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06/May/2010
 
 
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Tauromaquia José Tomás habría muerto de no ser por la mano de su banderillero Alejandro Prado.

Salvado Por un Puño

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Espanto en los tendidos de Aguascalientes, México, al ver el pitón hacer carne en muslo de Tomás. Se pidió sangre por los altoparlantes de la plaza.

José Tomás, el “Emperador” actual de los ruedos, (pide US$ 500,000 por corrida en plazas de primera), el pasado sábado 24 de abril sufrió una cogida gravísima en la Plaza Monumental de Aguascalientes (México). Por culpa de la espada venía de perder las 2 orejas de su primer toro, y en su segundo se la jugó tratando de meter al toro en unos derechazos de tanteo un poquito movidos (lo cual es inusual en su forma de torear) para intentar acomodarlo y, lógicamente pararse, quedarse quieto y empezar la faena con su propia marca de fábrica, que es la quietud y el aguante sumos a la media distancia. Quiso despegarse del toro con un pase del desprecio y al descubrirse (porque el toro no le hizo caso) el astifino de Garfias, de nombre “Navegante”, lo enganchó por el triángulo de Scarpa. Tienen en México lo que para mí constituye un vicio, que es pegarles a los toros demasiado con la puya (a la antigua), con lo cual se bajan mucho, tienen poco recorrido, se revuelven y se defienden. Las ganaderías mexicanas no valen hoy gran cosa. Esta cogida en la ingle le seccionó la arteria femoral y contusionó el resto de grandes vasos adyacentes, como la arteria iliaca y la vena safena. Se paró el reloj. Se apagaron los sonidos, aunque se veía a los espectadores con los rostros desencajados y las bocas abiertas por el horror de un grito general orquestado al unísono. Y todo se veía como en cámara lenta, el surtidor de sangre que salía de la taleguilla, y el torero llevado por las asistencias a la enfermería con su cara inmensamente pálida, porque estaba quedándose exangüe. Y mientras todo esto sucedía un humilde banderillero de nombre Alejandro Prado Mirelés le metió el puño en la herida hasta llegar a la enfermería… y le salvó la vida. Por los megáfonos de la plaza se pedía a los presentes que donaran sangre del tipo A negativo.

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Desde el comienzo del toreo las cogidas con rotura de arteria femoral o vena safena, o ambas eran mortales de necesidad por el desangramiento que producían, incapaz de ser cortado por el atraso de la medicina quirúrgica de entonces y la ineficacia y casi inexistencia de enfermerías adecuadas. El torero perdía sangre continua y rápidamente. Los torniquetes no servían sino para dilatar la agonía y la consiguiente muerte unos cuantos minutos más. ¿Media hora quizás? Definitivamente si a José Tomás, le hubiera pasado esto en aquel entonces, estaría hoy muerto irremediablemente. Pero aunque la enfermería de Aguascalientes no era ningún dechado de modernidad, varias circunstancias importantes se unieron para que hoy José Tomás esté en el mundo de los vivos. La circunstancia de que los doctores estuvieran muy avispados y solícitos para estabilizar la hemorragia; la de que aterrizara un helicóptero con plasma en el centro de la plaza por decisión y orden del gobernador inmediatamente ejecutada; la de que lo trasladaran con mucha policía motorizada al Hospital Antonio Hidalgo y la de que lo operaran sin anestesia para ganar tiempo, por espacio de tres horas y media, para posteriormente pasar a cuidados intensivos.

La cornada de Ostos

Comparándolas fue más grave la terrible cogida que sufrió Jaime Ostos el 17 de julio de 1963 en Tarazona, en Aragón, España. Hacía mucho viento y éste le levantó la muleta en el instante en que se volcaba para matar al volapié, con lo cual el toro lo encarnó en el triángulo de Scarpa seccionando en parte las venas safena y femoral y partiendo la iliaca. En esta cogida también hubo un ángel salvador que enterró el puño en la herida, el rejoneador Ángel Peralta, que había toreado esa tarde. Él le salvó la vida. En la enfermería, que por azares del cielo, estaba muy bien dotada, le pusieron más de doce litros de sangre en transfusiones, le dieron la extremaunción, los médicos firmaron el acta de defunción… pero… no llegó a expirar. No lo pudieron tocar para sacarlo de la enfermería y llevarlo a un hospital porque se moría irremediablemente. Estuvo entre la vida y la muerte y más en la muerte que en la vida durante 10 días en la enfermería. Y el propio Jaime Ostos cuenta en el diario ABC de Madrid, el pasado 27 de abril, a propósito de la cogida de José Tomás: “cuando me trasladaron a Zaragoza estuve cuatro o cinco meses sin saber si viviría o moriría. Y otro tanto tiempo tuvo que dormir un médico al lado de mi camilla, pues tenía la pierna morada y se presumía una posible gangrena”. Y en estas mismas declaraciones al ABC agrega: “Al igual que José Tomás yo también me desangré prácticamente. Pero las cornadas no duelen. En esa descarga de adrenalina no se siente el dolor, éste llega cuando se enfría la herida. Tampoco duele que un manantial de sangre se precipite por la taleguilla. La pérdida de sangre provoca una sensación y una muerte muy dulces, incluso se ven colores que nunca se encuentran en el regreso a la realidad”.

Pocos años después, estando con Jaime Ostos en Marbella en la piscina de la casa de Lita Trujillo (hija de Radamés Trujillo), su novia, le vi el muslo seccionado que parecía una pata de jamón serrano cortado por la mitad. ¡Impresionante! Definitivamente esta gran pérdida de sustancia no ha existido en el caso de José Tomás. Dentro de la extrema gravedad de este percance las cosas se juntaron para que el torero de Galapagar saliera de esta situación de la mejor forma posible. He leído por ahí que la primera noticia jubilosa transmitida al exterior fue el comentario por teléfono a España de su hermano Andrés, 48 horas después de la cogida, y que decía textualmente: “José está de puta madre”. Sin embargo, ha habido nubes tormentosas, negruras estelares y especulaciones fatalistas en el planeta taurino sobre la gravedad de la cogida de José Tomás que, aun siéndola, ha tenido una suerte inmensa. Hoy, mientras escribo esto, sábado 01 de mayo, me entero que lo están dando de alta. La pregunta que concierne a los peruanos es: ¿Toreará en la feria de Acho? Nada se sabe. Ostos vaticina que no podrá torear este año en Madrid, que “es recomendable que no se precipite, pues las consecuencias pueden ser gravísimas. En mi caso, me dijeron que cualquier otra cornada en esa zona sería suficiente para que me cortaran la pierna”. Pero con José Tomás es muy difícil hacer vaticinios porque a él no le gustan, es un determinista consumado y para él “lo que tenga que ser, será”. Por eso, siempre que se pone delante de un toro, lo espera, lo cita, y cuando éste se le aproxima no mueve un músculo sino solo la mano con el engaño, pase lo que pase porque él está seguro de que “lo que tenga que ser, será”. Ahora el aficionado peruano se pregunta: ¿Vendrá? ¿Dejará de venir? La respuesta pasa por la cabeza de José Tomás. Y tan fácil es que diga que sí, que viene, como que ocurra lo contrario y para ello no cuenta lo que los médicos puedan o no aconsejar. Deshojar la margarita de la duda es lo que nos queda. (Por el Marqués De Valero de Palma)

 


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