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Gloria María Solari: “Sigo Siendo Fiel a mi Niña Interior”

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Desde hace más de veinte años trabaja con niños. “Me gusta encontrar en ellos a la persona que está dentro”, dice Gloria María.


Gloria María, la menor del recordado clan Solari, ha dedicado gran parte de su vida a llevar alegría a los más pequeños. “Mundo de Todos”, su nuevo musical, se estrena el diez de octubre en el Teatro Segura. El canto, el baile y la actuación nunca le fueron ajenos, muy por el contrario, se dieron como parte natural de su formación artística. Hoy, a sus 38 años, es una mujer que enfrenta los desafíos de la vida sin perder su espíritu de niña.

–Llevas el arte en las venas, ¿no es cierto?
–Mira, fue un proceso natural, en el sentido que yo me nutría y respiraba el espectáculo. Cuando tenía cinco años, la familia Solari estaba en su época de oro y fue inevitable que me enamorara del arte.

–Eras la más pequeña de los Solari.
–Claro, era la quinta rueda del coche (risas). Mis hermanos me llevaban muchos años y yo tenía que perseguirlos para ir a su ritmo y adaptarme a las circunstancias. Pero en ese proceso me fui enriqueciendo.

–¿Cómo eras de niña?
–Siempre me he sentido fuera de lugar. Combinar este mundo loquísimo del espectáculo con las clases del colegio Santa Úrsula fue traumático.

–¿Te gustaba el colegio?
–No, odiaba el colegio. No me podía adaptar al sistema. Era casi una desadaptada (risas).

–¿Tan mala alumna eras?
–Olvídate, era la peor de la clase, repetía años. En suma, era un desastre como estudiante.

–Por lo menos te gustaría el recreo ¿no?
–Ni siquiera el recreo. Todo este sistema educativo represivo, que por desgracia perdura aún en muchos colegios, me deprimió. Casi no tenía amigas. Por eso decidí poner a mi hijo en Los Reyes Rojos.

–Y en casa, ¿cómo fue tu infancia?
–En mi casa siempre había mucha gente haciendo mil cosas. Mi familia vivía entre ensayos, libretos y partituras. Cuando me sentía agobiada, me trepaba a los árboles y allí me sentía libre, nadie me decía nada. Así aprendí a gozar de mis fantasías.

–¿Fue difícil para ti ser hija de Piero y Gloria Solari?
–Fue difícil en el sentido de que yo era como una espectadora de todo lo que sucedía con mis papás. De alguna manera eso te lleva a la soledad, y terminé sintiéndome una marciana. No es que me sintiera más que los demás, al contrario, a veces creo que me sentía menos. Fue complicado, sin duda.

–¿Tuviste una vida cómoda económicamente?
–La gente debe pensar que sí, pero no. A veces había plata y a veces no; y cuando había, nos la gastábamos montando otro espectáculo. Jamás fuimos a Miami de viaje ni salimos a comprar ropa como lo hacían otras familias de mi entorno.

–¿Qué han aportado todas estas experiencias a tu vida?
–Todas estas experiencias me han enriquecido mucho y alimentaron mi mundo interior. Ahora las vuelco en la enseñanza a mis alumnos. Eso me fascina.

–¿Qué recuerdos guardas de tu papá?
–Yo recuerdo a mi papá con los brazos abiertos, cantando siempre con una sonrisa. Lo admiro porque vivió experiencias terribles durante la Segunda Guerra Mundial. Pasó varios inviernos en una celda minúscula y estuvo a punto de morir, pero el canto lo salvó.

–La gente lo quería mucho...
–Siempre he pensado que su canto era una alabanza a la vida, a la familia y a los peruanos de toda condición social. Él cantaba con el mismo amor y respeto para sus amigos de la colonia italiana, que de repente era gente con mucho dinero, como para la familia más pobre del Perú.

