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Seguridad Parlamentaria cocalera cuenta su traumática experiencia con Sendero.

El Milagro de Malpartida

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La lluvia de coca es cada vez más pronunciada en El Milagro, donde tiene tierras hasta hoy.

La parlamentaria andina y líder cocalera Elsa Malpartida enfrenta una delicada coyuntura. El diario El Comercio publicó el domingo 1 que perteneció a Sendero Luminoso y se acogió a la ley de arrepentimiento.

Ella responde con vehemencia que no ocurrió lo uno ni lo otro.

Su narración, en todo caso, refleja muy gráficamente lo que significó vivir bajo dos fuegos.

Aceptó haberse desempeñado como “mando logístico” de las huestes de “Artemio” en el caserío El Milagro, ubicado a 23 kilómetros al norte de Tingo María en 1993, pero con un importante atenuante.

“Cuando me nombran no fue por elecciones, fue a dedo y en presencia de los vecinos de El Milagro. Mi responsabilidad era cuidar las ollas, cocinar y ver la forma de conseguir víveres para alimentar a las columnas senderistas. Pero nunca agarré un fusil para matar personas inocentes. A mi hermano lo nombran como ‘delegado campesino’ en 1991. Su responsabilidad era organizar las faenas”.

Asegura que se vio forzada a aceptar ese cargo por el dominio senderista que vivía el caserío, donde su esposo tenía una parcela de 26 hectáreas con cultivos de café, frutas y coca.

“No fue por mucho tiempo, habrá sido unos seis meses. Luego de ser nombrada, me embaracé y con ese pretexto salí del pueblo y me fui a vivir a un cuartito en Tingo María. Y allí me volví comerciante. Luego me quitaron esa responsabilidad porque ya no vivía en El Milagro, solo iba los fines de semana a ver mis cultivos”.

Casada con Antonio Cajas, vivía en el Milagro desde 1981, luego que abandonó un puesto de trabajo como enfermera técnica en Tingo María.

En el ’87 llegó Sendero Luminoso y empezó a recorrer el Huallaga para obligar a renunciar a las autoridades que representaban al gobierno. Allí mataron a un compañero dirigente de Malpartida. Luego visitaron a su pueblo donde hicieron renunciar al agente municipal y al teniente gobernador. Fue el inicio del vía crucis de las 90 familias asentadas en El Milagro. Una base militar fue instalada a un kilómetro.

“A pesar de que la zona no era estratégica para la permanencia de los senderistas”, narra, “ellos se aparecían como perros a su casa a cualquier hora. Luego nos reunían para las charlas de adoctrinamiento hasta altas horas de la madrugada. Eran charlas estúpidas, porque venían chibolitos de 15 a 18 años, rascando su cabeza y no entendía lo que hablaban. En una oportunidad casi me llevan al monte. Ellos preguntaron por una enfermera, pero el pueblo dijo que no había nadie”.

Malpartida dice haber atestiguado tres ejecuciones contra sus vecinos. Una madre gestante y su menor hijo de dos años fueron asesinados en la Carretera Marginal bajo la acusación de ser una “sacavueltera”. En la puerta de la escuela ajusticiaron al hombre más gracioso del pueblo (“el Loco Gil”), porque hablaba mal de Sendero cuando se pasaba de copas.

Luego vendría el crimen cuyos detalles no puede olvidar. Una columna de 30 senderistas reunió a la población en las inmediaciones de la laguna El Milagro y ahorcaron a un agricultor con la modalidad de torniquete.

“Nos hicieron sentar en filas de media luna y presentaron a un hombre a quien acusaron de vender caramelos a los soldados de Tendencia. Me senté junto con otras señoras en la última fila para no ver la escena de sangre. Entonces ellos dijeron que los de la última fila se quedaban sentados y el resto se iba atrás. El sonido del apretón del cuello y los gemidos del hombre hasta ahora retumban en mis oídos. Fue terrible”.

Malpartida cuenta que el 29 de octubre de 1994 acudió al cuartel Los Laureles de Tingo María junto con su hermano Juan y unos siete mil pobladores. Un soldado les presentó un formato de dos hojas con preguntas. En la parte introductoria del documento se asignó un código a cada manifestante. En el caso de Malpartida fue el A2J-53372.

“No me di cuenta de ese código, pero al igual que mi hermano Juan, firmé las dos hojas sin la presencia de la Policía y el fiscal. Después nunca acudimos a la Policía. Los del Ejército nos dijeron que era una forma de empadronarnos para evitar que nos maten. Con esa lista, ellos iban a los caseríos y obligaban a salir a las personas de los pueblos antes de que bombardeen”.

El documento de Malparatida no se ha dado a conocer pero el acta de declaración suscrita por su hermano Juan, con clave AIJ-53372, fue refrendada por los suboficiales PNP Efraín Pacheco López y Francisco Cáceres Llanos el 15 de febrero de 1995. En su parte introductoria se consigna que es un “compromiso de arrepentimiento y de abandono, voluntario y definitivo de toda actividad terrorista. BCS/313”. La manifestación de Juan Malpartida duró solo 30 minutos y no aportó información sobre identificación y ubicación de terroristas.

El caso sugiere algunas preguntas centrales:

¿Elsa Malpartida fue una “arrepentida” en toda forma o, como sostiene, se acogió al artículo 52 de la ley de arrepentimiento que se aplicó a casi siete mil campesinos?

La diferencia entre uno y otro caso es fundamental. Dicho artículo establece que “en el caso del campesino captado por la fuerza y es obligado a realizar actividades con las cuales no comparte, previa verificación de la PNP, el fiscal le dará el trámite establecido en el decreto ley para el archivamiento correspondiente”. Es un trámite muy diferente al del núcleo de la ley, que estipulaba la reducción o exención de pena en caso de que el arrepentido brindara información relevante para combatir a la subversión.

¿Debió revelarse la información?

Malpartida ha reclamado que su vida y la de su familia corren peligro y que el carácter del documento era estrictamente secreto. Pero de otro lado puede argumentarse que ella es una parlamentaria andina y que le debía informar del antecedente al electorado. La complica su condición de férrea defensora de la hoja de coca.

Es cierto, de otro lado, que su récord público no iguala el de la otra congresista cocalera, Nancy Obregón, y también que incluso últimamente se ha enfrentado a una facción cocalera (CARETAS 2101) que parece cercana a los remanentes senderistas. (Abilio Arroyo)

 


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