas con Arguedas y vives convencida de que en Lima las mamachas venden chicha por las calles y el crepúsculo es un sol enorme y dorado con una hoz y un martillo al medio: el paraíso. Te consigues una beca de alguna universidad demócrata de la Ivy League y a la semana aterrizas en Jorge Chávez sorprendida de que en el Perú haya aeropuertos, con lo que te gustaba la idea de que te recogieran en anda las escogidas del inca. Bueno, empiezas a hacer tus contactos y lógico, lo primero que te encuentras es a un musulungo sanmarquino lujurioso que te quiere llevar un fin de semana a Huancayo para iniciarte en la Cuarta Espada. Me lo imagino pintado, hija, de bluyín calzonudo, con camisa celeste de rayón de manga corta, sudor en el bozo y el pelo cochino por antonomasia. En ese week end andino te vas dando cuenta de cómo es la cosa y en el cerebro se te va armando un sancochado, cholita, entre la toma del poder y la rabia que te da tener que hacerle el karaoke a ese mantenido, tal cual le pasó a María Parado de Bellido, que según dicen los recientes estudios de Yale, sus últimas palabras en el pelotón de fusilamiento fueron, “ya estoy harta de aguantar al cholo mujeriego este”, y chau, lo que lejos de quitarle heroicidad, pucha, se la multiplica a mi modo de ver. ¿Te imaginas lo que habrá sido el tal Bellido? Hija, de ahí a tirar bombas hay un paso, y la pazguata de la Lori cayó redonda, hasta con un plano del Congreso dibujado por ella. ¿Tú te puedes imaginar lo enredado que debe haber sido? En fin, la pobre recibió su merecido creyendo que lo peor ya estaba pasando pero no, en el Perú lo peor nunca termina de pasar: se enamora del abogado, ¿tú te puedes imaginar? El tal hombre de leyes, también de la misma organización para más INRI, resulta siendo un cafre que todo el día la compara con su mamacita y la hace sentir que no está cumpliendo con la revolución porque no sabe preparar arroz con pollo… ¡en la cárcel! Ay no, me muero, y yo que ahorita me iba a protestar a la puerta del edificio donde se ha mudado Lori, creo que voy a ir pero a expresarle mi solidaridad. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

 


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