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Mientras Magaly sigue tratando de ampayar a los famosos, Bayly asegura que ser escritor le da derecho a revelar secretos ajenos.

El Derecho De Callar

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¿A quién se le ocurrió aquello de que los personajes públicos no tienen derecho a la privacidad? ¿Cuándo comenzamos a creernos ese cuento que dice que “ese el precio de la fama”? ¿Quién puso ese precio? ¿Cuándo? ¿Con qué autoridad?

¿Y de dónde sale esa descabellada teoría que el domingo lanzó Jaime Bayly, que asegura que un escritor tiene derecho a hablar de la intimidad de todas las personas que han pasado por su vida y revelar sus más recónditos secretos?

Nuestra Constitución señala claramente en el artículo 2, inciso 7 que: “Toda persona tiene derecho al honor y a la buena reputación, a la intimidad personal y familiar. Igualmente el Código Civil en su artículo 14º reconoce el derecho a la intimidad de la vida personal y familiar; y, finalmente, el Código Penal de 1991 tipifica algunas conductas que afectan la vida privada de las personas como delitos, con lo cual se protege la intimidad de las personas.

En ningún parte, alguna de estas leyes hace diferencia entre una persona famosa y una que no lo es, o entre alguien que forma parte del entorno de un escritor y alguien que no. En ninguna parte dice que una grabadora, un micrófono, una cámara de televisión (o para ir más a tono con la época, un celular con cámara de fotos o de video), nos da patente de corso para infringir estas normas establecidas. O que ser reconocido como alguien ligado a la literatura sea suficiente para hacerlo.

Existe una frase que se usa mucho para definir cuándo se produce una violación sexual: “cuando una mujer dice que no es NO”. Pues bien, cuando una persona famosa o no, esté donde esté, dice ante una cámara o una grabadora “no quiero declarar” significa eso: NO. Insistir, acosar, y utilizar trucos para provocar a “la víctima”, utilizar la fama de escritor para querer obligar a alguien a decir lo que no quiere decir, es violar su privacidad.

Y es curioso que Bayly, quien guardó en secreto durante mucho tiempo su bisexualidad y que reaccionaba furioso cuando le hacían alusión a sus libros, diga ahora que desprecia profundamente a cualquier gay que no quiera salir del clóset. Él salió cuando le vino en gana, nadie lo obligó y si le parece que eso le resulta más cómodo y que lo hace más feliz, bien por él …pero hasta ahí nomás, ¿no?

Ni las justificaciones de Magaly Medina para hacer un “reglaje” a los famosos porque, según ella, “de eso viven”, ni las de Jaime Bayly para hablar de la intimidad de la gente que ha sido parte de su vida en algún momento no convencen a nadie. De eso viven ellos, no quienes los rodean. (Patricia Salinas)

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