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Internacional La historia de Estados Unidos registra 20 atentados contra sus presidentes, cuatro de los cuales resultaron letales y en dos los mandatarios resultaron heridos.

Asesinatos Históricos

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Después de matar a Lincoln, el actor John Wilkes Booth saltó del palco al proscenio.

Los asesinatos:

Abraham Lincoln, 1865, muerto por Wilkes Booth, actor y simpatizante de la derrotada Confederación sureña, de un tiro en la cabeza mientras atendía una función teatral. Doce días después un sargento encontró y mató a Wilkes.

James A. Garfield, 1881, a los cuatro meses de asumir el poder. Charles Julius Guiteau, un enajenado mental, le disparó con un revolver Bulldog. Guiteau fue capturado, juzgado y ahorcado.

William McKinley, 1901, en el Templo de la Música de la Exposición Panamericana, recibió dos disparos de Leon Czolgosz, un anarquista. Czolgosz se salvó de ser linchado para ser electrocutado después con tres descargas.

John F. Kennedy, 1963, muerto en el auto presidencial en Dallas de un disparo de rifle. El francotirador fue Lee Harvey Oswald. Éste fue capturado poco después, pero al ser conducido de la comisaría a la cárcel de Dallas fue a su vez muerto por Jack Ruby, dueño de un cabaret y admirador de Kennedy. El caso fue investigado durante un año por la Comisión Warren, la que llegó a la conclusión que ambas muertes se debieron a la iniciativa individual de los homicidas y no a una conjura.

En 1979 un Comité Selectivo de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos Presidenciales llegó a la conclusión que la muerte de Kennedy pudo ser parte de una conjura, pero no añadió información confirmatoria.

Lo que sí resulta significativo es que en ese año la derecha sureña había circulado volantes acusando a Kennedy de traidor, atacando la figura presidencial con una saña que se acerca a la que actualmente se utiliza contra Barack Obama.

Asesinatos rumoreados:

Zachary Taylor, 1850, a los cinco días que se enfermara y los médicos le diagnosticaran cólera, tifoidea y gastroenteritis ocasionada por envenenamiento alimenticio. Treinta años después se exhumaron sus restos y se encontraron rastros de arsénico.

Warren G. Harding, 1923, a la semana de enfermarse en un viaje de retorno de Alaska, como consecuencia presunta de consumir alimentos en mal estado. Su esposa se opuso a que se realizara una autopsia, por lo que surgió la hipótesis que ella, resentida por las aventuras adúlteras del Presidente, propició el desenlace. Pero nunca fue acusada y la versión se basó en un libro, ‘La extraña muerte del Presidente Harding’, publicado siete años después.

Atentados con heridos:

Theodore Roosevelt, 1912, como candidato buscando una reelección. Un mesero con problemas mentales, John Shrank, le disparó cuando se dirigía al estrado. Roosevelt tenía un discurso de 50 páginas doblado en dos en el bolsillo, lo que amortiguó el tiro, pero la bala llegó a entrarle parcialmente. Roosevelt insistió en dar su discurso y allí comentó que “se necesita más de una bala para tumbarse a Bull Moose” (alce macho, su apodo). Así perpetuó su leyenda histórica. Schrank murió en un manicomio en 1943.

Ronald Reagan, 1981, a la salida del Hotel Hilton de Washington fue abaleado por John Hinkley, un desconocido desvariado y enamorado de la actriz Jodie Foster, a quien quería impresionarla así. También hirió a un policía, a un miembro del Servicio Secreto y a James Brady, el secretario de Prensa de la Casa Blanca, quien quedó inválido. Reagan se repuso sin consecuencias de una herida en el vientre.

Otros atentados:

Andrew Jackson, en 1985, por un pintor de brocha gorda que le disparó dos veces sin alcanzarlo.

Franklin D. Roosevelt, en 1933 en Miami, cuando era presidente electo. Un inmigrante italiano disparó cinco veces, matando al alcalde la ciudad.

Harry Truman, en 1950, cuando dos independentistas de Puerto Rico abrieron fuego intentando entrar a Blair House, residencia presidencial alterna. Hubo muertos y heridos.

Richard Nixon, 1974, cuando un hombre secuestró un avión de pasajeros con la intención de estrellarlo contra la Casa Blanca. Pero el atacante fue muerto antes de despegar.

Gerald Ford, en 1975, en el Capitolio de California, cuando una seguidora del siniestro Charles Mason intentó disparar un revólver cuando el Presidente buscaba darle la mano.

Meses después otra californiana disparó contra Ford a una distancia de 12 metros sin darle. Motivos desconocidos.

Finalmente, en 1976, un chofer de taxi se metió en el jardín de la Casa Blanca blandiendo un tubo metálico. Confrontado inútilmente por un guardia, fue muerto.
Jimmy Carter, en 1979, cuando estaba a punto de hablar en Los Ángeles. La Policía descubrió a un hombre armado entre la gente que dijo era cómplice de un francotirador mexicano contratado para asesinar al Presidente. Lo soltaron porque no se pudo confirmar su versión.

George H. W. Bush, en 1993, un auto bomba fue introducido en la universidad de Kuwait mientras hablaba el Presidente visitante. Fue descubierto a tiempo, y 16 iraquíes enviados por Sadam Hussein apresados.

Bill Clinton, 1994, un atacante suicida estrelló su avioneta Cessna en el jardín de la Casa Blanca con la intención de llegar al edificio. La familia presidencial no estaba en Washington.

Un mes después, un hispano disparó una ráfaga de 29 tiros contra la Casa Blanca desde una cerca sin pegarle a nadie. Tres turistas lo dominaron. Tenía una nota suicida en el bolsillo.

En el 2006, cuando el ya ex presidente visitaba Manila, se descubrió un plan de Al Qaeda para atacar su comitiva vehicular. Un detenido dijo que el plan se abortó ante los dispositivos de seguridad.

Gerore W. Bush, en el 2001, un hombre con problemas de empleo disparó varias veces desde la reja que rodea la Casa Blanca hasta que un agente del Servicio
Secreto lo hirió.

Ese mismo año, el Servicio Secreto detuvo y retiró a un grupo de caballeros de origen árabe que decían tener una cita con Bush en su hotel en Florida. Pocos después, desaparecieron. Testigos dijeron haber visto a Mohamed Atta, el cabecilla del atentado contra las torres, en el mismo hotel en los días que estuvo Bush.

En el 2005, Bush estaba dando un discurso en Tbilisi, Georgia, cuando un hombre tiró una granada hacia el estrado. La granada no explotó porque el pañuelo con que la habían envuelto para disimularla retuvo el detonador.

En el 2008 un hombre, Asa Sepley, fue detenido en la estación de trenes de Baltimore camino a Washington armado con un rifle. Previamente había dicho a varias personas que iba a matar a Bush. Todavía está adentro.

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