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03/Jun/2010
 
 
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Actualidad García y Obama comenzaron con la inmigración, siguieron con la agenda antinuclear y terminaron en la ópera.

Partitura en la Casa Blanca

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Barack Obama elogió el desempeño económico peruano. “Coincidimos en la necesidad de detener la proliferación nuclear”, declaró AGP en la Casa Blanca.

La velada terminó con la delegación peruana en el palco del presidente en el Kennedy Center. Luego de reunirse con Alan García, Barack Obama lo invitó a acompañarlo a escuchar la ópera Hamlet de Ambroise Thomas. El tenor Plácido Domingo y Patrick Fournillier fueron los encargados de llevar la batuta en esta particular versión dirigida por Thaddeus Strassberger, que sitúa la ópera de 1868 en el contexto de un régimen totalitario, reminiscente de la Guerra Fría de la década del 50.

Y García llegó a Washington precisamente cuando parecen resonar ecos de esos años. Una de las batallas libradas hoy por Obama es la de lograr la reducción de los arsenales nucleares y lograr una zona libre de las mortíferas ojivas en Oriente Medio, complicado aún más esta semana por la condenable muerte a manos de tropas israelitas de nueve activistas que intentaban llevar ayuda humanitaria a la franja de Gaza. “Coincidimos en la necesidad aquí y ahora de detener la proliferación nuclear y en detener el desorden nuclear”, declaró AGP en la Casa Blanca, “por lo que apoyamos firmemente la política del presidente Obama y no creemos que deba haber dilaciones en ese tema”.

De Daisy al TLC

Según lo trascendido no fue mencionado el nombre de la niña peruana Daisy Cueva, convertida en un símbolo para los inmigrantes indocumentados luego del publicitado diálogo que tuvo en su colegio con la primera dama, Michelle Obama. Pero García sí dejó ver su preocupación por la severa ley promulgada por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, que ha motivado la oposición del propio Ejecutivo. García expresó su acuerdo con los planes de Obama, que se inclina por permitir a los indocumentados sin antecedentes penales acceder a la ciudadanía luego de pagar una multa y aprender inglés. Obama plantea de otro lado fortalecer la seguridad fronteriza y penalizar más a quienes tengan empleados indocumentados.

García llevó sus reclamos sobre los productos agroindustriales que todavía tienen problemas fitosanitarios para ingresar a Estados Unidos a pesar de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC). Por lo demás, declaró a la prensa que “ratificamos el acierto de los gobiernos peruanos de haber logrado un TLC que va a fomentar el empleo”. Al respecto añadió que “hoy se reduce en América Latina la influencia del capitalismo de Estado socialista que solo lleva a problemas económicos y mayor pobreza”.

Obama respondió a su turno con los elogios de rigor: “Perú ha sido un ejemplo extraordinario de éxito en los últimos años, no solamente en la solidificación de una democracia frágil, sino de una economía extraordinariamente exitosa... Acordamos continuar (examinando) los detalles del Tratado de Libre Comercio para crear empleos y oportunidades económicas en ambos países”.

Aunque no se discutió la agenda a desarrollarse en la Asamblea de Estados Americanos (OEA) que comienza este fin de semana en Lima (ver nota siguiente), el apoyo ofrecido por García a los esfuerzos antinucleares de Obama no resulta tan lejano a la región como podría creerse.

Hillary vs. Lula

La secretaria de Estado Hillary Clinton criticó hace pocos días a Brasil por el acuerdo tripartito de enriquecimiento de uranio firmado con Irán y Turquía. El 29 de mayo último Clinton advirtió que “le hemos dicho al presidente Lula y al canciller Celso Amorim que hacer que Irán gane tiempo hace que el mundo sea más peligroso”.

Clinton se refiere a las duras sanciones anunciadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El acuerdo estipula que Irán enviará a Turquía 1,200 kilos de su uranio poco enriquecido a cambio de que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) le entregue los 120 kilos de uranio altamente enriquecido que requiere para su reactor de investigación médica.

Pero los temores de los norteamericanos sobre la posibilidad de que Irán alcance a tener la bomba no se han disipado e insisten en que impulsarán el aislamiento iraní en la próxima sesión de Naciones Unidas.

La réplica de Lula fue dura: “¿Cuál es el delito que han perpetrado Brasil y Turquía? ¿Fue el de convencer al presidente de Irán a sentarse para negociar? ¿Qué querían que hubiese acontecido? Cuando Irán decide sentarse para negociar, ellos dicen que ya no vale. No es posible hacer política internacional si no existe respeto mutuo en las relaciones. Brasil ya se ha cansado de ser de segunda división”.

Lula alcanzó a su homólogo. “El lema usado por el presidente Obama en las elecciones, Yes, we can, se refiere más bien a los brasileños”.

Clinton se verá las caras en Lima con el experimentado Amorim. Al canciller José Antonio García Belaunde le tocará fungir de anfitrión y conciliador, a la vez que aterriza su propia agenda de no proliferación de armamento convencional en la región. A diferencia del Hamlet del Kennedy Center, aquí no hay tarima para los dubitativos.

 


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