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07/May/2009
 
 
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Por fin, después de once años, Magaly entendió que hay cosas de su programa que debe cambiar.

Gallinero Alborotado

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Pese a la nueva promoción de su programa en la que aparece cual versión femenina de Terminator con el lema: “Cada vez que quieren destruirla, la hacen más fuerte”, Magaly Medina parece haber entendido, por fin, que hay muchas cosas que no andan tan bien como ella misma creía, al punto que después de la tremenda patinada con el falso ampay a Angie Jibaja y el encontronazo con Martín del Pomar, decidió hacer lo que ella llama una reingeniería del espacio.

El primer paso de dicha reingeniería, según informó El Comercio, fue organizar una serie de charlas con especialistas sobre la libertad de expresión y el derecho a la intimidad. ¿Juat? Se preguntará usted, ¿Magaly Medina preocupada por esa delgada línea que divide la libertad de expresión y el derecho a la intimidad? ¡Aleluya! Esa sí que es una buena noticia.

Y es que cuando salió de la cárcel muchos pensaron que aunque sea por temor de no volver a verse privada de la libertad, Magaly se cuidaría, por lo menos, de no tener más problemas legales. Lamentablemente la soberbia la traicionó, su bravuconada “de yo soy como soy y a mí no me cambia nadie”, le costó el tener que tragarse un tremendo sapo, cuando a las pocas semanas de haber vuelto a las pantallas, tuvo que disculparse con Angie Jibaja y decir algo tan simple, pero que a ella le cuesta tanto: “Lo siento, nos equivocamos, no soy infalible”.

¿Qué más incluye la famosa reingeniería? Para empezar ya fueron despedidos el jefe de sus llamados chacales, un redactor, un reportero y dos asistentes, que serían los cuatro pares de ojos (cinco a decir verdad), que luego de recibir una llamada en el chismefono, fueron, grabaron y regresaron con la gran primicia de Angie Jibaja bebiendo en una calle del Rímac. No importó que las imágenes fueran totalmente difusas, como después ella misma lo reconoció. Ella confiaba ciegamente (y en este caso la palabra es casi literal) en su equipo.

Ya no más. Ahora Magaly ya no confía en nadie. Ni en sus chacales que la indujeron a error, ni en su ex abogado César Nakazaki que también la indujo a error, ni en sus urracos que la pueden inducir a error. No más. Todos están en observación.

Y mientras ella hace su reingeniería, los abogados de ATV se encargan ahora de su defensa y de asegurarse de que no tenga más denuncias.

La pregunta es: ¿Qué pudo ser más fuerte que la cárcel para que ella entendiera que debía cambiar? Parece que la luz roja de la ANDA (Asociación Nacional de Anunciantes) le dolió más que los dos meses y medio en Santa Mónica. Y es que si bien ella siempre ha dicho que sus dos únicas obsesiones son el rating y ser flaca, se olvidaba de una tercera por la que haría cualquier cosa: ¡auspicios! Lo bueno es que esta vez, la presión es para bien. Suerte con la reingeniería. (Patricia Salinas)

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