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Monolitos

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Víctor Castro invita a ver su escultura social en los altos de Larcomar.

Víctor Castro es un artista mexicano que radicó en España antes de venir al Perú. Al instalarse entre nosotros comenzó a hacer exposiciones escultóricas que mostraban un camino radicalmente distinto al acostumbrado en Lima. Eran piezas que en cierto modo recordaban al Richard Serra de los comienzos, pero sin tener ninguna relación decidida con él. Más reciente fue la sobresaliente estructura de madera con líneas fosforescentes que presentara en la primera exposición que hizo el MAC de Barranco.

Desde hace más de un año Víctor Castro se ha convertido en un “recolector” y no era extraño ver las bolsas colgadas en la que se solicitaba al público depositar allí las tapas de las gaseosas. La tarea fue titánica, pero valió la pena hacerlo, porque el resultado es una obra que constituye todo un espectáculo en los altos de Larcomar. Grandes contenedores transparentes, que muestran en su interior de miles de pedazos de plásticos multicolores que promueven la reflexión: Si un artista colocando bolsas en sitios muy puntuales para recoger su material ha sido capaz de conseguir una cantidad tan enorme, no es difícil imaginar la descomunal capacidad de desperdicio que somos capaces de arrojar, malogrando más el desastroso ambiente en el que habitarán nuestros hijos y nietos.

Es por esta razón que considero un acierto el apoyo prestado por Manuel Masías, Alcalde de la Municipalidad de Miraflores, junto a Antonio Brack, Ministro del Ambiente para lograr que estos 121 contenedores fueran finalmente exhibidos como una “escultura social”. En realidad, de la forma como están exhibidas, se trata de una intervención al parque Salazar al que han añadido una correcta iluminación para que pueda ser apreciado de la manera más adecuada por la abundante cantidad de personas que deambula por la zona.

La propuesta está tan bien exhibida y tan felizmente ausente de toda evidente intención didáctica, que permite que en el parque predomine el aspecto plástico de un artista que partiendo de un criterio conceptual ha logrado hacer realidad un proyecto de dimensiones titánicas para nuestro medio.

No es difícil imaginar el esfuerzo realizado por Víctor Castro para realizar su trabajo y, sobre todo, hacer entender que se trata de una obra de arte y es allí donde radica uno de los mayores aciertos de un admirable empeño que finalmente logró hacer realidad un proyecto que entre nosotros suele ser utópico.

Si bien el público es el que ha aportado la materia prima, las principales herramientas de Víctor Castro ha sido la fe y la paciencia, recursos poco abundantes en cualquier ambiente profesional de nuestros tiempos. Por eso resulta paradójico que esta exposición hecha con material de desecho pueda lograr una armoniosa espiritualidad debido a todos los elementos que aquí participan en conjunción con la naturaleza. Todos estos monolitos, que sin ninguna estridencia, a diferentes horas del día, imponen su presencia en el paisaje urbano.

Es necesario hacer una mención especial a la tarjeta de invitación (ver foto). En ella Víctor Castro ha colocado los contenedores como si fueran monolitos flotando en el espacio, haciendo inevitable relacionarlo con el monolito de 2001, salvando las distancias de lugar. La tarjeta, por sí sola, es una obra de arte que vale la pena conservar.

Bajo El Volcán

Somos muy proclives a justificar nuestra abulia aduciendo la dificultad de comunicación entre nuestras regiones. Por esta razón, es indispensable destacar la labor que está realizando Angela Delgado en el Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa. Ella ha sabido alternar artistas locales con otros de Lima y del exterior transformando a la ciudad en un importante espacio cultural, inclusive con un Museo de Arte Contemporáneo que todavía aquí no tenemos.

El ICPNA arequipeño es autónomo de las actividades del ICPNA limeño, aunque también pueden –y deberían– hacer coproducciones que pudieran ser itinerantes por todo el país. Los arequipeños están haciéndolo de manera formidable invitando artistas como Emilio Rodríguez Larraín, o programando una muestra de David Herskovitz para abril. A eso se añade la organización del concurso de Cerro Verde que actualmente exhibe AECI. A los aspectos visuales se añaden danza, música y teatro, permitiendo mirar con optimismo el desarrollo cultural de Arequipa. Ellos han sabido mirar más allá de sus límites para integrarse no sólo a Lima sino a cualquier ciudad en el mundo, mérito que es de reconocimiento indispensable.

 


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