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06/May/2010
 
 
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Pucha, Conflicto de Intereses

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Ay hija, estoy en una crisis horrible y no sé, o sea, ando entre volver al psicoanálisis o meterme a la cientología, que es regia, solo que te vigilan mucho la cachandanga, y ahí sí que se me complicaría la existencia, yo sé que tú me entiendes… Augusto. Bueno, al grano, preocupadísima por esa historia tan corroncha de la construcción de un puerto en Ancón, pucha, con Maripí Pinillos y Maridé de Osma, que somos anconeras desde cuando te conocías por nombre a todos los heladeros y ninguno te metía mano, o sea, nos pusimos a hurgar con nuestros propios chuponeadores, que los tenemos, en los planes de la empresa de Dioni, para ver cuál sería el impacto del famoso puerto en nuestra vista desde los balcones de nuestros depas, además of course, de lo negativo que sería para toda la gente –demasiada– que viene desde toda la vida los domingos gracias a lo cual desde chiquita aprendí las ventajas de quedarte los domingos en casa porque en fin, ya te imaginarás. Bueno, la cosa es grave, chola, o sea, en el caso de Maripí, que tiene un departamento en segundo piso cerca del edificio de los Chlimper, pucha, su balcón va a dar al vestidor de los obreros del puerto, más o menos a metro y medio de las duchas. Cuando mi amiga se enteró, pucha, no te vayas a creer que se puso muy protestona, al contrario, yo que la conozco como si la hubiera parido le vi un brillito en los ojos, es que a la pobre le encantan los hombres, digamos, de sectores más bien manufactureros que intelectuales, yo sé que tú me entiendes, y no hay guachimán ni chofer ni vendedor de gas que se le escape, pero cuando yo me di cuenta de que por una baja pasión Maripí iba a arruinar nuestro frente de defensa, pucha, le tuve que llamar la atención horrible pero no sé si quedó del todo concientizada. Por su lado, a Maridé de Osma, que tiene dos depas en pisos seis y siete, en uno duerme, en el otro come y vuelve a subir para el almuerzo y a bajar para el drink, y ella jura que es por dinámica y yo sé que es por maniacodepresiva porque cuando le viene la depre se mete a la cama del cuarto de la muchacha y le importa un cuete el balcón. Bueno, a sus dos depas les tocaría dar a una máquina donde se separan los combustibles fósiles de la sanguaza que sale una vez que los pescados, potas, mariscos y pulpos muertos se han podrido, no sé si me entiendes. Cuando Maridé se enteró de eso, qué crees que dijo, “mi marido huele peor, pero en fin, habrá que seguir luchando”. Pero cholita, faltaba yo. Adivina qué me piensan zampar frente a mi balcón de cuarenta metros de largo en un edificio diseñado por Weberhofer en 1951 y que tiene premio de París, Dublín, Río, Amsterdam y Bielorrusia: la oficina del ingeniero Huaroto, así como lo escuchas. ¿Y a qué se dedica el ingeniero Huaroto? Hasta donde sé, chola, es el encargado de machucar el botón que abre las compuertas para que entre un barco y salga el otro, pero ese no es el problema, el problema es el ingeniero Huaroto: metro y medio de corpulencia peruana en forma de olluco de concurso, piernas arqueadas y patizambas (ya me averigüé que en el colegio Guadalupe le decían que tenía los huevos entre paréntesis, cómo te explico), ausencia total de cuello y en su lugar una especie de rollo de lavadora Hoover debajo de la nuca, una pelambrera que al lado suyo la de Evo Morales te parece los bucles de Shirley Temple, bizco como si tuviera un imán entre los dos ojos, jetón, papadón, lampiño pero con cañones que se emiten de cuando en vez entre el bigote y la no barbilla y una voz de pito que te lo juro, pucha, si yo tuviera hacienda lo contrataría de espantapájaros para que les cante a las aves ladronas de sol a sombra. ¿Tú te puedes imaginar mi vida con la ventana abierta al ingeniero Huaroto? Antes me muero autodegollada. Bueno, nos reunimos las tres, convocamos luego a otros vecinos en casa de Maridé (que ese día no salió de la cama y nos dejó el catering a Maripí y a mí, so conchuda), y bueno, al final regio, todo el mundo en pie de lucha. Pero debo confesarte que estoy angustiadísima cholita, porque, ¿qué hago con mi amistad con Dioni, me puedes explicar? O sea, yo estoy siempre del lado de la justicia, del medio ambiente, de la inclusión y del coño de la Bernarda, pero adooooro a Dioni y pucha, no sé qué hacer, ¿Patria o Muerte Venceremos, o mis almuerzos en la casa Goyeneche? ¡Qué nervios! Chau, chau. (Rafo León)

 


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