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Investigación del Futuro

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Austin, Texas.- El otoño ya llega al hemisferio norte, mas el sol quema fuerte en Texas. El huracán Ike ha devastado Galveston, pero Austin queda indemne. Y ahí, en el Centro Knight de la universidad de Texas en Austin, un grupo de veteranos en el oficio discutimos sobre el futuro del periodismo de investigación en América Latina.

Muchos de quienes estamos ahí nos conocemos desde la década del 80. Donde antaño hubo cabelleras se podría, en varios casos, estudiar visualmente la frenología. Con el tiempo, varios se han convertido en periodistas no solo de peso sino de sobrepeso. Pero todos, sin excepción, están activos. Alguno enseña y entrena. Otros pocos se dedican al metaperiodismo; pero la mayoría –incluso los que enseñan y ejercen actividades gremiales– investiga, publica, obtiene resultados. Y además busca qué hacer para evitar la decadencia del periodismo, la entropía de la investigación, la esclerosis de la democracia.

Ese es el propósito de la reunión. Nos han convocado conjuntamente la Fundación Knight y el Open Society Institute para pasar revista, identificar los principales problemas y sugerir soluciones o alternativas. La gran mayoría somos latinoamericanos, pero han llegado también algunos europeos y varios estadounidenses.

Rosental Calmon Alves, el catedrático Knight de periodismo en Austin, es nuestro anfitrión. En el pasado, Rosental fue un famoso corresponsal de la prensa brasileña. Ahora se dedica, según dice, a evangelizar a sus colegas sobre los cambios seísmicos en la profesión.

“No estamos en un proceso de evolución sino de revolución”, predica Rosental. “Es el cambio más profundo del periodismo en la Historia... los vencedores de hoy no son necesariamente los vencedores de mañana”.

“Las empresas que antes hacían periodismo de investigación”, continúa Rosental, “ahora lo están matando… (en Estados Unidos) estamos en medio de una cantidad impresionante de despidos de periodistas (…) y lo más importante (como es el caso con los más exitosos blogs políticos) sucede fuera de los periódicos… por eso, en América Latina hay que innovar para que el periodismo sobreviva… se necesita un heroísmo sostenible”.

Como parte de ese esfuerzo, la Knight ha ofrecido premios y becas por 5 millones de dólares en 2009, a aquellos proyectos que apliquen las nuevas tecnologías informativas para mejorar la información y la participación ciudadana en sus comunidades. (www.newschallenge.org).

La evangelización de Rosental se dio casi al terminar dos días y medio de discusiones. Anteriormente, se revisó el estado global y la calidad del periodismo de investigación en América Latina. A mí me tocó estar en un panel que examinó este último aspecto.

En un primer examen, los datos no sostienen las interpretaciones catastrofistas respecto del periodismo de investigación. En la compilación y organización, hecha por IPYS, de cientos de investigaciones periodísticas que han competido por el premio latinoamericano IPYS/TILAC, saltó a la vista lo siguiente:

- Entre el 2002 y el 2007, Brasil tuvo 17 notas finalistas o ganadoras, el 21% del total;

- En segundo lugar estuvo Argentina, que logró 15 notas finalistas o ganadoras: el 18.5% del total;

- El tercer país fue Colombia: 11 notas o 13.6% del total.

- Una parte importante de los trabajos finalistas brasileños, argentinos y colombianos, provino de la gran prensa nacional: de estaciones como TV Globo, el Correio Braziliense, la revista Veja, en el caso de Brasil; de Clarín y Telenoche investiga, en el de Argentina; y la revista Semana y El Espectador en Colombia.

- Pese al predominio general de estas naciones, el primer premio fue concedido en varias ocasiones a investigaciones efectuadas por periodistas de países pequeños. Ese fue el caso del primer premio ganado por Jorge Loásiga, de La Prensa de Nicaragua; el de El Comercio del Ecuador o La Nación, de Costa Rica. Los tres son los periódicos principales de sus países, que lograron investigaciones de calidad excepcional.

De acuerdo con esos datos, se podría asumir que el periodismo tradicional goza de buena salud investigativa en Latinoamérica. Y eso es cierto en alguna medida. Periódicos como La Nación, de Costa Rica, o revistas como Semana, de Colombia, han mantenido la política de apoyar y sostener a sus unidades de investigación. Eso les ha permitido realizar investigaciones de largo aliento, que no solo requieren un trabajo continuado e intenso, sino el conocimiento fino y la memoria que solo se logra tras una larga cobertura.

Hay que decir que para un medio principal, la decisión de apoyar investigaciones de fondo requiere de un tipo especial de integridad y valentía por parte de sus dueños, porque al tener un fuerte avisaje, son sensibles a su fluctuación. Por eso, la mayoría de ese tipo de medios prefiere una cobertura inocua, con énfasis en lo menos controvertido y con un tipo de investigación centrado en quienes tienen menos capacidad de presión política o económica. Sin embargo, como ven, hay empresarios diferentes.

Y también empresas periodísticas diferentes, que buscan otras maneras de realizar el periodismo de investigación. Por lo general son organizaciones sin fines de lucro; es decir, ONGs de periodismo de investigación. Son relativamente recientes, pero han surgido con fuerza, sostenidas en muchos casos por periodistas de renombre, y su sola existencia indica las limitaciones de la prensa tradicional.

- En Chile, los destacados y veteranos periodistas Mónica González y John Dinges crearon el Centro de Investigación e Información Periodística, (CIPER), una ONG de periodismo de investigación (http://ciperchile.cl/) que luego de pocos meses de producción fue galardonada por la Fundación de Nuevo Periodismo;

- En El Salvador, el periodista Carlos Dada dirige El Faro (http://www.elfaro.net) , una publicación en internet que se define como “el primer periódico digital latinoamericano”, que logró crecer luego de un largo período de trabajo voluntario y gratuito por parte de sus periodistas.
- En Colombia, el prestigioso periodista Hollman Morris inició en 2003 el programa televisivo Contravía, (su web site es http://www.contravia.tv) que llevó el periodismo de investigación al ámbito de los derechos humanos, en la cobertura de la guerra interna y la lucha contra las drogas. Morris realizó reportajes de gran arrojo, y llegó donde otros periodistas no lo han hecho, para darles voz y rostro a quienes no lo tienen.

¿Cuáles son los principales problemas del periodismo de investigación sin fines de lucro? Los fondos para operar, obviamente, su precariedad. Uno de los objetivos del encuentro fue ver posibilidades alternativas de sostenimiento. Los ejemplos estadounidenses fueron examinados. Josh Harkinson, de la revista Mother Jones (circulación: 276 mil ejemplares) reseñó el éxito de una revista que, al igual que otras publicaciones prestigiosas (The Nation, The New Republic), depende en gran parte de las donaciones del público, como también es el caso de NPR, la radio pública nacional.

Chuck Lewis, el notable periodista estadounidense, reseñó la historia del Center for Public Integrity, que él fundó, y que se manejó luego con un presupuesto anual de 3 millones y medio de dólares, ganó repetidamente los premios más prestigiosos de periodismo, y creó el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación. Lewis, autor de un estudio sobre el periodismo sin fines de lucro, describió otros centros del mismo tipo, como ProPublica, una sala de redacción sin fines de lucro, dedicada a la investigación periodística, con un presupuesto de 10 millones de dólares.

¿Es ese el futuro del periodismo de investigación? Creo que más bien es un refugio y una alternativa, mientras termina una era y se afirma la otra, la del periodismo digital autosostenible. En ella, con su variedad, versatilidad e independencia, el periodismo de investigación encontrará su medio natural.

 


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