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Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
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Una añeja tradición rescatada con tecnología de punta.

Destilando Historia

3 imágenes disponibles FOTOS 

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Entre más de 40 mil barricas, los especialistas del ron celebran los 80 años de Cartavio. De izq. a der.: Alfredo Andrés, Gerente de Márketing; César Torres, Gerente General; Federico Schulz, Gerente de Fábrica; Georgios Patsías, Gerente Comercial; y Jürgen Deibel, experto internacional del mundo de los destilados.



Bajo la mirada del Señor de Sipán, junto a la imponencia de la Señora de Cao y el complejo arqueológico El Brujo, miles de barricas escondían sus fabulosos secretos. En 1994, Destilerías Unidas tomó la posta del legado Cartavio, en el legendario territorio mochica. Y descubrió sus secretos para el mundo. Pero la historia es un poco más añeja.

La semilla de Cartavio llegó de la caña de azúcar antillana en el siglo XVI, y terminó en las parcelas de don Melchor de Osorno, las mismas que fueron creciendo por herencias y compras de tierras. En el XVIII las tierras que entonces se conocían como San Francisco de Buenos Aires formaban parte de la mayor productora de caña de azúcar del mundo: el continente americano. En 1782, don Domingo Cartavio obtiene de Baltazar de Ocampo la propiedad del territorio que llevaría su nombre. Noventa fanegadas, es decir, 59.4 hectáreas que con el tiempo serían más de 200. Posteriormente en manos de la Casa Grace, la subsidiaria W.R. Grace y CIA. declaró la Hacienda Cartavio en 1890, en ese entonces con más de 600 hectáreas. Recién en 1926 Grace empieza a envejecer el licor de melaza en barricas de roble esloveno en compartida labor con el maestro ronero cubano José Castro Carreras. La primera producción de Ron Cartavio –caña de azúcar peruana mediante– se probó el 29 de abril de 1929.

El 24 de junio de 1969, el Decreto Ley 17716 –la Ley de Reforma Agraria– acabó con el sueño de la producción propia y la propiedad de la Grace, pasando ésta a convertirse en la Cooperativa Cartavio en manos del Estado peruano.

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Destilerías Unidas adquiere Ron Cartavio en 1994 y de inmediato apostó por renovar los procesos con tecnología de avanzada y maquinaria novísima. Ya como sociedad anónima, el añejo capital simbólico de su sabor pudo aflorar. Y los restos casi arqueológicos de Cartavio pudieron conjugarse nuevamente, revelando su ahora inédito sabor al mundo. Experiencia y oficio con años de maceración.

El secreto no es uno solo. Implica un moderno proceso con altísimos estándares de calidad, la inmortal sabiduría de los maestros roneros y una insuperable materia prima nacional. El ron se añeja bajo condiciones naturales de temperatura, humedad y ventilación durante al menos dos años. Pero suelen ser muchos más. El sabor va creándose y descansando a través de los años en barriles de roble blanco europeo. Los pasos parecen sencillos: evaporación, destilación, blendeo o mezcla. Pero se trata de un sistema de exactitud. Una gota, un segundo y un centígrado pueden marcar la diferencia en el producto.

Finalmente, nace el Ron Cartavio. Pasado, presente y futuro en un solo licor de bandera. El mundo en una botella que se destapa en España, Italia, Alemania, Chile, los Estados Unidos y, próximamente, Colombia. Un sabor que ya se disfruta en tiendas chilenas de autoservicio junto a la gaseosa oscura que complementa el Cuba Libre de rigor. Un crisol de sensaciones que se ofrece en Alemania, en barras de bares como el New Town. No es casual. Los premios ganados y las certificaciones logradas posicionan a Cartavio en las barras del mundo.

El Don del Ron


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Cuando don Domingo Cartavio fallece, su viuda vende la propiedad a don Valentín del Risco y Valverde. El hijo de este último contrajo matrimonio con la señora Juana de Oyague, quien junto a sus dos hijas mantuvo la hacienda por casi 80 años. Varias administraciones y herencias después el territorio llega a manos de la Casa Grace. El Ferrocarril de la Hacienda Cartavio aparece en 1906. Llegaría a tener 7 locomotoras y 200 vagones.

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