–¿Cómo era su carácter?
–Era un hombre profundo, muy tierno. Era simple, pero a la vez muy sabio. Sus palabras encerraban un mensaje. Era súper cariñoso y temperamental a la vez, como buen italiano.

–¿Tú también eres temperamental?
–Yo soy una loca con el corazón a flor de piel (risas). Si me peleo contigo, después de un rato lloro y te pido perdón.

–¿Cómo evalúas tu paso por la televisión?
–Empecé con “Yan Kem Po” en canal 4, junto con Carlos Alcántara y Johana San Miguel. Fue un proyecto muy rico y creativo, pero lamentablemente no pudimos competir con “Nubeluz”. Después hice “El Mundo de Gloria María” en canal 7, pero tuve muchas trabas, sentí que no me trataron bien. Por eso decidí no volver a la televisión.

–¿Tanto así?
–Sí, la televisión peruana de ahora no me gusta, es un reflejo de lo polarizada que está nuestra sociedad. Ahora estoy más interesada en la producción. Uno debe saber qué lugar debe ocupar en los distintos momentos de su vida, y creo que mi momento ahora es entregar a los demás mis experiencias, escribir, componer, hacer montajes.

–¿Volverías a actuar en una novela?
–No, actué en una novela que se llamó “Éxtasis” y lo hice pésimo. Yo no soy actriz dramática. Hay que saber en qué genero te mueves. Mi fuerte no es ni el teatro dramático ni la telenovela. Lo mío es la comedia musical, es lo que aprendí, lo que respiré.

–¿Y la música?
–He crecido ligada a la música. Siempre tuve el bichito del canto. Tuve una banda de rock que se llamaba Tanga, pero era una propuesta muy opuesta a mi trabajo con los niños.

–Tu trabajo definitivamente está con los niños.
–Sí, tengo veinte años haciendo este trabajo y lo amo. No quiero tirarlos por la borda para empezar a explorar nuevos caminos. Me encantaría trabajar como productora musical de nuevos talentos, darles mis temas y promover sus discos.

–¿Has abandonado por completo tu trabajo como animadora infantil?
–No, lo sigo haciendo, pero en estos momentos estoy más dedicada a mi asociación cultural Escena Perú, donde dictamos talleres y educamos a los niños a través del arte; el teatro, la música, el canto, el baile y la actuación.

–¿Tienes paciencia con los niños?
–Soy natural. Quienes dicen que tienen paciencia y que les gustan todos los niños, están mintiendo. A mí me gusta el ser humano y me gusta encontrar en los niños a la persona que está dentro.

–¿Y cómo está Franjo, tu hijo de trece años?
–Es un chico maravilloso, poseedor de un talento musical envidiable. Yo converso con él todos los días, lo escucho. Nunca me pierdo de llevarlo al colegio, de estar al tanto de lo que piensa y siente. Somos amigos y le he enseñado a tener una visión crítica de la vida, a ser consciente de sí mismo y estar en contacto con su interior.

–¿Sientes que has crecido?
–Hay gente que piensa que crecer es envejecer y olvidarse de cuando uno era niño. Para mí crecer es madurar a través de las experiencias, pero manteniendo frescos los recuerdos de la infancia y adolescencia.

–Una mujer con alma de niña, como tú, ¿puede ser independiente?
–Siempre fui muy independiente. Salí de mi casa cuando tenía dieciocho años y después me casé con el enamorado de toda mi vida, que me llevaba trece años. Claro que al año me separé.

–¿Eres de las mujeres que necesita tener un hombre al lado?
–No. Soy una mamá soltera que saco adelante mi casa, mi hijo y mi vida. Lo que me gustaría es encontrar a un hombre libre como yo, que me deje ser, que me tome del brazo y me diga: tranquila, no te saques tanto la mugre (risas).

–¿Te sientes niña todavía?
–Yo siento que soy feliz porque soy fiel a mi niña interior, a mi esencia, a lo que Gloria María quería de niña.

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