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Crónica Tras diez años recorriendo el Perú, un paraje para preservar el entusiasmo viajero.

Tiempo de Kantupata

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Una nueva mirada de Machu Picchu, desde el sitio Intipunco, camino a Kantupata. Esta, puesta en valor, ayudaría a descongestionar Machu Picchu.

Fotos: BILLY HARE

Diez años recorriendo un mismo territorio vuelven escéptico al más entusiasta de los viajeros. Aún en el Perú, donde lo sorpresivo es más frecuente que lo previsible y los objetos en movimiento resultan siempre siendo mucho más interesantes que los museos o los mudos restos arqueológicos que al final de cuentas no pasan de ser piedra sobre piedra. Tiempo de Viaje cumple una década en el aire, en la televisión peruana de cable, cerca de trescientos programas producidos en rodajes de diez a uno, es decir, con grabaciones de cinco o seis horas para editar capítulos de 24 minutos.

El archivo de imágenes de Tiempo de Viaje, propiedad de Media Networks Perú, es sin lugar a dudas el más completo y complejo de los que existen sobre el Perú, pues el programa no se ha limitado a grabar los lugares comunes de la imaginería turística sino que desde sus inicios se ha esforzado por buscar otra estética, otra ética y sobre todo, el impávido encanto de lo real, sin idealizaciones y con contadas caídas en el cliché. No podemos ser modestos a la hora de enfrentar este aniversario, el equipo de Tiempo de Viaje se dispone a seguir a la caza de lo que nos impide ver aquello que Julio Ramón Ribeyro llamó “la pequeñez de nuestros reflejos urbanos”.

Andén para una flor

Un lugar paradigmático en la concepción de Tiempo de Viaje es Kantupata, nombre quechua que significa “andén del kantu”, donde andén es la terraza de cultivo y kantu, una flor (Cantua buxifolia Juss), una pequeña campanilla que puede ser roja, amarilla o lilácea, asociada entre los incas a los cultos al agua, presente en la maskaipacha de los gobernantes imperiales y pieza esencial en los ritos de iniciación de los jóvenes en la ceremonia del Huayrachicuy. Kantupata se emplaza dentro de los límites del Santuario de Machu Picchu, entre los conjuntos de Phuyupatamarca y Wiñay Wayna, a unos 3,300 metros sobre el nivel del mar. Para llegar es necesario subir por un sendero que parte de Intipata, en el Camino Inca, que en unas cinco horas nos coloca ante una sólida escalera de piedra, luego de habernos llevado por el bosque tropical, el bosque de nubes, el bosque enano y otra vez al bosque de nubes… en menos de nueve kilómetros de caminata. Una joya de corona para cualquier trekkero del planeta.

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Se encuentra en los los límites del Santuario de Machu Pichu, a 3300 metros sobre el nivel del mar.

Entre lianas, orquídeas…

A pesar que la noción de descubrimiento arqueológico es obsoleta por colonialista, diremos que Kantupata fue descubierta por el arqueólogo cusqueño Manuel Silva en el año 1990. Silva en ese entonces dirigía las investigaciones en Intipata, un gigantesco conjunto de andenerías convexas en las que se sembraron más de veinte variedades de tarwi y que asciende por la montaña desde los paramentos de una huaca asomada al vértigo de la quebrada del Vilcanota. Honorato Huillca, obrero del proyecto y dueño de una vaquería cercana, refirió a Silva la existencia de un resto único: “…entre lianas, orquídeas, los curcur, intimpas, queuñuas, uncas y árboles que están entre brumas y nieblas espesas, se encuentra una ciudad perdida que solo las aves y los animales del bosque conocen”. No lo pensó dos veces Silva y guiado por Huillca llegó al lugar, que hay que decirlo, había sido mencionado por el arqueólogo Leoncio Vera en la bitácora de una visita que realizó en 1985 y del que solamente destacó la presencia de escalones de piedra.

La energía del agua

Manuel Silva, funcionario del INC, de inmediato informó a su entidad sobre el hallazgo pero fue recién en 2005 cuando se comenzaron los trabajos arqueológicos a cargo de la entidad académica Poquen Kanchay, dirigida por el arqueólogo y antropólogo Theo Paredes, de la mano con Manuel Silva. Paredes había creado esta institución con la finalidad de profundizar en la medicina tradicional andina y, a la luz de los avances de la Física Cuántica, estudiar la manera como los antiguos peruanos manejaron la energía de los cuatro elementos en función de la agricultura y como base de sus cultos y ritos propiciatorios. Paredes obtuvo fondos de la fundación AMB de los Estados Unidos, dirigida por la eminente psiquiatra Anne Wells. Esta primera etapa, ejecutada mediante un convenio con el INC, consolidó estructuras, limpió el terreno y eliminó solo la vegetación que pudiera afectar las construcciones. El resultado, un maravilloso espacio desplegado sobre un relieve sinuoso que desemboca en lo más profundo del valle. Terrazas y estructuras están construidas con Batolito de Vilcabamba (Egeer y De Boy) en diversos niveles cruzados por un riachuelo nacido en un manante, que alimenta cuatro fuentes ceremoniales volcadas hacia los precipicios. Los estudios iniciales establecieron cinco sectores en el sitio, definidos por distribución espacial y características arquitectónicas.

Piedras que están vivas

Hasta ahí, la descripción de un conjunto arqueológico del tipo “piedra sobre piedra”. Sin embargo, Kantupata, a pesar de que no tiene población, es un espacio absolutamente vivo. Es que la limpieza del sitio no eliminó la flora, por el contrario, guiados por las últimas tendencias en eco-arqueología, Paredes y Silva mantuvieron la relación vegetación/arquitectura que ha creado el paso del tiempo, entendiendo que los años y los cambios son también parte de la historia de un objeto. Además el conjunto deliberadamente se construyó en el bosque de neblina, pues el velo algodonoso que evapora los muros añade sacralidad a todo lo levantado en torno a diversas huacas de piedra, unas en estado natural, otras trabajadas, como la que se ubica en la Plaza Triangular, que tiene la forma de la cabeza de una serpiente con las mandíbulas abiertas, vinculando los mundos de arriba y abajo. Actualmente Poquen Kanchay cuenta nuevamente con los fondos para iniciar la fase de excavaciones pero ya no con el convenio con el INC. Razones burocráticas han entrampado este requisito que impide avances en uno de los lugares inca con mejor arquitectura en el Camino Real y cuya puesta en valor contribuiría a descongestionar el sufriente centro urbano de Machu Picchu. Tiempo de Viaje y sus diez años se sienten resumidos en el andén del kantu y el equipo del programa bebe chicha fresca entre las brumas del amanecer. (Rafo León)

 


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