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Corrupción Luego de controversial venta de Petro-Tech, William Kallop compró mansión de casi US$ 14 millones. Fortuna la amasó en el Perú.

Una Manzana en Palm Beach

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William Kallop hace menos de un mes compró US$ 48 millones en acciones de marca Quiksilver.

Una comunidad de surfistas acaba de comentar la paradoja en su sitio web: “Ex petrolero offshore compra 7.2% de Quiksilver”, titulan.

Claro. La exploración de hidrocarburos en el zócalo continental es una actividad que combina con la tabla hawaiana como el agua cristalina con el crudo. En este caso el magnate que amasó su fortuna en el rubro adquiere una significativa participación en una de las marcas de ropa y accesorios más entrañables entre los tablistas.

“Un par de cosas son seguras”, puede leerse en boardistan.com. “El señor Kallop conoce su camino en los negocios internacionales, y su inversión de US$ 48 millones en Quiksilver sugiere que es más bien matonesco con la marca”. En otro sitio de tablistas que se oponen al taladreo offshore (Not the Answer), subrayan el conflicto de intereses. “Es como si Tiger Woods fuera anfitrión del evento del marido del año”.

Cuando en boardistan señalan que William Kallop sabe por dónde se mueve (“knows his way...”) hacen alusión al remoto caso del Perú, un país con más olas que petróleo donde la empresa Petro-Tech, propiedad de Kallop, fue ligada “a la peor crisis política de la administración de Alan García”.

Un tercer sitio de negocios relacionados con la tabla, Transworld Business, calcula que la transacción del pasado 15 de abril significó US$ 1.3 millones de ganancia inmediata para Kallop por los vaivenes bursátiles. La acción de Quiksilver pasó en pocas horas de US$ 5.35 a US$ 5.49.

La Casa della Porta

Con el interminable cuento de los “petroaudios” siempre hay que volver al principio: había una vez intereses industriales que gatillaron la difusión de unas conversaciones “chuponeadas” que hasta hoy, un año y medio después, siguen dictando la agenda periodística gracias a sus capítulos anexos.

Como lo explica en detalle en las páginas siguientes, Daniel Saba de Perupetro cree firmemente que los intereses en cuestión eran los de Petro- Tech. Es la primera vez que el sobreviviente político de esta historia, recientemente ratificado en su puesto por el presidente Alan García, hace declaraciones tan directas al respecto.

La de Quiksilver es la más reciente movida financiera de Kallop. Desde la controversial venta de Petro-Tech por US$ 900 millones en febrero del 2009, el empresario no ha vuelto al Perú. Ni siquiera para el nacimiento de los mellizos que tuvo con su esposa peruana, Cristina Newall.

Sí se ha preocupado en conseguir el mejor hogar posible. En agosto del año pasado adquirió una famosa mansión de Palm Beach, en Fort Lauderdale, por US$ 13.9 millones. Kallop también parece conocer su camino cuando se trata de obtener lo que desea. La casa 195 de Vía del Mar no estaba en el mercado cuando se firmaron los papeles.

Su primer dueño fue William McAneeny, presidente de la Hudson Motor Car Company (1928). El último, y quien le vendió la casa a Kallop, fue Gerald Vento, mogul de la telefonía y comunicaciones.

Casa della Porta debe su nombre a la entrada que presenta motivos mitológicos trabajados durante seis meses por labradores de piedra italianos. A juzgar por la foto aérea de estas páginas, la nueva mansión Kallop deja a las de los vecinos millonarios como humildes chalés frente al mar.

Leven anclas

El selectivo gusto de Kallop no se limita a sus domicilios. Ahí nomás tiene anclados sus yates. El primero también ha tenido varias vidas. Fue construido en 1931 para Sewell Avery, el poderoso empresario de las cadenas de tiendas de departamentos Montgomery Ward. Avery se opuso con vehemencia al New Deal de Franklin Roosevelt, que le expropió las tiendas y el yate, entonces llamado Leonore.

Con el tiempo, Leonore pasó a ser la nave de uso personal del presidente de los Estados Unidos. El yate presidencial. Cada mandatario le cambiaba de nombre pero el más recordado es el de Honey Fitz, puesto por John F. Kennedy.

El yate de unos 40 metros fue vendido a un privado en 1970. Kallop lo compró por casi US$ 6 millones y en el 2002 invirtió US$ 2.3 millones más en su restauración.

La segunda embarcación es La Diva. La fecha exacta de la compra por parte de Kallop no es conocida, pero en el 2005 se ofrecía en el mercado por US$ 3.75 millones. El nombre original del yate de 31 metros y medio es Ivana. Eso es por Ivana Trump, la ex esposa del archimillonario y propietario original Donald Trump.

Los medios especializados registran que la pareja Kallop-Newall ofrece fiestas en ambos yates e incluso los alquilan para eventos lujosos. Una de las más comentadas fue la que Cristina brindó en enero del 2008 en honor a su amiga peruana Nina Thais Bazo Nanfi, que se casó con el norteamericano Albert Mendez de la Bourdonnais.

Hay que advertir que, a diferencia de las transacciones de Quiksilver y Casa della Porta, la compra de los dos yates se realizó antes de la venta de Petro-Tech. Así se entienden mejor las dimensiones del muy cuestionable negocio descrito por Saba, que alude a la “tolerancia” anterior frente a una empresa que debía decenas de millones de dólares en impuestos, se apropiaba del gas que le pertenecía al Estado peruano y dejó inservibles varias de las plataformas marinas.

Y todo lo consiguió con un contrato de servicios, donde le sirvieron en bandeja la fortuna y no tuvo que explorar nada. Al lado de esta historia, Alberto Quimper es un calichín que juega a la boquilla. Los profesionales guardan silencio y levan anclas en Palm Beach.

 


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