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Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
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Walter Cronkite, la voz con mayor credibilidad de los EEUU, ha muerto. Para muchos con él se va no sólo un estilo, sino toda una era.

Y así son Las Cosas…

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El viernes pasado murió a los 92 años Walter Cronkite, el legendario periodista estadounidense, que se convirtió en el hombre con mayor credibilidad de los Estados Unidos y que inmortalizó la frase: “And that’s the way it is” (algo así como “Y así son las cosas”), con la que despidió durante 19 años el noticiero vespertino de la CBS, el más importante de los EEUU.

Antes de ser el presentador ancla de la CBS, Cronkite fue periodista, corresponsal de guerra, jefe de redacción y transmitió las noticias más importantes de los últimos años como el asesinato del presidente Kennedy, la llegada del hombre a la Luna o el caso Watergate, por ejemplo. Pero quizás lo que marcó su carrera fue su decisión de poner en pantalla durante años las escenas más sangrientas de la guerra de Vietnam para que se sepa exactamente lo que allí estaba pasando. Ese hecho creó una conciencia nacional anti-Vietnam entre el pueblo y los gobernantes norteamericanos.

Su influencia era tan decisiva en la opinión pública que en algún momento de su presidencia Lyndon Johnson, quien sucedió a Kennedy, llegó a comentar: «Si he perdido a Cronkite, he perdido a la clase media norteamericana».

Pero ¿qué es lo que le dio ese grado de credibilidad a Walter Cronkite? Obviamente no fue solo el hecho de haber estado sentado durante casi 20 años frente a una pantalla o haber relatado hitos de la historia que ya hemos mencionado. Cronkite mostró siempre una integridad profesional en todo el sentido de la palabra. Fue un arduo defensor de la objetividad informativa en el periodismo, cosa que hasta ahora para muchos parece imposible.

Por supuesto, Cronkite jamás hizo un comercial de una bebida gaseosa, un banco o un partido político, porque sabía que la única manera de ganarse la confianza de los televidentes era demostrando que detrás de lo que decía no podía haber una transacción comercial de ningún tipo.

A pesar de haberse distinguido por su carácter reivindicativo, cuando alguien le preguntó alguna vez cuál había sido su secreto para lograr la credibilidad y prestigio que había alcanzado, él respondió con una frase que lo pinta de cuerpo entero: “No hay secreto. La idea es decir simple y llanamente la verdad”.

Suena tan fácil que no terminamos de entender por qué a tanta gente que llega a la televisión a hacer la misma labor que hizo Cronkite, le resulta tan difícil. Suena tan simple que hoy, cuando hay canales dedicados a dar información 24 horas al día y la Internet nos invade con cientos de “primicias” por minuto (incluyendo facebook, twitter y demás redes sociales), sentimos que es cada vez más difícil creer en alguien y saber, a ciencia cierta, qué parte de todo ese torrente de información que nos llega es verdad. Y es que así son las cosas ahora. (Patricia Salinas)

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