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Edición 2061

15/Ene/2009
 
 
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Análisis de Intrigas

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Hay operaciones y hay confusiones. Clausewitz hablaba de la niebla de las batallas y por más que la mañana estuvo soleada, las detenciones del jueves 8 sembraron la confusión que solo logra la sorpresa sin fisuras. Ese día, seis equipos de la Dirandro, con un fiscal cada uno, capturaron a personas cuya identidad la mayor parte de los policías solo conoció unos minutos antes del arresto.

Los intervenidos estuvieron inicialmente muy tranquilos: no tenían nada que temer de la policía antidrogas. Solo cuando les notificaron su detención por el delito de chuponeo, se les vino la noche. Todos los detenidos eran especialistas en las diversas artesanías del espionaje, pero fueron totalmente sorprendidos por los policías de la Dirandro. No fueron los únicos.

Ni el director general de la PNP, Mauro Remicio, ni el ministro del Interior, Remigio Hernani, tenían la más mínima idea de lo que acababa de suceder. Quizá por eso, el jefe de la Dirandro, general PNP Miguel Hidalgo, aguardó noticias sobre los resultados de la operación en la rampa del Ministerio del Interior, para poder notificarle de inmediato a Remicio y no correr el riesgo de que éste se enterara por otra vía.

Remicio, que es una buena persona, y además hincha de Alianza Lima, no lo tomó a mal. Pero ese no fue el caso con el ministro del Interior. Sumariamente convocado a su oficina, Hidalgo fue recibido con una mirada que hacía innecesario el aire acondicionado.

¿Por qué diablos, reclamó Hernani al jefe de la Dirandro, se había atrevido a hacer una operación de esa envergadura y consecuencias, sin informarle ni siquiera sobre la existencia de un plan?

Hidalgo ya tenía una respuesta preparada: la Fiscal de la Nación había reclamado la participación de la Dirandro en ese operativo bajo órdenes estrictas de reserva total. La ley lo obligaba a obedecer, dijo Hidalgo a Hernani, quien quedó profundamente descontento, pero sin mayor campo de maniobra.

Las detenciones del ahora ex contralmirante Elías Ponce Feijóo, del capitán de navío (r) Carlos Alberto Tomasio, junto con varios subalternos de la Marina, dos de ellos en servicio activo en contrainteligencia; y la de Giselle Giannotti, marcaron el inicio remecedor de un segundo tiempo en el escándalo de los petroaudios en el que la oleada de destapes pasó de los chuponeados a los chuponeadores.

Junto con la crónica de eventos en esta edición, intentemos hacer un análisis provisional, sin orden específico, de la singular secuencia de eventos y del complejo juego de fuerzas involucradas en este caso. Veamos.

¿Por qué intervino la Dirandro en la operación? Primero, porque para el presidente Alan García, era prioritario tener éxito en una investigación respecto de un tema en el que, como veremos, se sentía amenazado. Y porque, luego de varias semanas de reventado el escándalo, García sentía que no podía confiar en ningún servicio de inteligencia (por incompetencia o, en algunos casos, por complicidad) ni en el resto de la Policía. Es por eso, todo indica, que pensó en la Dirandro, a la que en ocasiones anteriores había felicitado por sus éxitos en la investigación de casos complejos de crimen organizado. García se lo habría hecho saber a la Fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, quien estuvo de acuerdo y solicitó la participación operativa de la Dirandro.

¿Por qué la Dirandro no informó sobre la operación al ministro Hernani o al director general de la PNP, Mauro Remicio? Por varias razones. En primer lugar porque Hernani no solo no estima a Hidalgo sino que intentó reemplazarlo en el mando de la Dirandro a fines de año. De hecho, tanto él como Remicio habían dispuesto ya el nombramiento del general Basilio Meza como nuevo jefe de la Dirandro. Fue entonces que le llegó la orden del presidente García de no mover a Hidalgo de su puesto. A Hernani le quedaba acatar o renunciar. Decidió acatar. Eso no quiere decir que haya quedado contento ni conforme, sobre todo si se tiene en cuenta que el ministro posee una elefantiásica memoria de agravios.

