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Teatro Criolla Eva Ayllón conquistó el Carnegie Hall de Nueva York.

Eva y la Manzana

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Tondero, landó, huayno, marinera y boleros en la voz de la Ayllón, retumbaron en el teatro de midtown.

A las 8:10 de la noche Eva salió al escenario principal del Carnegie Hall vestida de rojo y fue ovacionada de pie. El día anterior, a las cuatro de la tarde, la última de las 2,804 entradas había sido vendida y minutos antes del show todavía había personas que se arremolinaban en la taquilla preguntando por entradas pero recibían la misma respuesta: “sold out”.

En la tarde del 8 de noviembre el cielo de Manhattan parecía que se iba a deshacer de tanta lluvia pero Eva Ayllón no tuvo reparos en aceptar la propuesta del fotógrafo de CARETAS que quería retratarla frente a la puerta del Carnegie Hall, entre la calle 57 y la 7ma avenida, cantando bajo la lluvia como Gene Kelly.

Eva sabía que su presentación en uno de los escenarios más importantes –y difíciles– del mundo musical no solo era un momento histórico para su carrera sino también para la música peruana. Solo Yma Súmac, hace más de cincuenta años, y Juan Diego Flórez habían pisado ese escenario.

“No quiero pensar que estoy aquí para que no me embargue el pánico, soy una mujer muy nerviosa, tiemblo las primeras tres canciones. Juan Morillo y Javier Neciosup, mis managers, han peleado esta plaza por dos años. Es una plaza difícil y la cuidan mucho. No te dejan fotografiar ni filmar. Esto solo va a vivir en mi mente, pero voy a hacer una travesura, veré cómo hago que alguien grabe”, dijo a CARETAS.

Pero Eva Ayllón no necesitó hacer ninguna travesura. Durante las dos horas del concierto pequeñas cámaras de foto y video se levantaban por sobre las cabezas de los asistentes pese a los cuatro miembros de seguridad del Carnegie que comenzaron a decomisar los benditos aparatos.

Y es que el Carnegie Hall cobra US$ 30 mil si se quiere grabar un video oficial y otros US$ 5 mil para fotografías. Es por eso que durante el ensayo general antes del show un miembro de la gerencia del teatro persiguió al equipo de CARETAS vigilando que no se fotografiara desde el escenario y el back stage. Solo permitían fotografiar en el camarín de la cantante y de los músicos.

Es ahí, en el “Maestro Suite”, donde Eva Ayllón concedió una entrevista a CARETAS dos horas antes de su presentación.

En ese camarín de dos habitaciones, baño privado y un espectacular piano de cola Steinway & Sons, se han acicalado leyendas como Edith Piaf, Enrico Caruso, María Callas, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Dizzy Gillespie, John Coltrane, Frank Sinatra, los Beatles, entre otros.

Y ahí, bajo la atenta mirada de los maestros Leonard Bernstein, George Szell, Charles Munch y Fritz Reiner, Eva se preparaba para el ensayo general.

–¿Cuando iniciaba su carrera, se imaginaba cantando en plaza llena en el Carnegie Hall?
–Para empezar no me imaginaba estar parada en el teatro Segura, en el teatro Municipal. No me imaginaba llenar dos veces el coliseo Dibós, menos llevar 28 mil personas al estadio de San Marcos. Jamás me imaginé lograr todo eso. Esto ha sido muy difícil y lo he logrado después de 38 años, una vida entera llena de sacrificios, dolores, de malos ratos. Todo eso se repone cuando salgo al escenario y la gente me aplaude.

–¿Ha sido discriminada por su color?
–Al comienzo, cuando era muy pequeñita. Yo he visto muchos desprecios, muchas miradas sobre el hombro, pero eso lo superé con el trabajo. Tu puedes tener el color que Dios te haya dado, pero cuando tu trabajo es bueno y la gente te sigue, el resto no importa. Soy una negra famosa y querida, que es lo mejor.

–¿Y que le parece que ahora Estados Unidos tenga un presidente negro?
–Yo soy apolítica. Yo pienso que la música no puede estar acompañada de esas cosas. No sé si su elección cambiará la historia, pero sabes, me da mucho placer que mi pelo ensortijado, esta noche, se menee en este escenario.

A las 4:45 Eva ingresó al escenario para el ensayo general. Vestía una bata tipo japonesa y unas medias fucsias. Tocó el escenario, se persignó y frente al micrófono y las butacas vacías, empezó a llorar. Pronto sus hijos, Carlos y Francisco, se acercaron para besarla y darle ánimos. Esa noche tocarían con ella. Rosa, su hermana y corista, también la confortó.

Minutos antes sus músicos habían estado ensayando las canciones en el mismo escenario donde María Callas dio su concierto de despedida en 1974. El pianista, mientras esperaba a Eva, tocó algunas notas de la famosa cortina musical de Trampolín a la Fama.

Luego de ensayar la canción Raíces, donde Francisco presentaría un número dirigido por él (un grupo de tamborileros de la banda de la secundaria John F. Kennedy de Patterson, New Jersey), Eva volvió a su camarín.

De su maleta sacó un escapulario del Señor de los Milagros y la Virgen de la Nube, una imagen de la Virgen de Guadalupe y una cruz hecha por ella con cera que recogió de las velas encendidas en honor al Señor de Motupe. “Esto me acompaña siempre”, dijo.

Eva salió al ruedo y logró repetidas ovaciones. El público era variado, peruanos, norteamericanos, afroamericanos, europeos, todos coreaban su nombre y los que no estaban muy familiarizados con su música salieron enamorados de ella, incluyendo Clive Gillinson, Director Ejecutivo y Artístico del Carnegie Hall desde el 2005. Él, que no suele acudir a los conciertos, le dijo al manager de Eva, Javier Neciosup, que el show le había parecido mágico.

Tondero, landó, vals, huayno, marinera norteña y hasta el famoso Adoro de Armando Manzanero formaron parte del repertorio. Una pareja de bailarines la acompañaron un par de canciones y arrancaron más aplausos.

Al final del concierto Eva tuvo que salir dos veces al escenario ante un público que la aplaudía de pie. Luego, una fila de fans se extendía frente a su camerino esperando una foto autografiada. Eva estaba exhausta. En esa semana había cantado en Miami, Boston (donde fue homenajeada en la Universidad de Berklee), y el domingo 9 partiría a Chicago para presentarse en el House of Blues.

“No paro porque me gusta mucho el escenario, es el amor de mi vida. Cada vez que lo piso es como encontrarme con un ser amado. Eso es lo que me da la vitalidad para seguir adelante”. (Escribe: Patricia Caycho Desde Nueva Cork Fotos: Javier Zapata)

 


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