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La modelo debuta como actriz en la serie de TV ‘La Fuerza Fénix’.

Cati Caballero: De Armas Tomar

4 imágenes disponibles FOTOS 

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La agente Úrsula Ortega impone el orden en las calles y trata de resolver la misteriosa muerte de una colega. Belleza y carácter que atraen.



Empezó su carrera de modelo a los catorce años. Catherine Caballero, llamada Cati de cariño desde niña, tiene ahora veintisiete años y ha participado en innumerables comerciales y anuncios publicitarios. Nunca dio el salto a los concursos de belleza. “No he tenido la oportunidad”, dice. Sin embargo, su carrera le ha traído satisfacciones. Como la más reciente, señala, al haber sido elegida este año imagen de la marca de tintes Garnier Nutrisse de L’Oreal. “Es un honor que una empresa internacional piense en ti”.

Además de modelo, es madre de familia, conductora de televisión y actriz. Hace dos semanas debutó como una de las protagonistas de ‘La Fuerza Fénix’ (Frecuencia Latina). La serie retrata la agitada vida de las policías de tránsito, envueltas en el día a día urbano, lidiando con conductores insolentes, peatones despistados y delincuentes. Cada una vive además sus propios problemas personales. Su personaje, al parecer, no lleva una buena relación con su pareja.

En su primer día de emisión la serie obtuvo quince puntos de rating en el horario de las nueve, a 9.4 puntos de Magaly TV. Nada mal. Ella interpreta a Úrsula Ortega, una policía temperamental, impulsiva, que reacciona de manera violenta ante algunas situaciones, como cuando la piropean, por ejemplo. Quién hubiera pensado que Cati transformaría su dulce imagen. Tranquilos caballeros, en la vida real no es tan brava.

Es la primera vez que actúa. Las casas productoras, siempre atentas al surgimiento de nuevos talentos, se enteraron que había llevado talleres de teatro con los actores Leonardo Torres y Bruno Odar. Así que la convocaron.

Dos semanas antes de aparecer en pantallas, Cati y las otras tres protagonistas, Stephanie Orué, Kukuli Morante y Karina Jordán, tuvieron que familiarizarse con el uso de armas y el manejo de las motos. Los ensayos se hicieron ¡con las armas de reglamento! (sí, las pistolas Smith & Wesson, las Beretta 9 mm parabellum o los revólveres calibre 38) …pero sin balas. Unos instructores policiales les enseñaron cómo debían pararse o extender los brazos a la hora de sujetar, guardar o rastrillar el arma. Cualquier movimiento en falso podría dar un perfil equivocado de la actitud de las agentes. “Lo más difícil fue acostumbrarse a las motos de ensayo”, fabricadas especialmente por la marca Mavila, pues tienen un peso muerto de 250 kg. “Son demasiado pesadas”, dice. Sin embargo, las que se usan en la vida real, Harley-Davidson u Honda CVR 900, pesan el doble.

Los gestos, el modo de llevar el uniforme, y hasta el maquillaje de las actrices se ciñen a la imagen de la Policía Nacional. Durante la sesión fotográfica Cati no quiso soltarse el pelo cuando estaba uniformada, ni aumentar brillo a sus labios, o sombras a sus ojos. Es que la reputación de la institución está en juego. Tanto que dos efectivos mujeres resguardan en todo momento el traslado de los actores. Siguen sus pasos para verificar que cada movimiento durante la grabación se ciña a las pautas castrenses.

Convencer a la dirección nacional de la Policía para que apruebe el guión fue también todo un reto. La aprobación en los distintos estamentos se truncó a causa de los incidentes del “Moqueguazo”, el 16 de junio. Finalmente, la seguridad por parte de Imizu Producciones de que se respetaría los códigos de conducta dio pase libre a la miniserie.

Aún queda un mes de grabaciones, que por cierto, según Cati, son extenuantes. Se inician a las siete de la mañana y culminan a las siete de la noche y transcurren en locaciones ubicadas tan diametralmente distantes como San Borja y Barranco.

Madre de dos hijas, María Fernanda, de nueve, y María Alejandra, de cuatro, fruto de su matrimonio con el piloto civil Hugo Feldmuth, la actriz tiene al teléfono como el mejor aliado para monitorearlas. En la noche llega a casa y se dedica a supervisar tareas y acostarlas. Eso sí, los domingos se consagra íntegramente a la familia.

El trajín de las filmaciones ha puesto también a prueba la voluntad de Cati para organizar su régimen alimenticio. “Desde el año pasado he comido duro y parejo, el resultado: aumento de peso. Este es mi segundo día en que como a la hora, es mi prueba de fuego”, señaló mientras saboreaba un pollo a la brasa con papas fritas. “Solo he ido dos veces al gimnasio, la última hace año y medio”. Ser modelo y mamá no le permite ponerse en forma de otro modo. Una preocupación sin fundamento. Si tiene kilos demás, no se evidencian.

La serie recién empieza y Cati ya hace planes. Piensa retomar la carrera de administración de empresas que inició en la Universidad San Ignacio de Loyola, y que luego suspendió para dedicarse al modelaje. No extrañaría a nadie, pues ya ha demostrado que es capaz, como lo hace en su nuevo papel policíaco, de dar un viraje sorpresivo a su vida.

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