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Escándalo. Utilizamos tanto la palabra y, sin embargo, ésta se resiste al desgaste del tópico, el lugar común. Tenemos la costumbre y la inclinación para apreciar un buen escándalo, que en nuestra cultura de cortesanía colonial se convierte en el instrumento con que el destino dispensa reversibles desventuras.

Aunque la mayor parte de los escándalos y escandaletes cotidianos suelen dejar estelas pringosas o hedientes, los ha habido purificadores (por ejemplo el vladivideo Montesinos-Kouri). Es la fuerte emoción colectiva que provoca desde cacareos modulados hasta esas explosiones de indignación generalizada y de furioso reclamo por la virtud colectiva, en las que uno recupera, aunque sea por un tiempo, sus mejores sueños sobre el destino del país.

El escándalo también es un arma, una forma de propaganda hostil, y como tal ha funcionado en el caso de los petroaudios y chuponeos. Ofensivas y contraofensivas. Primero los chuponeados salieron a la luz –las alegres cutras de los parásitos del poder–, y luego los chuponeadores, la trastienda delictiva cogida casi in fraganti, con todas sus sorpresas.

Ese tipo de conflictos empieza fuerte por lo general y luego se convierte en una confrontación que tiende a la baja intensidad. Pero lo que pasó este martes 27 fue cualquier cosa menos baja intensidad. En un solo día trascendió el atestado sobre los chuponeadores, 120 páginas, 48 mil palabras de eficiente investigación fiscal y policial, que arma un sólido tejido de evidencia. Del otro lado, el periodista Pablo O’Brien entregó al juez Barreto y reveló simultáneamente al público una masa de 86 audios (wikileaks.org/wiki/P2) , que cubren aspectos previamente ignorados de las alegres aventuras de los pícaros ya conocidos y los ponen en contacto con varios personajes nuevos, algunos de los cuales parecen estar causando una carestía de Donafán en las farmacias.

Además, yo pude ver y tomar notas (gracias a una fuente reservada) del contenido de varios correos electrónicos cursados entre los protagonistas del escándalo primigenio de los petroaudios, que ayudan a comprender mejor lo que sucedió.

En esta misma revista se escribe en detalle, según entiendo, sobre el atestado policial; y ustedes pueden enterarse de lo que dice cada audio escuchándolos en sus computadoras. Así que les contaré parte de lo que pude ver en los correos electrónicos interceptados, que creo ayuda a entender las complejas relaciones entre los actores estelares del caso de los petroaudios.

Pude ver más de 60 correos electrónicos, uno de los cuales me pareció el más interesante, puesto que ayuda a responder varias preguntas:

- ¿Cómo pasó el espionaje electrónico del cemento al petróleo?

- ¿Por qué se peleó Rómulo León con Fortunato Canaán?

En mayo de 2008, Fortunato Canaán envió, desde su gmail, un correo electrónico a Francisco Garza, el muy alto ejecutivo de Cemex.

Es un mail de queja. “Me encuentro en la obligación” escribe Canaán a su ‘estimado Francisco’, “de enviarte esta carta para informarte acerca de ciertos y más bien extraños y desagradables eventos…”.

Canaán se refiere a lo que ocurre en el “proyecto Perupetro y el otorgamiento a Discover Petroleum de ciertos lotes” para explorar y explotar petróleo y gas en el Perú.

El empresario dominicano de la visitada suite en el Hotel Country afirma que el ingreso de Petromarker y Discover Petroleum se realizó de común acuerdo con Garza, de Cemex. Pero, añade, tiene que “poner en conocimiento de las dificultades *(sic) que estamos encontrando con tu representante y mi socio, Ing. Mario Díaz Lugo”.

“Al final de Diciembre, 2007 (sic)” continúa Canaán, “me pediste que nos contactemos con el Ing. Mario Díaz Lugo, como tu representante y de Jostein (Kjerstad) … Debido a mis contactos en Perú (yo he venido manejando tus proyectos de ingeniería civil importantes por dieciocho meses) y por mi experiencia en la exploración de hidrocarburos, vimos una muy buena oportunidad para unir esfuerzos…”.

