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07/May/2009
 
 
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Hace tiempo que vengo preguntándome si los distribuidores de películas consideran al público peruano en general como un menor de edad, porque hace años que en el listín cinematográfico no se encuentra ni una sola película que no sea a lo sumo apta para 14 años y absolutamente ninguna para adultos, y no me refiero a las porno, que suelen tener sus circuitos especiales, sino simplemente a aquellas hechas para gente grande, con criterio, aficionada a los lances adultos. Hay un evidente desdén por el gusto de la población peruana, porque cada vez son más las películas que son solo una payasada de comienzo a fin. De ahí que el público peruano suele reír aun en momentos más o menos dramáticos de las pocas películas serias que se exhiben. ¿En manos de quién estamos en materia cinematográfica? ¿Terminaremos todos siendo unos menores de edad cerebral? Los distribuidores de películas han logrado algo que ni en el colegio se aprende: idiotizar a los espectadores.



Hace poco en un programa de televisión se presentó un grupo de artistas que se dedican a ponerle música a los poemas de César Vallejo. Siento decirlo, pero ese me parece un aprovechamiento indebido, porque no hay nada menos musical que la poesía de Vallejo, cuya viuda, Georgette, su fiel defensora, se opuso fieramente más de una vez, interrumpiendo inclusive en una ocasión, y a viva voz, un recital en el teatro Municipal en el que se hacía lo mismo. Una vez, en Madrid, sostuve una polémica al respecto con una actriz y recitadora peruana, a la que le hice conocer mis opiniones al respecto, con las que por cierto no estaba de acuerdo. Pero Georgette era a ese respecto una autoridad, razón por la que digo todo esto. Quienes leemos a Vallejo desde el fondo del alma sabemos que no hay vals peruano, ni siquiera yaraví que pueda interpretar su poesía. Hay poemas que solo son para ser leídos, y en silencio si fuera posible, jamás para ser recitados y menos cantados. Vallejo no es Serrat ni menos aún Joaquín Sabina.


Veo ocasionalmente por televisión las sesiones del Congreso, pero en ninguna de ellas he visto jamás a la señora Keiko Sofía, amenazante candidata a la presidencia. ¿Cómo se gana esta señora el sueldo que le paga el Parlamento? ¿Alguna vez concurre al hemiciclo? ¿Ha presentado siquiera un proyecto de ley legible? Sería bueno que respondiera a esos interrogantes que no le hago yo sino la ciudadanía libre e independiente.


Leo que ANDA le ha puesto la puntería a Magaly Medina, pero deja pasar piola a programas basura supuestamente chistosos del canal 5, Panamericana, sin que la entidad se preocupe del inevitable daño que causan a la población más inculta. Vulgarizar al Perú no puede ser un lema.


Eso aparte de la intención de hacer salir de Canal 5, que fundó, a Genaro Delgado Parker, pionero en verdad de la televisión (pero que parece no ver siquiera lo que aparece en el 5) para entregarle el poder al grupo Schütz, ese canalla que envileció la televisión entregándola, a cambio de un saco (¿o fueron dos sacos?) de dólares, al servicio de Fujimori.


Al comienzo fue Jorge Salmón Jordán, el gran alcalde de San Isidro, quien reemplazó los viejos y feos carteles colocados sobre las tapias de los terrenos desocupados en su distrito por hermosas gigantografías alusivas a paisajes u obras de arte peruanas. Hoy lamentablemente su ejemplo ha sido pervertido y malamente aprovechado por las empresas de publicidad, que han colocado por todas partes anuncios gigantes de toda clase y de todos los productos inimaginables, convirtiendo las calles en una feria de vanidades chirriante como, sin ir más lejos, la esquina de la calle Alcanfores con Av. Benavides, que es un muestrario indigno de una ciudad que se respete. ¡Como si las calles fueran suyas y de sus clientes! Las calles de Lima se están convirtiendo así en un muestrario de productos. Como la autopista al Sur.


El diario mugre que sin ambages ni vergüenza patrocina (¿o es patrocinado por?) el fujimorismo acaba de publicar una supuesta prueba de que una de las víctimas de la masacre de Barrios Altos, cometida por el comando Colina, era senderista. Supuestamente que así haya sido, ¿eso justifica su asesinato y el de todos los catorce restantes, incluyendo el niño de ocho años? Esa moral nazi debería ser sancionada. Aunque en verdad ya lo fue con la condena a Fujimori.


Una carta que me dirige un representante del Opus Dei afirma que esa institución “no pretende administrar o participar de ninguna manera en el gobierno de la PUCP”. ¿De qué se trata, entonces? ¿Por qué no ser sinceros al menos una vez en la vida?

 


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