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Edición 2117

18/Feb/2010
 
 
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Esta cantante es un verdadero vendaval de pasiones, un corazón a punto de estallar.

Alejandra Llosa: Mecha Encendida

9 imágenes disponibles FOTOS 

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Despeinada Aha-Aha-Aha
“Tú tienes una carita deliciosa...pero tu pelo es un desastre universal”. Palito Ortega.


Era una chica rara, o en todo caso precoz. A los seis años ya recitaba de memoria poemas completos de César Vallejo y García Lorca en su colegio, Los Sagrados Corazones, de Arequipa. Ganó varios concursos interescolares de poesía. Solo tenía 12 años cuando sus profesoras, impresionadas por el corte lírico de su voz, movieron cielo y tierra para incorporarla al coro del colegio que en esa época estaba integrado únicamente por chicas del quinto de secundaria.

Es que de raza le viene al galgo. Su madre, Mary Ann Ricketts, cantaba como aficionada en su adolescencia, pero otros familiares sí se tomaron el canto en serio: Su bisabuela, Julia Rey de Castro de Ricketts, estudió canto lírico en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París y fue una soprano de coloratura muy respetada en Arequipa. Su tío abuelo, Fortunato de Orbegoso, fue un tenor trujillano que llegó a cantar en la ópera de Venecia y a quien se le recuerda por el gran concierto que dio junto a Ima Súmac en la ciudadela de Chan Chan.

Alejandra, rockera de 28 años, es un alma romántica y el desamor es su motor y motivo para componer. Terminado el colegio en Arequipa, se fue a vivir a la capital. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima, a la par que estudiaba música y hacía sus prácticas preprofesionales en CARETAS. Después pasó a otras publicaciones como las revistas Caras y Cosas. Fue reportera del programa noticioso 90 Segundos, de Frecuencia Latina, y finalmente formó, junto a su familia, una empresa editorial, Unimundo, de la que ahora es editora en jefe. Pero su pasión, ya lo hemos dicho, es la música.

Porque ella es una rockera de corazón, Led Zeppelín, Steve Vai, The Who y David Bowie, entre otros, fueron sus CDs de cabecera. Y también los primeros covers que intercalaba con canciones de su propia autoría en los escenarios de El Cocodrilo Verde, de Miraflores, y en La Noche y La Estación, de Barranco. “En mis inicios tocaba mucha guitarra eléctrica”, recuerda. “Le agarré un amor loco. Mi primera guitarra eléctrica la armé con partes de otras viejas, atornillé las maderas, las contraplaqué y la pinté de negro. Luego tuve una guitarra electroacústica Yamaha APX-12A, igualita a la de Pedrito Suárez Vértiz. Y después me compré una Stratocaster muy linda, con la que tocaba mucho blues”.

Rasgando esas cuerdas, Alejandra compuso cientos de canciones basadas en sus propias historias. En 2007 publicó su primer disco, ‘Es verdad’, y para este verano lanza ‘No pares’. Son veinte canciones “no precisamente de un corazón partido, pero sí un corazón con muchas abolladuras”, dice la cantautora. Y es que sus letras parecen haber sido escritas durante aquellos momentos de melancolía que preceden a un rompimiento con el ser amado. Algo así como la triste calma después de la tormenta. Ella se defiende así: “Mis canciones son canciones de una mujer herida, sí, pero tienen un swing que te revive”.

¿Por qué ‘No Pares’?
–El nombre del álbum es un consejo que me dieron los buenos amigos. Me dijeron que nunca dejara de hacer música, que la música soy yo, y, de verdad, ya no puedo vivir sin escribir canciones, sin tocar, sin hacer conciertos.

¿Tienes enamorado?
–No, acabo de terminar una relación de un año.

Entonces vas a sacar un tercer disco. Debes tener mucho material para comenzar a escribir.
–Lo estoy pensando, pero no por este rompimiento. Mis canciones no solo son típicas canciones de amor. Más bien, son experiencias que estoy segura todos han tenido. Y, sí, es cierto, me enamoro y desenamoro todo el tiempo. Soy una romántica empedernida. Qué le vamos a hacer.

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