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30/Abr/2009
 
 
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Respetado y temido en la plástica internacional, el renombrado crítico de arte italiano Achille Bonito Oliva afiló su lengua de paso por Lima.

Crítica Con Filo

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Achille Bonito: “el arte es una pregunta acerca del mundo, es complejidad que crea reflexión”.

Si las letras tienen a Michiko Kakutani como una de sus más feroces críticas desde su trinchera del New York Times, la plástica tiene en el crítico italiano Achille Bonito Oliva al “ángel exterminador” del arte, como él mismo gusta hacerse llamar. Organizador de la Bienal de Venecia en varias ocasiones y creador del concepto de “transvanguardia”, Bonito Oliva era ya en 1989 calificado por Jorge Eduardo Eielson como “el más discutido e influyente personaje del mundo del arte contemporáneo”. La semana pasada, el italiano estuvo de paso por Lima para inaugurar la exposición de Carla Accardi en el Instituto Italiano de Cultura.

–¿Han quedado atrás los “experimentalismos histéricos” a los que usted ha hecho referencia en alguna oportunidad?
–Estamos en un momento de gran nerviosismo, no de histeria, debido a una crisis de todo el sistema –económico, político, social, cultural, moral– y hoy el problema no es el de un arte que solo quiere experimentar nuevos materiales o técnicas, sino de un arte que quiere tener una función y recupera temáticas que pertenecen al cuerpo social: racismo, ecología, violencia. El arte de vanguardia ya no es hermético, sino responsable. Y no hay optimismo, hay estoicismo, pragmatismo creativo, que coincide con la post modernidad, que es una época de memoria, eclecticismo, ensamblaje y reconversión.

–Usted se ha autocalificado como “el ángel exterminador” del arte de su país. ¿Cuál es la función del crítico?
–El siglo XX es un siglo de conceptos, no de objetos. En este sentido el crítico es complementario con el artista debido a la división del trabajo intelectual, pero ambos tienen el mismo protagonismo, el mismo narcisismo. El crítico es una bisagra entre la obra y el público, es quien dota de identidad cultural a la obra de arte a través de la interpretación. Yo digo siempre que el artista es mi enemigo más íntimo porque hay una relación dialéctica, conflictiva, casi erótica entre el artista y el crítico.

–¿Cuál es el peor bodrio “artístico” que haya visto últimamente?
–El Gran Hermano en la televisión, porque esta desarrolla en el público una sensibilidad superficial. Es como la droga: solo espectáculo. Así, el horror de cualquier obra de arte será solo algo relativo frente a esta pornografía televisiva.

–Muchos se preguntan por qué los tiburones en formol de Damien Hirst son arte.
–Yo fui quien presentó esta obra en el 93 en la Bienal de Venecia, y claro que es arte, porque está presente la forma plástica tridimensional y hay una idea química de la escultura y esto es muy moderno. El formaldehído es esta sustancia para embalsamar. Si el progreso ayuda a conservar la materia, ¿por qué no utilizarlo? El arte puede usar todos los materiales, pero lo importante es cómo lo utilizas, y Hirst es un escultor moderno que usa el tiburón, el formaldehido y crea una escultura química.

–¿Y las heces de artista enlatadas?
–Sí, porque Manzoni plantea el problema de la sacralidad del cuerpo del artista. El primero fue Duchamp que se hizo una tonsura. Los curas se tonsuran para decir que han sido designados por Dios. Duchamp se hizo hacer una estrella porque era privilegiado por el arte, y así se llega hasta Manzoni que coloca su mierda en una caja porque del cuerpo del artista no se desecha nada.

–¿Qué le parece lo más interesante del arte latinoamericano actual?
–Cildo Meireles, brasileño. Hace un arte responsable, social. Es un arte “glocal”: global por este conocimiento del lenguaje de vanguardia, y local por esta raíz antropológica vinculada a Sudamérica. Otro artista que me gusta es Guillermo Kuitca, argentino, y los cubanos Kcho y Carlos Garaicoa.

–En los ochentas usted dijo que el artista de hoy tiene una postura lateral frente al mundo. ¿Lo sigue considerando así?
–El arte es una pregunta acerca del mundo y no una respuesta, y en este sentido vive en una posición de lateralidad. ¿Quién debe responder a los problemas del mundo? El político. El crítico, como el artista, crea terremotos metafóricos, y por lo tanto también cómodos.

–Con más de medio siglo de fundada, ¿sigue siendo la Documenta de Kassel un foro vigente para el arte de vanguardia?
–La Documenta del año pasado fue interesante porque se planteó el problema ideológico de un arte útil a la humanidad. No se sometió al sistema del arte, sino que fue antimercantil, multicultural y por lo tanto una Documenta que permitió la reflexión.

–¿Y así como se dice que los críticos literarios son escritores frustrados, un crítico de arte puede ser un artista frustrado?
–El crítico es una actitud, el artista es el fruto de una elaboración en el tiempo, aunque también se podría decir que el artista es un crítico frustrado. (Maribel De Paz)

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