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Edición 2103

05/Nov/2009
 
 
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Hija, Regio mi Nuevo Trabajo

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Ay cholita, ando ocupadísima porque me ha contratado como consultora la Real Academia de la Lengua (pero la de allá, tú sabes que cuando yo voy al circo hablo con el dueño y no con los payasos). La tarea es regia, hija, y además solo la puede hacer una psicoanalista con formación en Morfología y Semiótica Estructural como la que yo tengo, y además horrores de oído antropológico. Es decir, yo soy el molde. Bueno, para la edición del año que viene la academia quiere, pucha, o sea, cómo diferenciar las acepciones de la palabra “huachafa”, ¿ya?, para darle más riqueza y entonces me han pedido que defina las siguientes variantes: huachafa, huachafita, huachafona, huachafienta, huachafieri y huachi. A ver, te paso lo que he hecho y ya me dirás, ¿okey?

Huachafa: ni pintada, Gisela. Dícese de la mujer que no para de hablar llena de gestitos, dengues y merengues y que anda a la última aunque se le vea la marca en el orillo, yo sé que ustedes me entienden señores académicos porque para llegar adonde han llegado deben ser GCU. Bueno, que se hace la mensa para todo lo que tiene que ver con el sexo (¡!!!), cree que es igualita a Michelle Pfeiffer (después que la atropelló un bombero, digo yo), tiene peluquería y se pelea en medio de la Pezet con el dueño del local porque se lo dejó que parecía una cocina de PBC en el VRAE, no saben señores académicos. Pero mala no es, eso sí, o en todo caso hay peores.

Huachafita: es la huachafa pero de media mampara, quiero decir, o sea, como decir cebiche pero con diminutivo, ¿les queda claro? Huachafita por ejemplo es la rival de Gisela, que creo que se llama Tula, que te lo juro, o sea, te da una pena atroz porque podría trabajar como cajera de Vivanda y le iría regio, tendría su enamorado que la llevaría al casino, se casaría, vendrían los hijos y bueno, el indiscreto desencanto de la pequeña burguesía, señores académicos. Pero no, pues, como ahora nadie quiere quedarse en su sitio: huachafita.

Huachafona es la huachafa que se llena de olereles para hablar, señores, que pucha, o sea, en lugar de decir regalo dice obsequio, en lugar de pelo, cabello; en lugar de cara, rostro y en lugar de rico, agradable, cómo les explico. Huachafona, me acuerdo muy bien, era una señora ministra de educación que alguna vez tuvimos que se llamaba Gloria Heffner o algo así, y que te lo juro, o sea, a mí me alucinaba más que el ayahuasca con sus palabras siempre cum laude, seriona. En la farándula limeña una buena representante del término sería una conductora de noticiero que es pelirroja y después de haber tenido un suculento entripado con Montesinos, pucha, ha vuelto a la arena y hay que verla, llena de sentencias y mandamientos. Las huachafonas, ojo señores académicos, a diferencia de las huachafas a secas o de las huachafitas, sí pueden ser más malas que una culebra con hambre, me lo van a decir a mí que le he quitado el marido a más de una pero solo por unos días.

Huachafienta: es una huachafa pero sin encanto ni ternura, o sea, la traductora de los noruegos en el chongo este de los petroaudios, y si no me entienden señores académicos, pues averigüen, que tampoco tan bien me están pagando. A ver, los ayudo. Mediante un lobby la señorita, que se apellida creo que Chacaltana pero ante la afición es una LeMaster, pucha, terminó de percunchante de un funcionario público de buen nivel y todo para que sus jefes ganen una licitación bien suculenta, y no se me hagan los del angosto que en España pasa igual. Bueno, la cosa es que la ex del funcionario, despechada como la que más, se burló en público del apellido fraguado de la traductora y qué les puedo decir, la concernida respondió por periódico que la ex debería de dejar de usar lentes de contacto para que el Perú crea que tiene los ojos azules…no comments.

Huachafieri. Vendría a ser la ex del funcionario con sus ojos azules de fantasía.

Huachi: ay no sé, la mayoría de mis paisanas y horrores de compañeras de colegio, chola, que por más apellido y plata que tengan, a la hora de invitarte a un queso en la playa, te dicen, “vente por un fromaaaage”. ¿Les gustó? Muy bien, ahora denme su RUC para mandarles su facturita, señores académicos. Chau, chau. (Rafo León)

 


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