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El distrito de Ate, nacido con la República, guarda más de un atractivo histórico. El enigmático complejo de Puruchuco es apenas el más conocido. Sus tierras albergaron a figuras como Andrés Avelino Cáceres, Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. También fue escenario de la gesta por las ocho horas laborales. Su historia no deja de sorprender.

Late Que Ate

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El milenario legado de los pobladores de Ate.

Desde tiempos inmemoriales, el pueblo de Ate ha derrochado coraje. Antes de los españoles, fue habitado por tribus y comunidades de tendencia guerrera, según los historiadores. En la República, fue cuna de la lucha sindical que conquistó las ocho horas laborales. Hoy, se traza un camino de modernización nunca antes imaginado.

El señorío de Lati, antecesor pre-hispánico del distrito, surgió de una recia comunidad aymara que se instaló en la zona cuando cayó el imperio Huari. ‘Lati’ devino en ‘Ate’ cuando la poblaron los españoles. Fueron los occidentales quienes dividieron las fértiles tierras en parcelas y crearon los fundos que subsistieron hasta hace 30 años.

El Palacio de Puruchuco, que funcionó principalmente en el periodo Inca, habría sido la residencia de élite de una autoridad local. El complejo sincretiza la cultura imperial y la local, posiblemente ychma. Los primeros españoles la llamaron ‘San Mateo de Huamán de Huaco’. Según se presume, nombre de un cacique o jefe que conocieron.

Según la historiadora María Rostworowski, el curacazgo ychma de Lati –hoy Ate– fue el punto de concentración de las fuerzas incaicas que, comandadas por el general Quizu Yupanqui, intentaron reconquistar Lima en nombre de Manco Inca, en 1536.

En 1539, parte del distrito fue entregada como encomienda al conquistador Miguel de Estete. Según las crónicas, él fue quien empuñó su espada contra Atahualpa pero hirió a Francisco Pizarro, quien interpuso su mano, en Cajamarca. Luego se fundó la “doctrina” de Santa Cruz de Late, a cargo de curas mercedarios. En 1570, cuando fue visitado por el virrey Francisco de Toledo, organizador colonial, tenía 312 habitantes.

En 1584, una carta de Chumbi Murmu, que habría sido el último curaca de Puruchuco y habitaba la reducción indígena de Ate, alegaba a las autoridades la imposibilidad de pagar los tributos. Desde 1761, la Colonia nombró alcaldes. La zona de Ate tuvo 22.

Este territorio era surcado por el antiguo canal de Ate, que nacía a la altura del kilómetro 6,5 ó 7 de la actual Carretera Central, a casi 400 metros sobre el nivel del mar. Luego de regar la hacienda de Pedro de Ubiarte (luego Vitarte), fertilizaba las tierras de los fundos Mayorazgo, Puruchuco y Melgarejo, para luego regar La Molina, Camacho y terminar en el Estanque de Chacarilla, vecino de la hacienda de San Juan.

Rendirse jamás

Al nacer la República, la historia de Ate siguió ocupando un lugar privilegiado. El 4 de agosto de 1821, a una semana de proclamar la independencia, José de San Martín creó por decreto las provincias y distritos del Perú republicano. Ate nació como distrito.

Treinta años después, el apogeo de la agroindustria y el inicio de la industria textil empezaron a transformar el distrito. Entre 1855 y 1862, el presidente Ramón Castilla otorgó terrenos de la zona de Vitarte al colombiano Carlos López Aldana, para impulsar el desarrollo de la industria nacional. López Aldana fundó la fábrica de tejidos Vitarte, lo que dio lugar a la construcción de viviendas para los obreros y sus familias. Así se formó el pueblo de Vitarte, ahora considerado como la capital del distrito de Ate.

En enero de 1881, al caer Lima en poder de los chilenos, se formaron en Ate grupos de milicianos para combatirlos, liderados por Andrés Avelino Cáceres. Cuatro años después, la zona fue estratégica en la lucha del “Héroe de la Breña” contra el general Miguel Iglesias, que había firmado el Tratado de Ancón (1883) y ejercía la presidencia.

El poblado de Vitarte tiene especial valor histórico porque aquí se inició el movimiento sindical peruano. En 1896, sus habitantes realizaron la primera huelga de obreros del país. Asimismo, fueron los gestores para que el gobierno de José Pardo emita dos leyes hito en el reconocimiento al trabajador: la supresión del trabajo dominical, en diciembre de 1918, y la que fija la jornada laboral diaria de 8 horas, en enero del 1919.

La demarcación territorial de Ate fue recortada sucesivamente con la creación de nuevos distritos limeños: Chaclacayo (1926), La Victoria (1944), Santiago de Surco (1944), El Agustino (1960), San Luis (1960), La Molina (1962) y Santa Anita (1989).

Un ilustre vecino de Ate fue Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Apra y ex presidente de la Asamblea Constituyente de 1979. En su residencia conocida como Villa Mercedes, realizó coloquios y pasó sus últimos días, hasta su fallecimiento en agosto de 1979. El último lunes 8, el presidente Alan García, al suscribir proyectos viales en el distrito, expresó: “Yo quiero a Ate, porque es la casa de Haya de la Torre”.

José Carlos Mariátegui también participaba en el movimiento sindicalista de los obreros de Vitarte, a quienes apoyaba desde su publicación La Razón. El “Amauta” y Haya de la Torre sembraron un árbol en la zona de Vitarte, que hasta ahora reverdece.

Desde 1980, la población del Ate experimentó un aumento acelerado, principalmente por la migración. Pobladores del centro del país llegaron escapando de la violencia terrorista y la crisis del agro. Este crecimiento urbano trajo como consecuencia la pérdida del 90% del área agrícola. Asimismo, aumentaron las actividades terciarias, como el comercio ambulatorio, microtalleres y una variedad de industriales informales.

Los pobladores de Ate parecen no rendirse nunca. Como sus antepasados, luchan con rudeza ante la adversidad. Ayer, los invasores o el abuso de los poderosos; ahora la pobreza. El futuro del distrito se avizora como un resultado próspero de este esfuerzo.

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