jueves 15 de noviembre de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2071

26/Mar/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Medio AmbienteVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Derechos HumanosVER
Acceso libre PremiosVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Portada
Acceso libre AlbumVER
Acceso libre Foto CarnetVER
Acceso libre BodasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Sólo para usuarios suscritos Olor a Tinta
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre Crecer SanoVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Portada La nueva vida de soltera de la ex de Christian Meier.

Marisol Aguirre: Ella Duerme Sola

2 imágenes disponibles FOTOS 

2071-MARISOL-01

Pretendientes le llueven, como en esta dramatización, pero ella aún no encuentra al que cumpla sus expectativas. “Ahora soy una mujer mucho más exigente”, dice.

Marisol no teme a los cambios. Ya lo demostró con los peinados radicales que ha ensayado en el último año: desde el rubio a la cintura hasta el negro corto cual Victoria Beckham, pasando por el pelirrojo con extensiones. Y ahora, legalmente rubia y divorciada del galán de telenovelas Christian Meier, duerme y baila sola, ha recuperado a tiempo su carrera de actriz y con ello el “alma independiente” que según ella siempre la caracterizó. “¿Sabes? Ya no le rindo cuentas a nadie”, dice en una suite del Hotel Bolívar, en el centro de Lima, minutos antes de empezar la sesión de fotos. “Ahora tengo una mejor luz”, sentencia.

Lo único que le preocupa del divorcio es que sus hijos puedan asimilarlo de la manera menos dolorosa posible. Por eso, desde su separación, tanto ella como Christian y los niños, van religiosamente donde el mismo terapeuta, cada uno en una sesión distinta. A más de un año que no están juntos, la relación entre ellos fluye con más naturalidad y menos tensión: se llaman casi todos los días para hablar sobre los niños, se escriben correos para coordinar permisos y este año hasta tienen planeado pasar el cumpleaños de sus tres hijos, juntos, todos alrededor de la misma mesa. “Christian es un excelente padre. No me imagino a uno mejor para mis hijos. Coincidimos en lo que queremos para ellos y no caemos en contradicciones”.

La actriz, que se define a sí misma como una mujer “nada conservadora”, no es de las que se sienta a esperar con los brazos cruzados que el hombre que le gusta se le acerque. No tiene reparos en decirle a alguien: “Oye, bailemos, te quiero conocer”. De hecho, recientemente, en una fiesta privada, esa fue la frase que le dijo a un chico con el que siempre cruzaba miradas. “¿Y qué pasó luego con él?”, le preguntamos. “Bailamos, pero todo quedó ahí”. Por el momento, dice que le es difícil encontrar a alguien que cumpla sus expectativas. “Cuando estás casada toleras muchas cosas por amor pero ya no estoy para eso”.

Marisol la tiene clara: le gustan los chicos jóvenes con sentido del humor, el espíritu relajado del hippie, la responsabilidad del ejecutivo yuppie y su próxima pareja no será, definitivamente, un famoso. No quiere que su vida en familia vuelva a limitar y restringir sus paseos a lugares públicos. “Con Christian casi no podíamos ir a ningún lado con los chicos, porque todo el mundo nos abordaba. Y cuando salíamos los dos solos teníamos que ir al cine en funciones de las once de la noche y, claro, siempre me quedaba dormida. Un famoso por pareja basta y sobra”.

No es una exageración: en estos momentos está en la cúspide de su popularidad y cuando camina por las calles alborota a los transeúntes. Parada frente a la puerta del Hotel Bolívar luego de haber terminado la sesión de fotos, con un minishort de jean y luciendo unas llamativas piernas bronceadas, Marisol aguardaba un taxi cuando una decena de personas la detuvo para pedirle autógrafos y tomarse fotos con ella. “Marisol, ¿siempre te pasa lo mismo?, le preguntamos. “¡Sí! En la salida del concierto de Marc Anthony, por ejemplo, estuve inmovilizada ¡durante unos veinte minutos! por la cantidad de gente que quería tomarse fotos conmigo. Tuve que decir: bueno ya, muchas gracias, debo irme”.

Sin dejarse marear en medio de la popularidad, comenta entre bromas que cosas como el último supuesto ampay en el que se le veía caminando al costado de un chico cuyo nombre ni sabía, “ahuyenta” a sus futuros prospectos. No cuesta creer que le lluevan pretendientes. Según lo que nos contó éstos podrían agruparse en tres categorías: los tímidos que la asedian con la mirada pero ni se le acercan, “como que los intimido”, los más lanzas que la sacan a bailar sin conocerla y los amigos persistentes que la llaman y la invitan a cenar. “Pero por el momento no me he topado con alguien especial. Lo que no quiere decir que haya perdido las esperanzas”.

A pesar de cualquier desamor del pasado, y tomando en cuenta que nunca se casó por la Iglesia con Christian, ella todavía sueña con el día en que llegará al altar. (A.P.D)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista