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06/May/2010
 
 
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Luego de roce con la muerte, ceramista Carlos Runcie Tanaka reaparece con exposición a corazón abierto.

Recorrido Vital

2 imágenes disponibles FOTOS 

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Con curaduría de Jorge Villacorta y producción de la Fundación Wiese, la muestra se inaugura este 6 a las 7.30 p.m. en el ICPNA de Miraflores.

Un video de su corazón desnudo late sobre una pantalla al fondo de la exposición. Antes, el espectador deberá recorrer el camino de papel trazado por el ceramista Carlos Runcie Tanaka. Lo acompañarán durante este recorrido 36 cangrejos de cristal que en la antigua Mesopotamia simbolizaban la puerta de acceso para las almas que descienden al mundo para nacer como seres humanos. Así, con una exposición donde el color y la contundencia de la cerámica han cedido paso a la instalación, el cristal y un par de piezas en blanco, Runcie anuncia que, luego del roce con el escalpelo, su corazón golpea ahora con renovada fuerza. Hace dos años, una dolencia cardiaca lo obligó a pasar por el quirófano y elaborar este “acto de sinceridad”. La muestra, titulada “Into white/Hacia el blanco” es un agradecimiento a todas aquellas personas que con “buena energía y gran fe” hicieron posible que su corazón siga vivo.

–¿Es esta muestra una representación de tu resurrección?
–Tiene que ver con volver a mirar la vida con otros ojos y con otro cuerpo, un cuerpo un poco más cansado, y la posibilidad de retomar una actividad febril y demente con el arte. Aquí, el cristal simboliza la fragilidad. Hoy no puedo amasar la misma cantidad de arcilla de antes, ni cargar los pesos de antes. Una muestra como la del año 96 en San Marcos, con esa materialidad, esos pesos, podrá volver quizás de alguna manera, pero sí creo que va a haber un cambio. Y es irónico, porque entonces hablaba yo de la rotura, de las piezas que se rompen y se cuecen nuevamente como una cirugía en mi horno, y yo tuve que pasar por el mismo tratamiento en persona... Pensé que podía no estar más, no sabía si los ojos se abrirían de nuevo, y escribí un cuaderno. Quería dibujar y dejar puestas algunas cosas sobre papel, y terminé haciendo un manuscrito donde graficaba situaciones que ahora están en esta sala.

–¿Era un diario de muerte?
–Yo diría que era la necesidad y la voluntad desesperada de que se pudiera ver todo ese cuerpo de trabajo que había venido acumulando. Necesitaba en ese momento dejar algo en orden, las instrucciones para que esto se pudiera hacer con o sin Carlos.

–Mencionabas hace un rato que estás ahora en busca de una tranquilidad distinta, ¿cómo es esa tranquilidad?
–Espero que pueda mantener todavía una actividad constante con el arte, con la producción de objetos que me interesan, pero quisiera que no me llevaran a la lucha constante que he tenido. Procesos, proyectos, temas de investigación, han sido constantemente lucha, pequeñas guerras, momentos tenaces de lucha constante... cosas que probablemente no son tan fáciles de ser digeridas.

–Quizá haya llegado el momento ya no de las luchas, sino de las treguas.
–Conmigo mismo, sobre todo. Un paréntesis. Ese “Into White/Hacia el Blanco” tiene que ver con la necesidad de una buena tregua. La paz con el entorno comienza con la paz con uno mismo. Eso es importante, y te hace ver cosas que habías dejado de ver, y comprender otros espacios. Quizás no esté tan lejos la posibilidad de la docencia. Quizás este sea el momento para aportar mucho más en el espacio de la cerámica, del cual me he distanciado un poco al incorporar otros materiales; creo que las instalaciones me han llevado a otro territorio, que es el territorio de las artes visuales y plásticas. (Esta exposición) es un momento que permite a la persona tener un espacio de reflexión. Salimos a la calle y hay bastante ruido. La pregunta sería ¿cómo lleva esta muestra el pulso de una ciudad bulliciosa como esta?

–¿Y cómo lleva ese pulso?
–Como nos llevamos a nosotros mismos. A veces podemos gritar, a veces debemos soportar gritos o ruidos y a veces tenemos que tratar de escucharnos a nosotros mismos. Ojalá, no es tan fácil. La gente con tanta distracción, con tanto ruido, con tanta pelea en la calle por llegar más rápido de un sitio a otro, olvidas, llegas a tu casa y ni siquiera sabes quién eres ni qué estabas haciendo en tu trabajo, ni lo que tenías planeado para tu vida. A veces uno se olvida de uno mismo.

–¿De respirar?
–Sí, acá creo que se puede tener un momento de paz, sosiego, internalizar cosas. Simplemente caminar y, lo has dicho bien, respirar. Y ¿por qué no? Dejar que el corazón lata todavía. (Maribel De Paz)

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