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23/Oct/2008
 
 
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El Hacedor

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Rubens según Ramiro Pareja. Hasta el 25 en La Galería.

Cada muestra de Ramiro Pareja es un estímulo para la visión, porque en cada una de ellas el artista asume un riesgo formal para presentar conceptos interrelacionados entre sí bajo formas de hacer distintas, de tal manera que se plantea una continuidad en el pensamiento mientras las figuras van adquiriendo nuevas fisonomías, diferenciándose de todo aspecto anterior. Como en otras exposiciones el catálogo tiene un texto que sustenta muy bien la posición de un pintor que hurga en el pasado para obtener como resultado una obra inconfundiblemente propia, que amalgama diversos periodos de la historia del arte con las formas de las vanguardias del siglo XX, particularmente Warhol en “painting by numbers”, cuyos planos el artista trabaja para luego terminar definiendo los cuerpos a través de las líneas.

Todo aparenta una especie de ritual en el cual la información es proporcionada al espectador en clave distinta de los originales. Así, de manera alucinatoria, Pareja reúne en un mismo espacio a Rubens, Tiziano y Velázquez, Van Dyck, Giorgione y Caravaggio. Si bien las imágenes de Rubens son las que se prestan mejor a la concreción de la propuesta, se debe a que, como el caso de Velázquez, las líneas se encargan de perfilar las siluetas y demarcar a los personajes, mientras que con los restantes, al prescindir de este soporte lineal todo se vuelve más ambiguo y por lo tanto más rico, como ocurre con la Bacanal de Tiziano, por ejemplo, o esa obra maestra que es “Baco y Ariadna”.

De particular interés resulta el homenaje a Juan Gris, en tres cuadros formidables, en los que la pintura plana permite una visión más radical del cubismo y a la vez lo mantiene fiel al original. Es por eso que en estas obras –que tienen la apariencia de ser las de menor reconstrucción– es donde se plantea una revisión más profunda del arte, porque ya no se trata de una cita o una apropiación pintada de manera distinta, sino que estas piezas se aprecian como una síntesis del cubismo sintético, permitiendo avizorar algunas variantes de lo que hubiera podido pasar si el cubismo hubiera tenido continuidad hasta nuestros días.

En realidad la muestra, según Pareja, es un pretexto para invitar a hacer una nueva lectura creativa sobre algunas imágenes del pasado y muy conocidas pero que con la deconstrucción y adición de otros fragmentos nos sitúan frente a una nueva realidad, con sus propias leyes, para de esa manera encontrarnos ante una nueva experiencia, que no es otra cosa que una imagen actual del mundo que nos ha tocado vivir y hacer.

Ramiro Pareja explica acertadamente lo que exhibe pero creo que se vuelve impostergable hacer una antológica del artista, para poder reunir en un solo espacio las endiabladas variaciones sobre un mismo tema que Pareja ha sido capaz de hacer en cada exposición. Y sería un acierto de gran alcance didáctico, porque toda su obra resulta tan compleja, tan cargada de referentes, que nos demandan un conocimiento previo del arte. Estoy convencido que una revisión de toda esta obra nos permitirá apreciar la titánica tarea realizada a lo largo de su trayectoria por uno de los pintores más destacados del Perú.

Paladino / Salazar

Gracias al Instituto Italiano de Cultura, la Miró Quesada presenta la obra gráfica de Mimmo Paladino, uno de los artistas que marcaron época en los 80, cuando Achille Bonito Oliva se encargó de definir la transvanguardia marcando un retorno a la pintura y el uso de una imaginería en la que reunía imágenes de distintas procedencias y tiempos históricos, creando una simbología de cráneos, cuerpos e iconos religiosos que fueron de interés en esos tiempos que marcaron los fines de la vanguardia.

Esta muestra debió exhibirse por lo menos una década atrás, porque la obra de Paladino luce decrépita por ser producto de un momento y un concepto filosófico que amerita su análisis en un contexto más amplio que el de una galería. Por esto resulta indispensable que el Instituto Italiano de Cultura, organizador de esta actividad, coordine charlas en torno a esos años cruciales a fin de lograr una repercusión didáctica y que los estudiantes puedan ubicar un tiempo tan cercano y a la vez tan ajeno.

Quizás Paladino, por razones de formato e interés, debió exhibirse en el CC Ricardo Palma y la de Juan Javier Salazar pasar a la Miró Quesada, porque a pesar de que algunas obras han sido vistas, todas tienen una fuerza y un impacto que justifica el merecido prestigio de uno de nuestros pocos artistas de culto.

 


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