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15/Ene/2009
 
 
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Pérdidas (1920–2009)

Fernando Cabieses Molina

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Su libro “Dioses y Enfermedades” mereció el Premio Bienal Hipólito Unanue en 1984.

Se nos fue Cabieses, nada menos que hoy. Nos hicimos amigos cuando fuimos estudiantes de medicina, en la década de 1940. Él era alumno del sexto año, allá por 1942. Yo no era sino un cachimbo que comenzaba a dar mis primeros pasos en ese fascinante problema de ejercer la medicina en un fascinante país como nuestro Perú. Vivimos la vida con alegría y con el disgusto de la incomprensión. En cierto modo, con la diferencia de edad, vivimos vidas paralelas.

El que soba sube: ¿sabe?; así definió, en unas festivas letrillas, a un consagrado y admirado maestro. Estas eran esperadas por todo el mundo en el almuerzo de la promoción de Fernando. Me acuerdo algunas porque ese año, fueron publicadas en periódico que yo fundé, con el denominativo de Termómetro. Me acuerdo de un profesor que era la imagen de la vejez, que fue definido: Hueso, pellejo y mandil. De otro que fue identificado con facilidad, dijo: Tan elegante y atildado, por costumbre o manía. El festivo diario tuvo que desaparecer.

Fernando Cabieses pertenece a una especie de médicos y cirujanos en extinción. Fue de aquellos que al salir al extranjero, para ampliar el horizonte de la carrera y la especialidad escogida y destacar, con brillo, nunca pensaron en quedarse fuera. Sino regresar para destacar en el medio que los formó. Cuántas veces, en trincheras diferentes, aun en el terreno político, supimos quedarnos, con terquedad, aquí.

Fue historiador de la medicina, con puntos de vista debatibles pero llenos de imaginación creativa. Conoció Machu Picchu como la palma de sus manos. Le sugirió al maestro Pedro Weiss que la mal llamada “fosita occipital”, en los cráneos peruanos, podría ser una cicatriz de una trepanación ritual, de algunos pueblos de México y Perú.

El dolor que causa su partida obnubila los recuerdos y la valoración de su obra de maestro y creador. Fue cirujano del sistema nervioso, arqueólogo, historiador y un humanista. Desde lo más recóndito de nuestra alma CARETAS y yo le rendimos este homenaje. (Uriel García)

 


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