Otra posible razón es que, de acuerdo con diversas fuentes, tanto Remigio Hernani como Elías Ponce Feijóo trabajaron juntos como agregados policial y naval respectivamente en la embajada peruana en Chile hace varios años.

Una razón más es la cercanía que, a lo largo de su carrera en inteligencia de la Marina, tuvo Ponce Feijóo con la Policía. Hijo de un oficial de la ex PIP, criollo de La Victoria, “el chito” Ponce Feijóo tenía, en palabras del analista Fernando Yovera, “más esquinas que un dado de Las Vegas”. De hecho, desde comienzos de los 90, Ponce Feijóo, entonces en actividad, fue el enlace de inteligencia naval con la Dircote. Luego, a través de Ibárcena, establecería una relación estrecha con Montesinos, que incluiría su responsabilidad en la desaparición de dos estudiantes de la Universidad Técnica del Callao.

El otro oficial capturado, Carlos Alberto Tomasio, perteneció también al entorno más cercano de Ibárcena Amico y, en consecuencia, de Montesinos.

¿Qué llevó a García a insistir en la investigación de los chuponeadores? Porque, ya se ha dicho pero hay que enfatizarlo, García sintió que el objetivo final de la operación de chuponeo era derrocarlo mediante la declaración de vacancia de la presidencia. En este caso, él percibió que la ofensiva no venía por la izquierda sino por la derecha, en especial de la que había estado más cercana a él. Su respuesta tuvo dos etapas. La primera fue de limitar los daños, y sorprender con una respuesta política inesperada, cuyo rostro es el de Yehude Simon. La segunda, una vez estabilizado el escenario, fue la contraofensiva en contra de los chuponeadores y, es de pensar, de quienes los contrataron.

Las investigaciones arrojan hasta ahora una serie de resultados curiosos y hasta paradójicos. Por ejemplo:

- Tan cerca y tan lejos.- Giselle Giannotti es cualquier cosa menos una persona desconocida en este gobierno. A través de la CONFIEP hizo una serie de charlas (en clubes empresariales, en la casa de Ántero Flores Aráoz, en el Comando Conjunto y en Palacio de Gobierno, en la presidencia de García), sobre las supuestas amenazas del chavismo, las Casas de Alba. En determinado momento, alertó sobre un presunto ataque al Palacio, que provocó una movilización de tropas para protegerlo. Además, en lo que resulta, en perspectiva, muy irónico, cuando El Comercio buscó verificar la autenticidad de los petroaudios y el resto de material chuponeado, acudió a ella para la verificación su autenticidad. Para rubricar esa ironía, resulta que hasta Business Track se ofreció a hacerle el peritaje a El Comercio sobre ese material.

- ¿Cómo pudo llegar? Giannotti, ex alumna del Villa María, hija y hermana de marinos, ex pareja de otro oficial retirado de la Marina (Wilson Gómez-Barrios, alto ejecutivo de una empresa de seguridad y muy vinculado con la CONFIEP), desarrolló una capacidad de análisis informático y de inteligencia que le dio un acceso resonante. No todas las personas que la conocen se explican, sin embargo, su cercanía con Ponce Feijóo, Tomasio y el resto de los chuponeadores. Pero el hecho es que, según fuentes policiales, su caja fuerte rebosaba de información chuponeada, incluyendo una caja con información puramente militar. Uno de sus argumentos de defensa ha sido que el material chuponeado es el que le dio El Comercio para verificar. Pero todo indica que lo del diario es apenas una pequeña fracción de lo encontrado.

Entonces, en este escenario florentino de conspiraciones, algunas imaginarias y otras reales, que enfrenta, en medio de intrigas y sospechas, a sectores cercanos entre sí del Gobierno y las empresas, la investigación que, con evidente energía y eficiencia, dirige la Fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, debe continuar hasta su conclusión lógica, que es no solo terminar de descubrir y denunciar a los chuponeadores, sino también investigar la corrupción que el chuponeo haya revelado.

 


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