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Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
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¡Aaaaaag, Don Bieto!!!!!

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Ay hija, solo a mí me pasan estas cosas y todo por ir a ver a la Maridé de la Piedra, hija, que está con una depre de campeonato y me llamó a decirme que si no me presentaba en ese momento en su casa para escucharla, se tiraba por la ventana del segundo piso vestida de princesa del folclor, para darle más resonancia mediática a su suicidio, ¿tú te puedes imaginar la chifladera? Bueno, agarré carro y me fui a la casa de esta compañera de colegio, chola, que vive en Miraflores pero en un Miraflores de media mampara, yo sé que tú me entiendes, ese que se expande de República de Panamá hacia lo que era el Rancho, que ahora lo han tumbado para hacer una megaciudad (como se dice en el choléxico de hoy) para emergentes de Los Olivos, y así quieren que una duerma tranquila. Bueno, por supuesto que entre tanta calle con casa fea me perdí y con la presión de que la otra se me tiraba por la ventana con la pollera bordada, pucha, no me fijé bien en a quién le estaba pidiendo que me dijera dónde quedaba la calle Las Astromelias. Chola, era un viejo barrigón, medio calvo con una cara de putañero pero de los de Huatiica, no te puedes imaginar, en pijama y pantuflas de vieja, de esas marrones a cuadros con pompón como las que usaba Sara García en las películas que hacían llorar a las muchachas cuando yo estaba chica y todo era felicidad. “Hola señor, ¿me podría decir cómo llego a…?” Hija, me quedé con la palabra en la boca porque cuando me di cuenta, no sabes, el carcamán ese había sacado la joya de la familia por la bragueta de la pijama… ¡y se estaba haciendo esa cosa que se hacen los hombres y que a mí me da un asco horroroooooso! Pucha, puse Turbo, pisé el acelerador hasta alcanzar los 120 KPH en diez segundos y no paré hasta vislumbrar a dos policías y delante de ellos pegué una frenada que todos los libros de Lacan que siempre llevo en la maletera, terminaron tapando el parabrisas, hija, y ahí, entre Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique psychanalytique y Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, pucha, conseguí ver que… ¡los dos policías estaban haciendo pila en el tronco de una cucarda del parque!, ¿tú te puedes imaginar el desvalimiento que llegué a sentir en ese momento? Además, como con el afán había dejado el radio de la camioneta sintonizado en RPP, pucha, justo Augusto Álvarez (que será la próxima víctima, y ya te enterarás pronto víctima de quién, cuándo, en qué cuarto del nuevo hotel de Paracas y qué nota le pongo), bueno, justo Augusto entrevistaba al nuevo ministro del Interior, chola, que no será Einstein pero al menos nos ha librado de la vieja cara de pato de la Meche Cabanillas. Bueno, ¿qué crees que estaba respondiendo el generalito a la pregunta de por qué los que tienen arresto domiciliario salen a la calle como quien necesita tomar el fresco?: “Bueno, señor periodista, usted tiene que entender que los efectivos son humanos, y como humanos que son, tienen necesidades, como la de miccionar, por ponerle un ejemplo”. No mi general, yo no necesitaba ningún ejemplo, si lo que tenía ante mis ojos era precisamente a dos efectivos en plena sacudidera y una esperando a que terminen para denunciar que un viejo mañoso se había runned the straw en mis narices, con el asco que me da eso, es que no te puedes imaginar. Te lo juro que en ese momento decidí que si Maridé se quería lanzar por la ventana vestida de La Mecánica del Folclor, su problema era por no haber sabido pelear por sus bonos de reforma agraria, pero yo de ese barrio patibulario salía en ese instante para no volver jamás. Ya más tranquila, o sea, en San Isidro, me puse a hacer memoria porque la cara del viejo cochino me había hecho acordar a alguien y ¡zas!, saltó. Una vez, el año pasado, yo estaba almorzando en el Club Nacional con un percunchante que tenía in illo tempore cuando veo un forcejeo en la puerta del comedor, y era ese matusalén acompañado del Rómulo León (que no es nada de Rafo pero ni por asomo), los dos en una cuchipanda de alquilar balcón, chola, queriendo meterse a un privado con dos señoritas putas que te lo juro, una olía a lejía y la otra también. Dime tú las fiestas patrias que voy a pasar con estos impactos; por eso creo que mejor agarro mis pilchas y me voy donde mis amigos gay de NY, donde esas cosas pasan pero en inglés. Chau, chau. (Rafo León)

 


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