Como representante de Garza, escribe Canaán en su correo electrónico, tuvo la mayor carga de trabajo, pero, añade, “gracias a mis muchos muy buenos contactos, especialmente con Jorge del Castillo y el Presidente Alan García fui capaz de organizar varias reuniones con los más altos líderes en materia de hidrocarburos en Perú”.

Sigue una larga relación de las gestiones de Canaán ante, sobre todo, Perupetro, “que concluyó”, escribe, “quedando solamente pendiente recibir las cartas de intención para Discover, en otras palabras, la parte más difícil había sido completada”.

Luego, lamenta Canaán, “las dificultades comenzaron a surgir”. “Después de celebrar nuestro éxito con Champagne (sic) durante la cena en mi suite y felicitarnos por el gran futuro, los días pasaron y no escuché más de Mario (Díaz Lugo) y, de repente, sin saber por qué, Mario, mi socio en este proyecto (con tu aprobación), rompió nuestros acuerdos, dejándome de lado y actuando directamente en tu nombre en Perú”.

Canaán también se queja de Rómulo León, “que ahora quiso hacerla de Pepe el vivo y (…) quien ahora ha empezado, a través de Mario, a representar a Discover detrás de escenas (sic) no le puedo perdonar esto. Por más que tú quieras protegerlo yo no lo aguanto más”. El mensaje termina solicitándole a Garza una reunión urgente, para arreglar el asunto.

Es decir que, en los momentos previos al “faenón”, Canaán había sido puesto de lado, y eso le ardía como los diablos.

¿Por qué lo chotearon? Ya conté la semana pasada que poco antes de la fecha en la que ese correo electrónico fue enviado, amigos de Alan García (probablemente Ricardo Vega Llona) informaron al Presidente que Canaán “hablaba huevada y media” y que aquél “los carajeó” a Hernán Garrido Lecca y a Luis Nava y dijo que “había que alejarse” de Canaán. Es posible que García haya sospechado ya entonces de un chuponeo. En todo caso, el resultado fue el hielo inmediato a Canaán, pero sin que se afectara el “faenón”.

Ese correo electrónico permite entender mejor el proceso del chuponeo que, según lo que se sabe, empezó entre cementeras, tratando de documentar una relación presuntamente corrupta entre, especialmente, Garrido Lecca con cementeras presuntamente favorecidas. La vigilancia condujo a Canaán, a Rómulo León y a sus amigos.

Todo indica que el chuponeo no incluyó celulares, excepto cuando hubo llamadas de éstos a teléfonos fijos. La interceptación de comunicaciones fue fundamentalmente a teléfonos fijos y a correos electrónicos, mediante sistemas muy simples de chuponeo. León y Quimper parecen haberse convertidos en objetivos favoritos, tanto por sus reveladoras y pintorescas conversaciones, como por su preferencia (quizá inspirada en un sentido del ahorro) por hablar por teléfono fijo.

¿Por qué los espías se preocuparon en filtrar su información a la prensa? Voy a buscar desarrollar el tema en mayor profundidad la semana entrante, pero la razón fundamental es que, en un gobierno corrupto, la mejor forma de lograr un efecto para quienes encargan el espionaje industrial es mediante el escándalo medido. Es la teoría de la explosión controlada, como se puso en práctica varias veces durante el gobierno de Toledo. Pero aquí la explosión resultó desbocada y aunque el efecto fue mucho mayor del deseado, según parece, los espías y sus clientes perdieron el control.

Un ambiente generalizado de codicia y avidez, en medio del crecimiento económico acompañado por mucha corrupción, provocó el crecimiento desmesurado del espionaje industrial, cuyas bases operativas venían del fujimorato. Para competir había que espiar. Tratándose de grupos de negocios y de presión relativamente pequeños, el proceso (como, espero, veremos la próxima semana) fue por momentos no solo promiscuo sino virtualmente incestuoso.

Así como la virtud emerge a veces del pecado, el desboque del chuponeo puede ayudar a limpiar en algo la corrupción y, sobre todo, a conocerla mucho mejor. Los vladivideos fueron una incomparable lección sobre el proceso de toma de decisiones políticas en la dictadura. De la misma manera, los petroaudios documentarán cómo se llevaron a cabo muy importantes transacciones en una economía en crecimiento, cuando la Historia se convierte en atestado.

 


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