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Solicitud de Reembolso

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Louis E. Lataif, Boston University.

Don Louis E. Lataif
Decano del Boston University School of Managment

Muy Señor Mío.-

Sabiendo que tiene usted poco tiempo que perder, permítame distraerlo por unos momentos del mundo académico para transmitirle un asunto más bien pedestre. Estoy seguro que sabrá entenderme y podremos llevar a buen término esta cuestión, sin necesidad de que pase usted por el penoso trance de conocerme a mí o a mis abogados.

Quien le escribe, ciudadano peruano sin más ánimo que el de un mundo más justo y feliz, es un admirador de las artes de la prestidigitación y la ilusión. Es decir, la magia. Siguiendo esta línea estoy convencido, y no veo por qué no estaría usted de acuerdo, en que Mandrake –ficticio ilusionista de gran capacidad hipnótica– hubo uno solo. Sus mejores émulos de carne y hueso habitan y profesan su talento en Las Vegas, ciudad que espero usted habrá sabido visitar como necesario desahogo de la recargada labor docente.

El ex presidente peruano Alberto Fujimori Fujimori, que no es ni Mandrake ni mago, está sentenciado a 25 años de prisión por homicidio calificado, secuestro agravado y lesiones graves. Y a punto de enfrentar otro proceso por falsedad ideológica y peculado. Este mismo caballero, cuando libre, percibía como presidente de la República del País según propia declaración, la suma de 2,000 soles al mes. Aproximadamente unos US$ 650.

Según una leyenda propia de nuestro entrañable ánimo fabulador , esta es la misma persona que en esos años presidenciales habría financiado los estudios en vuestra casa universitaria de su hija Keiko Sofía. Según apretado cálculo de la propia Keiko, estos estudios habrían supuesto un desembolso de aproximadamente US$ 500,000.

Le dejo a usted las matemáticas.

Pero hablándole con la transparencia que la situación amerita, he aquí lo medular de mi carta: quien firma esto es uno de los inconsultos contribuyentes peruanos que pagaron por los estudios de bachillerato en Administración de Empresas de la entonces señorita Fujimori. Conozco mis derechos, señor Lataif.

Siguiendo la sensata política del first come, first serve, que he visto aplicarse con éxito en varios restaurantes de su país, especialmente aquellos que ofrecen la simpática alternativa del all you can eat, y sin perjuicio de excluir reclamos semejantes de mis compatriotas, me dirijo ante usted para solicitarle un reembolso razonable por el gasto en una educación que a mi juicio tengo por insatisfactoria.

Si bien estimo que el solo desagrado del cliente ameritaría una devolución inmediata del dinero (he visto en los EE.UU. mujeres devolver vestidos al día siguiente de la compra, luego de usarlos en una fiesta, y salir de la tienda con los billetes en la mano), me gustaría compartir con usted las razones de mi insatisfacción respecto a la educación impartida a mi auspiciada, doña Keiko Fujimori.

Primero, una sólida escuela de Administración de Empresas debería inculcar un amor y respeto básico por las cuatro operaciones matemáticas elementales. Las mismas que la señora Fujimori desconoce groseramente al pretender imposibles operaciones para explicar estos gastos. ¿Qué clase de contabilidad inculca la Boston University, señor mío?

Segundo, la currícula de la BU ofrece un curso en Finanzas Internacionales. ¿Nadie supo explicarle a la alumna Fujimori que vivir en Japón hipotecados a la derecha tradicional nipona suponía una contingencia improductiva y riesgosa? Que como agravante en este caso particular devino en una fallida candidatura al congreso japonés. Aunque lo peor, y me permito llevar este tema al de la economía doméstica, resultó en un extraño y falsamente conveniente matrimonio que al parecer careció del sustento mismo del contrato conyugal: el contacto carnal. Teniendo en cuenta la a todas luces flexible figura de la señora Kataoka, eso fue un mal negocio por donde se le mire.

Tercero, tal parece que el curso de Negociaciones y Resolución de Conflictos Organizacionales también pasó de largo por el aprovechamiento de la educanda Fujimori. No lo voy a aburrir a usted, a quien imagino al borde del coloquial pero preciso WTF!1 anglosajón, con los detalles de un lamentable manejo de decisiones delegado en un panda humano que involuntariamente trajo al Sr. Fujimori a la justicia peruana al recomendarle Chile –post Pinochet– como destino amigable a su gremio.

Lo mismo podría decir del curso “Business Law”, indetectable en el espectro intelectual y/ o moral de la Sra. Fujimori. Ella, egresada en el año 1997, recién en el año 2000 “se dio cuenta” que “algo malo” sucedía en este país.

Ese algo malo, estimado señor, era nada menos que someter a una joven promesa de la confusión –fue la congresista más votada en el año 2006– a la mediocre educación recibida en la Boston University. Como argumento final, si acaso requiriera más, me remito a las propias palabras de quien viene a ser también una perjudicada.

Keiko Fujimori, en la edición de otoño de 2006 de la revista Bostonia –publicación oficial de vuestra casa de estudios– al responder qué pasaría si ella (dada la carcelería paterna) tuviera que postular en las próximas elecciones presidenciales, responde: I don´t think I would be prepared.

¿WTF? !!!
¿Para eso pagué tres años de estudios en Boston, Sr. Lataif?

Disculpe mi exaltación. Le aseguro que no es mi ánimo el de la contienda judicial. Menos aún llamar la atención mediática en un problema que debería resolverse discretamente. Y permítame confiarle que también estoy presentando una queja ante la Universidad de Stanford respecto a la educación impartida al ex presidente Alejandro Toledo. Como detalle referiré que este correcto joven de Cabana regresó de los EE.UU. como desprolijo sujeto que, entre otras cosas, solía miccionar en público sobre las llantas del helicóptero presidencial. Al menos en ese caso fue el gobierno norteamericano quien corrió con los gastos del despropósito.

Me gustaría agregar que nada personal tengo en contra de doña Keiko. Creo en las dinastías políticas como fuente de alegría del pueblo, teniendo ustedes la suya propia, los Bush, como estupendo referente.

Pero resulta bochornoso que como reflejo de tamaña inversión educativa tenga yo ahora una candidata presidencial con una agenda de gobierno reducida al dos por uno de su padre presidiario y al dilema de escoger entre Pampers o Huggies para sus hijitas, una por llegar en plena campaña presidencial.

Espero, por el buen nombre de la familia Fujimori, no se les ocurra ni de broma someter a ambos e inocentes angelitos a la condena irreparable de una educación que no vale lo que cuesta. Respecto a nuestra negociación, acepto ofertas.

Conversemos. Su dirección está en Internet, señor Lataif. Esto lo podemos resolver como caballeros. Usted me entiende.

Atentamente,

Jaime Bedoya

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1 “What the fuck?!”

 


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