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Actualidad Lula es el presidente con más aceptación del continente. García queda muy atrás, pero empieza a repuntar a pesar de los rigores económicos.

La Curva de Rio Branco

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García y Lula el martes 28 en Rio Branco. Integración fronteriza marcó la agenda de la reunión. Se viene construcción de seis hidroeléctricas.

El encuentro relámpago entre los presidentes Alan García y Lula da Silva, celebrado en Rio Branco, en el estado brasileño de Acre, trató todas las formas de integración fronteriza que cubran desde esa localidad hasta Puerto Maldonado. “Cada uno identificará los cuellos de botella en su país y las disposiciones que entorpecen esa tarea”, adelantó a CARETAS el canciller José Antonio García Belaunde. El objetivo es que el desplazamiento de las personas en la zona sea tratado siempre como un viaje doméstico.

Y más allá. Lula sostuvo que “a partir del desarrollo vial, la integración entre Perú y Brasil dejará de ser un mero discurso para ser una cosa concreta y objetiva”. A finales de mayo una delegación del ministerio brasileño de Energía y Minas vendrá a trabajar el convenio marco que permita la construcción de las seis hidroeléctricas anunciadas en el territorio peruano de frontera, cuyo cliente principal será Brasil. Se espera que la de Inambari, con dos mil megavatios de capacidad, comience a funcionar en el 2010.

Cabe imaginar que en el gobierno peruano quisieran extender la integración binacional a las encuestas. García se volvió a reunir con el presidente que, tras seis años en el poder, cuenta con un respaldo ciudadano de 70%. En febrero último gozó de un pico histórico de 84%. Es el mejor rankeado de todo el continente, seguido de cerca por el colombiano Álvaro Uribe.

¿Qué explica lo que los analistas brasileños califican como una “onda de lulismo”? Los directores de las encuestadoras coinciden en que, a pesar de la crisis económica internacional y sus efectos en el gigantesco país, el discurso optimista y esperanzador de Lula sigue calando en la población. La creencia en un buen futuro determina en gran medida su imagen positiva.

El peruano, mientras tanto, remonta sus mil días en el gobierno con aproximadamente 34% de popularidad. Visto en la tabla general, su antepenúltima posición entre un total de 18 mandatarios le debe resultar bastante decepcionante. La encuestadora mexicana Mitofsky lo ubica en el tercer nivel, justo antes de los cuidados intensivos donde solo permanecen la argentina Cristina Kirchner (29%) y el hondureño Manuel Zelaya (25%).

Y, a diferencia de Lula, los críticos de García le enrostran precisamente un exceso de optimismo. Ese tono también marcó la reunión de Rio Branco, y no solo para hablar de Brasil. “Hace cuatro horas hemos firmado en Pekín un amplísimo e importante acuerdo, un tratado de libre comercio con China que permitirá el desarrollo de la industria, de la manufactura y de la producción peruana”, dijo García al comenzar el encuentro. La ministra de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, encabezó la delegación peruana en China.

A pesar de todo, si García se limita a compararse con su antecesor encontrará que los esquivos peruanos le sonríen más.

La semana pasada fue celebrado en la Universidad Católica el Segundo Congreso Latinoamericano de Opinión Pública. Entre los trabajos más recientes destacó el de Arturo Maldonado y José Domingo Pimentel: “Los determinantes económicos y políticos de la aprobación presidencial durante los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García”.

Basados sobre todo en los sondeos de Apoyo, sostienen que la popularidad de ambos mandatarios se ha ido dibujando como una parábola. Esto es, “empezar con un apoyo popular considerable, descender hacia la mitad del período y repuntar hacia el final del mandato”. En ese orden de ideas, el repunte de García podría haber comenzado hacia noviembre del año pasado. En la comparación, el aprista sale bastante mejor librado. Al menos hasta ahora.

Los factores sobre la impopularidad del “cholo” persisten en cierto hálito de misterio (“algunos analistas opinaban que tenía que ver con sus cualidades personales, mientras que otros le daban peso a la falta de un proyecto político y la debilidad del partido que lo sostenía”).

Si en el gobierno peruposibilista la inflación no influyó en las simpatías con el mandatario –como sí ocurrió con Alberto Fujimori y el primer quinquenio aprista–, retornó como variable para el actual gobierno, que ha visto picos y acantilados correspondientes con las variaciones de los precios del pollo y las verduras.

Un argumento incontrastable es el del empleo. Con Toledo comenzó a recuperarse luego de la caída producida hacia finales del fujimorato. Pero con García la curva ascendente se ha hecho mucho más pronunciada.

No tan nítido, pero igualmente interesante, es el contraste en el número de huelgas enfrentadas por cada gobierno. Hasta ahora, García ha visto menos huelgas al mes que Toledo, pero con más personas movilizadas por cada una.

Para AGP también marca en rojo el balance de conflictos sociales reportados por la Defensoría del Pueblo. Desde enero del 2008 comenzaron a incrementarse hasta superar los 200 en la actualidad. Sin embargo, la cantidad de conflictos no redunda significativamente en las encuestas.

Como lo advirtió CARETAS 2072, los hombres tienden a simpatizar más con el actual gobierno. La edad, en cambio, no parece ser determinante. Además del empleo, la percepción sobre la economía actual también redunda en la aprobación de García. No ocurre así con la percepción futura. Es decir, los encuestados pueden proyectar una mejoría en los próximos meses, pero ello no influye positivamente en la percepción presidencial (ojo a la gran diferencia con Lula). Contrario a lo que se podría pensar, la categorización de izquierda-derecha que se le asigna al gobierno tampoco influye. La reducción de la pobreza, en tanto, sí ha jugado a su favor.

“Podríamos afirmar que la ciudadanía es consciente de las mejoras económicas”, concluye el trabajo, “y que es un motivo para apoyar al presidente, especialmente en los sectores más integrados de la sociedad. Sin embargo, no es un optimismo desbordado, por el contrario, es un optimismo que lidia con el escepticismo, que ante el menor signo de deterioro de las condiciones se tornaría pesimista”. Aquí no hay samba que valga.

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