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Edición 2125

15/Abr/2010
 
 
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Ay que Chica tan Ordinaria

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Ay cholita, tiene mal aliento, los codos rugosos, pata de gallo, come como una verdulera y habla peor que el esposo de la verdulera, no sabes la desilusión. Claro, yo acepté acompañarla un día solo porque me lo pidió Mario porque a mí Mario me puede pedir que aplauda desde mi asiento cuando aterriza el avión y feliz lo hago, clap, clap. Pero pucha, fue demasié la tal Kate. Ya nos habíamos conocido una noche en una fiestecita en Londres, ¿ya?, cuando ella andaba con Johnny Depp, pero resulta que el joven, al que las hormonas parece que la juegan sus buenas pasadas, me vio y no paró hasta arrinconarme contra un biombo diseñado por Miyaki que con el peso se vino abajo con todo y nosotros, y caímos encima de una parejita que estaba en una folladera de esas de juicio final, y cuando los miro bien, pucha, eran ni más ni menos que Ricky Martin con Elton John, ¿tú te puedes imaginar la incomodidad? Por ahí cerca andaba Bianca Jagger (la momia Juanita in person) y me acuerdo que la escuché decir, “¿cuál sopla la nuca y cuál muerde la almohada?” y no entendí nada pero en fin. La cosa es que la tal Kate esa noche me odió, tanto que cuando Mario nos presentó acá en la comida donde Natalia Majluf (que estaba reeeeegia, no sabes), pucha, la chica se hizo la que nunca me había visto, a mí con chapitas premiadas. Al día siguiente me llama Mario para decirme que estaba haaarto de la Moss y que un día más con ella y acababa con todo, tanto que se fue a mirar el puente Villena Rey para hacer su planning y cuando se dio cuenta de que el puente está forrado para que nadie se tire, pucha, ahí decidió buscarme, qué sano, ¿no? Pero bueno, había que acompañar a la doña en su hotel porque cuando está sola es capaz de inyectarse la pasta de dientes en la yugular la chica, pobre. Bueno, nos encontramos en la cafetería, ella estaba delante de una rama de apio con limón y sin siquiera saludarme, me dijo, “comí la mitad de eso, me iba a engordar dos kilos, lo acabo de vomitar, que no se enteren mis fans porque si no, para tener algo mío, van a ir a buscar en los desagües de esta cosa que ustedes dicen que es una ciudad pero que a mí me parece Afganistán”. Hija, yo que no he nacido ayer, empecé por saludarla y preguntarle cómo la estaba pasando y contestó con una ladeada de jeta bien ordinaria la verdad y luego, agárrate, saca una cajetilla de cigarros y prende uno en medio de la cafetería que reventaba de gente regia. Pucha, yo de la vergüenza me levanté y me fui al baño, chola, y desde ahí escuchaba cómo la flaca adefesiera le gritaba al mozo, que había ido a decirle que apague el pucho, que él seguro era un hijo bastardo de Atahualpa y que se regresara a su imperio a joder a las esposas del inca y que a ella la dejara en paz. Ahí fue que decidí llevármela al solarium del hotel, hija, a ver si echada se relajaba y bueno, entramos, ella buscó la ventana más grande y expuesta a la mayor cantidad de gente posible, se sacó todo menos el calzón (con hueco, aunque no lo creas) y se puso a tomar sol de una manera tan casual como cuando yo le bajo la pestaña a un caballero al que anhelo levantarme. Y claro, al instante la vereda era un solo de cambistas, maestros del SUTEP, mineros informales, reservistas, vendedores de lotería y etcétera, peleando por mirarle las chichis a la Moss, no sabes cómo todos sacaron celular y foto para aquí, foto para allá, yo me quería morir. Mientras tanto, cholita, yo también estaba haciendo topless pero con tal dignidad que nadie del público improvisado se atrevió siquiera a mirarme más de la cuenta ni a “hacerme joto” como a veces dicen ellos. Cuando la víbora de la Moss notó eso, ¿sabes tú lo que me dijo?, adivina: “No reparan en ti porque como tienes las tetas caídas, no se nota que están en topless”. Hija, en ese momento terminó mi rol de amiga de Kate Moss, porque hecha una princesa me levanté y me fui y en el camino llamé a Mario a pedirle que retire mi retrato de su exposición Portraits, porque la curadora me había puesto junto a esa impresentable, así que si notas que yo no estoy, ya sabes a qué se debe. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

 


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